<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545</id><updated>2012-01-26T22:00:10.760-08:00</updated><title type='text'>Coyoacán Jane</title><subtitle type='html'>Al tú por tú contra el clip, el spot y la palabra abreviada.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>51</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-512687597780283356</id><published>2011-09-13T20:26:00.000-07:00</published><updated>2011-09-13T20:28:13.366-07:00</updated><title type='text'>Subirse al barco (Parte DOS)</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Los veintes nunca caen cuando se les llama, caen cuando tienen que caer. Más adelante, como jefe de animadores, solía poner mucho este ejemplo: en aquella colonia turbulenta y afónica del basurero, había un animador de experiencia, Manolo Ávila. En la actividad del club, donde supuestamente tienes que ir con tu equipo a buscar una “guarida” y decorarla, y hacer un banderín y una porra, el equipo de Manolo se dedicó a empujar un tronco que se encontraron. Las dos horas que duró la actividad, eso hicieron: empujar un tronco. Es muy probable que mientras esto ocurría, yo trataba de arrear a mis propios niños en vano para que hiciéramos la porra y fabricáramos el susodicho banderín. Manolo y sus niños se divirtieron como enanos. Los míos, no sé. Yo, seguramente no. Lo que aprendí en Colonias es que ahí, si hay un barco al que hay que treparse, es al de los niños. Son ellos quienes trazan la ruta y la dirección del viento; hay que entrar en su viaje, no imponerles el tuyo. Finalmente, son ellos quienes todavía saben jugar. Lo único que uno puede hacer, apertrechado con todas las técnicas y la estructura y la teoría, es esperar que puedan recordarte cómo se hace.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El término teatral &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;play&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; se refiere justamente a eso: para escribir una obra, para interpretarla, tienes que jugar. Tienes que creerte lo que está pasando como cuando eras niño y te creías, a pies juntillas, que un papel recortado pegado en un popote era una varita mágica, que un tronco era una muralla, que debajo de una cobija estabas en un barco. Cuando tenía dieciséis y diecisiete años estaba tratando, con desesperación, de insertarme en un mundo llamado adultez. Fantaseaba mucho, pero jugaba poco. El parteaguas vino cuando empecé a escribir ficción. Cuando escribes ficción se da un fenómeno indescriptible de juego, de traslado automático a una realidad alterna que realmente ves, escuchas y percibes. No sólo describes la cafetería, el bosque, la calle: estás ahí, viendo la acción, oyendo hablar a los personajes. Y los personajes &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;existen&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. De verdad. No es algo figurativo, ni metafórico. Es absolutamente cierto. En la última entrega de Harry Potter, Dumbledore le habla a Harry en el limbo de la muerte y le dice dos cosas que me pusieron la piel de gallina: “El que algo esté en tu mente no significa que no sea real”, y “la magia de las palabras es la más poderosa; con una palabra puedes crear mundos maravillosos o destruirlos”. Que me perdonen el actor, el director, el productor, y todos esos quehaceres admirables y titánicos: no hay nada como escribir. Nadie tiene la versión más completa, más profunda y más certera de una historia como quien la concibe y la traduce en palabras. Y lo más bonito de todo es eso: que se trata, simple y llanamente, de jugar. No sé si Colonias me ayudó a escribir o si la escritura me ayudó a jugar. Lo único que sé es que me volví mejor animadora, y mejor escritora, cuando se dio la magia de poder integrarlas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;La travesía de la teleserie que acabo de terminar me recordó mucho a Colonias. Había estado en muchos otros equipos de trabajo creativo pero casi siempre con amigos y conocidos, no con la sorpresa de qué “niños” que me irían a tocar, y nunca jugando tanto…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Hace unos días, terminado este maratón de ficción, snorquelée por primera vez. Suelo llegar tarde a las cosas, pero esto fue un límite rayando en lo grave. Lo hice en Mahahual, Quintana Roo; una población pequeñita que vive de los cruceros caribeños que ahí encallan. Tiene un extenso arrecife de coral donde rompen las olas, con lo cual son algo así como cien metros de agua clara de azules turquesas y límpidos hasta llegar a la orilla. Luego arena, luego un malecón. Por ahí un letrero reza en inglés: “Mahahual: a Little driking town with a diving problem”. En uno de estos changarros nos prestaron el equipo y una lancha. Mis antecedentes con el snorkel habían sido incipientes y penosos. Recuerdo que una vez fui con amigos a varios lugares de la ruta maya, y paramos en Cozumel, expresamente para snorquelear. Era 31 de diciembre y yo lo que quería era escribir en mi diario las reflexiones del año, no ver pececitos. En cuanto me quedé sola se puso a llover, la pluma se escurrió y yo terminé el año rumiando de frustración debajo de un techito. Otra vez en San Agustinillo no alcancé snorkel, así que me pasaron una máscara y un chaleco salvavidas y con eso estuve viendo corales y cosas, tomada de la mano del lanchero “biólogo marino” que nos acompañaba. Me sentí como niña del Teletón. En resumen, llegué a mis 35 tacos de edad convencida de que la exploración marina no era lo mío. No sé cómo decirlo… me gusta mucho el mar. Muchísimo. Pero en un plan más contemplativo. Eso de ponte la máscara y respira por el tubo y cálzate las aletas me daba como mucho pendiente (aunque hay niños de seis años que lo hacen). Pero la realidad es que lo único que necesitaba, como casi siempre en la vida, es alguien que te lleve, que te guíe y que te dé confianza para hacerlo. Que te suba al barco, pues. (En este caso, a la lancha). Andrés primero me dio las indicaciones básicas en el agüita hasta la cintura: cómo echarle baba a la máscara para que no se te empañe, cómo echar aire por la nariz para quitar el agua, etcétera. Después nos trepamos a la lancha y nos hicimos a la mar. No voy a decir que fue maravilloso. A los dos minutos de estar en el agua me dio un calambre en el pie, y eso de nadar contra corriente no me resultó nada placentero. De pronto no quería hacer otra cosa más que subirme de vuelta a la lancha, de preferencia de regreso a Tulúm, nuestra primera parada, a flotar boca arriba, meciéndome en el océano transparente sin empacho. Pero ocurrió algo muy curioso. En los momentos de peor desesperación, cuando por más que me “sonaba” no se salía el agua y sentía los olones golpeando sin piedad, el impulso era sacar la cabeza y mirar para afuera: hacia el lugar conocido y “seguro” que me era familiar. Descubrí que hacer eso era peor: afuera el agua arremetía con más fuerza, y yo me sentía desamparada en medio de esa inmensidad azul, picadísima y amenazante. En cambio, apenas metía la cabeza de vuelta en el agua y comenzaba a respirar por la boca, el escenario era el opuesto: todo ahí abajo era calma, serenidad y bichos nadando y meciéndose sin prisa. Fue un parteaguas. Igual que el arrecife que divide el mar en Mahahual. Como el psicoanálisis: da miedo meter la cabeza hacia dentro pero es ahí donde se encuentra la verdadera paz. Hacia afuera está lo conocido, sí; pero muchas veces agitado, turbio y confuso. Ver hacia adentro da miedo, pero vale la pena. También pensé en mi primera colonia y en esos llantos en la azotea. Por estar preocupada por la visión del exterior, olvidé que los recursos para disfrutar de esa experiencia no estaban en un manual, venían de adentro. Venían de la única capacidad que he sabido cierta y coyuntural desde que tengo uso de razón: imaginar cosas y creérmelas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Mis abuelos fueron unos auténticos tripulantes de barco. Se subieron a uno dejando familias, amigos y referencias para cruzar el océano cuando no había más que papel y sellos con meses de distancia para comunicarse; ellos sí, sin saber qué diablos se encontrarían del otro lado. Si volverían. Yo no soy tan aventurera, pero creo que siempre lo he intuido: hay que subirse. Hay que irse trepando. Con necedad. Lo peor que puede pasar es lo peor que puede pasar. Y eso ni siquiera sabemos qué tan malo es. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-512687597780283356?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/512687597780283356/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=512687597780283356' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/512687597780283356'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/512687597780283356'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2011/09/subirse-al-barco-parte-dos.html' title='Subirse al barco (Parte DOS)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-2006044594571311781</id><published>2011-08-19T17:50:00.000-07:00</published><updated>2011-08-19T17:51:56.042-07:00</updated><title type='text'>Subirse al barco (Parte I)</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Antes que nada, aclaro: Coyoacán Jane no se ha ido a ninguna parte. Odio justificarme, pero lo cierto es que anduve atareada. Tres días después de subirme a un barco llamado Progreso entre Prosperidad y Unión, me hablaron para decirme que otro barco se estaba hundiendo. A dos semanas de salir al aire, la producción de una teleserie juvenil estaba a punto de colapsar por falta de guiones. Acepté agarrar el timón sin haber escrito nunca un formato de esa calaña (para mí, coordinar la escritura de una serie de trece episodios ya era toda una hazaña en los terrenos de la ficción) y sin conocer a la tripulación. Feliz y rápidamente comprobé que lo único que fallaba en ese barco era el desterrado capitán. Los propios escritores guiaron el curso del navío con una tenacidad a toda prueba; ninguno se mareó, ni se acojonó, ni gritó “hombre al agua”. Y eso que no fue una travesía con pocos aspavientos. De hecho surcamos unas cuantas tormentas, que incluyeron la salida intempestiva de un personaje, la operación de urgencia de otro (o sea, del actor) y la amenaza de renuncia de una actriz, todo lo cual implicó mucha reescritura y mucho romperse la cabeza. Pero pese a que navegamos a toda máquina (conseguimos inventar 120 horas con cualquier cantidad de peripecias), en general tuvimos cielos despejados, miramos con garbo desde la proa (¿o es la popa?) y  el canto de las sirenas nos hizo los mandados. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Diego mi sobrino está a punto de hacer el curso de animadores de Colonias. Cuando él fue a su primera colonia de niño, yo estaba haciendo mi última actividad en el movimiento. Así se pasa el tiempo… (ni bien mi mal, pero a veces gacho). Tenía justo su edad cuando hice mi propio curso: dieciséis. Fue una experiencia alucinantemente divertida y emocionante. Casi siempre lo es, para casi todos. Un curso es como una colonia, sólo que en lugar de niños, hay jóvenes aspirantes a ser animadores, con quienes se replican todas las actividades e incluso los cuidados con que se procura a los niños. Una colonia es un campamento de ocho días para niños urbanos, de entre siete y once años (aunque también van colados de seis y de doce) cuyas familias no tienen dinero para hacer una vacación. Durante los ocho días que dura la colonia cada animador tiene diez niños a su cargo: su equipo. También hay un director y un jefe que, junto con los animadores, a su vez conforman otro equipo. Los equipos de niños son mixtos y se forman por edades. Cada equipo se distingue por una pañoleta de un color. A lo largo de la semana (de sábado a sábado) los equipos se mueven a través de actividades perfectamente organizadas, medidas y planeadas. Pero al llevarlas a cabo, el animador casi siempre comprueba que difícilmente las puede organizar, medir y mucho menos realizar según lo planeado. Se trata de niños, y con ellos, todo es impredecible. Yo me tardé mucho en comprender esto, y en mis dos primeras colonias como animadora me lo pasé muy mal. En el curso, y luego en la preparación de mi primera actividad, el Honorable y Multicitado Manual de Colonias me daba seguridad y cobijo. Con el equipo de “adultos” se repasan las canciones y las técnicas para dormir, bañar y meter a la alberca a los niños; se confeccionan y revisan los trabajos manuales que un personaje disfrazado les enseñará a hacer (el animador JAMÁS debe confesar que se trata de él mismo bajo el atuendo que elija); se dan pláticas sobre el perfil del animador, el perfil de los niños a cada edad, recetas para imponer y conservar la autoridad… durante un mes y pico, te dedicas a pulir y afilar todo tipo de artes para llegar al barrio en cuestión (pueden ser ladrilleras, basureros, colonias populares) a inscribir y luego a recoger a los niños hecho un Jedi de la motivación infantil. Lo recuerdo bien. Llegamos a aquella hacienda en Tenancingo, me entregaron a mi equipo de diez niños, y a la hora y pico me zafé con algún pretexto, subí corriendo a la azotea de la casa, y me puse a llorar, repitiendo una y otra vez “¿Qué chingados hago aquí?”. Me sentía engañada, estafada. Eso no era lo que me habían prometido. Yo, fanática de La novicia rebelde, me había imaginado corriendo por los prados como María Von Trap seguida por un grupo de niños cantarines que respondían felices a cualquier sugerencia, a cualquier llamado. Estos niños eran rejegos. No obedecían. Querían hacer lo que querían y no lo que yo, con tanto afán y fingido entusiasmo, los instaba a jugar, cantar o dibujar. La estructura, el control con que me habían entrenado, se convertía de pronto en mi peor enemigo. Aunque en realidad, el verdadero enemigo era yo misma: la exigencia imposible que me había impuesto para que &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;los demás&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; me vieran como la dulce &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Fräulein&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; María. Una inseguridad medio enfermita por la percepción externa, que me tenía cegada a toda posibilidad de interacción real con los niños. Pero de esto no me di cuenta sino muchos años después. La cosa no mejoró a lo largo de esa primera semana. Era tal la tensión que vivía, que por las noches me levantaba de la litera del cuarto de las animadoras y perseguía niños en la oscuridad. Una vez me despertó la voz de otra animadora, asustada con mis balbuceos de “los niños… ¿dónde están los niños?”; otra vez fue la sensación fría del mosaico húmedo del baño bajo mis pies. Pero yo, necia, al verano siguiente (ahora con diecisiete años), me aventé el numerito de nuevo. Esta vez no sonambuleaba, pero bajé tres kilos en una semana y me quedé sin voz al segundo día: eran niños de basureros, guiados por una especie de ley de la jungla (de asfalto), y esa colonia fue un reto para todos. Había tantos problemas que las juntas nocturnas que hacíamos después de acostar a los niños para evaluar el día, duraban hasta bien entrada la madrugada. Una de ellas fue tan intensa que nos levantamos de la mesa a las siete de la mañana, con dolor de patas y de alma, exhaustos, directamente a despertar a los niños para el rally. Al final alguien cedió, creo que fuimos nosotros. La semana terminó en un idilio medio maníaco que culminó en llantos y abrazos desgarrados. Todo mal. Una regla de Colonias que siempre me costó trabajo, pero que lleva razón, es que hacia el final de la semana es necesario que los niños asimilen el final de la vacación y su regreso a casa. Yo a los niños de mi equipo no les ayudé a asimilar un carajo y además les di mi teléfono. Otro gran error. Puede sonar cruel y es la segunda cosa de Colonias que siempre me costó mucho entender, pero después de la intensidad de esos ocho días, pretender mantener el contacto a ese nivel con los niños es imposible y para ellos puede resultar frustrante. Aquellos niños me llamaron consistentemente hasta que mi madre se mudó de esa casa, doce años después. No dejaron de llamar con todo y que, tras dejarlos de vuelta en su barrio y observar cómo media hora después de despedirnos salían a pepenar la basura, no los volví a ver. Quiero pensar que esos ocho días en Tenancingo les dejaron algo, que hicieron alguna diferencia en sus vidas. Y si no fue así, al menos vivieron esos ocho días, que ya es algo. Por mi parte, de la intensidad de esa colonia se desprenden cuatro de las personas más importantes de mi vida. Dos de ellos ya eran importantes, uno es Alfredo (el papá de Diego) y Valeria Guarneros, mi amiga desde el kínder. Los “nuevos” (viejos amigos ahora) son Arturo Peón y Karina Simpson.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Pasó mucho tiempo antes de que yo me subiera al verdadero barco de Colonias como animadora de un equipo de niños. Tenía veintidós años y me tocó el equipo de los más grandes. Nos llamábamos Los Canarios Magníficos de Tenancingo. Recuerdo que durante esa semana no sólo dormía bien, sino que despertaba con ganas de verlos, con ganas del día. Mil veces había escuchado esta frase en las preparaciones y en las juntas: “No venimos aquí a divertir a los niños, hay que divertirse &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;con&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; los niños”. Yo trataba de dilucidar esas palabras como si fueran una especie de código sagrado e intraducible. Con los Canarios ocurrió el milagro del desciframiento. De pronto, yo era otra más del equipo. A lo largo de esos ocho días no hice otra cosa más que divertirme. Además del “oficial”, los animadores de colonias tienen también un equipo de noche: un cuarto con otros diez niños o más, a los cuales despiertan, acompañan a bañarse, llevan a dormir la siesta, acuestan y monitorean por la noche. Si te tocan los niños más chicos suele ser un suplicio, porque muchos se hacen pipí, en cuyo caso hay que cambiar las sábanas, cambiarlos a ellos, y poner el colchón mojado a secarse. En la colonia de los Canarios, por falta de animadores hombres, me tocó hacerme cargo del cuarto de noche de los niños más pequeños. Eran una docena de coconetes que no sabían vestirse solos, mucho menos tender una cama. Tender la cama es una de las técnicas que revisas exhaustivamente desde las juntas en México, y es muy importante dentro de los códigos de “seguridad física” de los niños. Unos años antes, yo me hubiera agobiado hasta las pestañas, y perseguido a esos escuincles entre las literas procurando que aprendieran a hacer su “carterita” y a doblar correctamente su “cobija de flecos”. Esta vez me valió reverendamente madres. Simplemente asumí que cada día tenía que tender doce camas, y me dediqué a besuquearlos y apretujarlos todo lo que pude. Después de comer llegaba la hora de la siesta. Era un gran momento. Los chamacos salían disparados de sus mesas y juntos corríamos al cuarto, nos metíamos bajo las cobijas y nos imaginábamos que estábamos en un barco, que primero crujía y se pandeaba bajo la tormenta hasta ir alcanzando la calma y el arrullo bajo las estrellas. (Súper cursi, luego hasta lo vi en una película). Algunos se jeteaban, otros no. Lo que sí recuerdo es que se hacían pipí frecuentemente, que cambié muchas sábanas y puse a secar varios colchones. Y también recuerdo que a uno de ellos se le cayó un diente. Esa noche llegó el ratón y le dejó dulces y una carta. Cuando yo era chiquita, mi papá confeccionaba sensacionales cartas de los ratones de los dientes: hacía la letra grande y chueca, como si fuera un ratoncito escribiendo con una pluma tamaño persona. Así era esta carta y Agustín (así se llamaba el chavito), se le quedó viendo con azoro como un minuto hasta que me la dio, sonriendo con su boquete nuevo: “¿Me la lees? Es que no sé leer”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-justify:inter-ideograph"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;(Continuará...)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;   &lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-2006044594571311781?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/2006044594571311781/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=2006044594571311781' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/2006044594571311781'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/2006044594571311781'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2011/08/subirse-al-barco-parte-i.html' title='Subirse al barco (Parte I)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-9177655520063863674</id><published>2011-02-28T23:46:00.001-08:00</published><updated>2011-02-28T23:57:57.061-08:00</updated><title type='text'>Coyoacán... golondrinas en el quiosco</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/-bZK2dmRvW_s/TWyltTtII0I/AAAAAAAAADc/bdUmAxU3vA4/s1600/DSC00884.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/-bZK2dmRvW_s/TWyltTtII0I/AAAAAAAAADc/bdUmAxU3vA4/s320/DSC00884.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5579016236207448898" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La cosa es así, en resumen: se acabó Coyoacán Jane. O mejor dicho, se acabó Coyoacán. Puede que incluso conserve el nombre del blog. Finalmente se lo debe a su lugar de origen, que siempre será éste. Escribo en un lugar llamado el Yellow Café. Lo descubrí tardíamente y es el mejor recinto cafetero para los fumadores que trabajan en este barrio. Tiene un espacio semi cerrado para que los adictos tecleen y cotorreen, y un chai latte muy decente. (Allende casi esquina con Malintzin, a veinte pasos del mercado). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Desde que tengo memoria de mis sueños, tengo sueños recurrentes y angustiosos que involucran mudanzas. Es algo que comparto con mi hermana Thaida. Sueños en que hay que hacer maletas para algo, para salir urgentemente a alguna parte, y no da tiempo de hacerlas, y uno no encuentra lo que quiere guardar. Es horrible y quién sabe qué pueda significar. Este fin de semana, la pesadilla se hizo realidad. Esta es la sexta vez que me mudo, pero es la primera que mudo una &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;casa&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;. Antes empacaba ropa, algunos libros, huevadas. Bueno, dos veces mudé un escritorio. En realidad era una mesa equis, sin cajones ni nada, que me consiguió el portero del edificio donde vivía en Madrid. No sé de dónde saqué la necedad de subirlo solo en un flete para llevármelo a Barcelona, y después al segundo departamento donde viví en esa ciudad, cinco pisos arriba sin elevador. (En ese escritorio escribí Quiéreme Cinco Minutos cuando todavía se llamaba de otra manera). Finalmente lo abandoné cuando abandoné mi vida en España. El resto de cosas que había comprado (un refri, un colchón, algunos trastos de cocina) se los vendí al tipo que alquiló mi departamento en el callejón de Les Cabres (a veinte pasos del mercado, pero el de la Boquería). La cosa es que esta vez tuve que mudar una casa donde viví seis años –escritorio incluido. Y yo soy muy mala empacando. (Cuando me fui a Madrid empaqué ganchos… ¡ganchos!) Y la cantidad de madres que salieron de aquí, no las podría empezar a nombrar. Tiré, depuré hasta el mareo. Fue inútil. Siete cajas repletas se llevó el camión de mudanzas el sábado, y tres rondas de coche a tope después. Pero el terror estribó principalmente en el acarreo de los muebles. Los de la mudanza eran un auténtico cuarteto de la muerte, según la atinada descripción de Andrés, conformado por: el Líder. Gordito raspa y agogó, pariente cercano de Valle Inclán; el Amigo: Un ruco alto y buenondín, que para todo buscaba la aprobación de Gabino (el Líder); el Joven Fortachón, que cargaba una mesa él solo (pero nada más cuando lo estaban viendo), y Flor, un chaparrito cejón que, entre otras cosas, me rompió una lámpara y jodió el piso acarreando la lavadora. De los cuatro no hacías uno. La mudanza empezó a las 10 de la mañana y terminó a las 6 de la tarde, con jaloneos y regateo violento, y las patas de mis sillones cortadas para que éstos cupieran por la puerta. (Inexplicablemente, no pudieron sacarlos por parto normal). Pero lo logramos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Hay un objeto en particular que recuerdo empacar y desempacar desde siempre porque conlleva todo un rito. Es un coso redondo de cristal relleno con arena. La arena es originaria de Cancún pero se le han agregado granos de muchas otras playas. Me lo llevé desde mi casa de la infancia y la arena ya es gris porque eventualmente se convirtió en mi incienciario. Ahí está la ceniza de todos los inciensos que he prendido en los últimos muchos años. Y cada vez que me mudo, la arena se va a una bolsa de plástico que luego vuelvo a verter en el coso de cristal. En estos años en Coyoacán, la mezcla se tupió a lo grande. Yo prendo muchos inciensos por dos razones: porque me gusta y porque fumo. Así que esa bolsa de plástico, guardada ahora en quién sabe qué maleta, lleva el polvo de horas y horas y horas de trabajo, de chisme, de cuadernos, de tabacos, de velas, de toques, de tinas (¡cómo voy a extrañar esa tina!), de tardes viendo los arbolones afuera de la ventana, oyendo a los estudiantes de guitarra de abajo o a los guitarristas menos expertos de la esquina, oliendo el café quemado del Jarocho, pensando en tonterías; días de muchos tés y el doble de cafés. Lleva, de algún modo, la esencia de mi vida en este lugar que dejo. (O eso me gusta pensar porque soy muy cursi y no soporto la vida sin simbolismos).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Y sin recuentos…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Comencé a venir a Coyoacán a los doce o trece años, más o menos la edad en que empecé a escribir diarios. Solía pasar los fines de semana paseando mucho en el sur, con mi hermana Dunia y mi cuñado Alfredo, cuando eran novios. (Alfredo era sureño, además es muy molón y siempre le ha gustado molernos a mi hermana y a mí por ser de Lindavista). Yo tomaba la línea verde del metro casi completa, y me recogían en Copilco. Con esos fines de semana se me abrió un nuevo mundo y uno de sus parajes fue Coyoacán. Después empecé a venir a mucho para echar novio. Paseábamos, comíamos helados, elotes y hot cakes de figuritas, y nos sentábamos a psicoanalizar a la gente. Pocos años más tarde, comencé a psicoanalizarme yo, y el recinto de mi analista quedaba en la calle de Venustiano Carranza, a dos cuadras de la plaza de la Conchita. Fue en esas épocas que me enamoré definitivamente de Coyoacán. Como estudiaba y trabajaba, el único horario en que podía ir a terapia era los viernes a las siete de la mañana. Eso implicaba agarrar el coche a las seis para cruzar la ciudad y llegar más o menos a tiempo. Suena tremendo pero no me pesaba demasiado: estaba acostumbrada a hacerlo todos los días para ir a la Ibero a clase de siete. Pero el último semestre de la carrera la cosa se complicó porque se instauraron los legendarios Juevebes, y más de una vez llegué al diván en vivo, todavía medio jarra. Pero el ritual, con Juevebes o no, era increíble… salir del consultorio y caminar hasta la plaza, todavía vacía, con barrenderos y olor a día nuevo. Lo único que estaba abierto a esa hora era el Sanborn’s de la plaza y la cafetería del Parnaso. Me gustaba más la segunda. Es una pena que lo hayan cerrado. Eran simpáticas las dueñas gemelas arregladísimas y los forevers que desfilaban por ahí. En cualquiera de las dos cafeterías sacaba mi diario y me ponía a escribir, a veces a estudiar y a hacer tarea. Y se me inflamaba el corazón con este barrio y con las cosas que estaban pasando en la vida. Eran los tempranos veintes y toda su explosión la compartía con mi amiga Karina, a quien también asocio al Coyoacán de esos años, hablando y fumando por horas en Las Lupitas. Luego me fui a España por tres años y cuando volví, regresé a ese mismo diván en la calle de Carranza. Esta vez iba tres veces por semana. Entonces descubrí otro café, atrás, en la plaza de la Conchita. También ahí escribía y me sanaba heridas recientes. Cuando busqué casa para mí sola (tras pasar un año y pico en casa de mi hermana), encontrar el interior “B” de la Primera cerrada de Belisario Domínguez 18-2 fue como un regalo del barrio. Siempre he tenido la teoría de que hay lugares, como personas, como animales, que lo quieren a uno. Y hay lugares que no. Coyoacán y yo nos queremos, de eso no me cabe duda. El estudio con baño grande a donde fui a parar fue como el rinconcito clandestino que el señor le pone a su amante. Sólo que en este idilio no hubo adulterio… entre el señor Coyoacán y yo fue puro echar novio, durante seis años, con elotes, helados y cafés. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Ya no escribo en el Yellow Café. Ahora estoy en mi nueva residencia en la calle de Progreso entre Prosperidad y Unión. (Dunia opina que el entorno suena muy optimista. Coincido). Acabo de entregar las llaves de mi casa. La dejé barrida y trapeada, con una fuga en el baño y medio cilindro de gas. (Eso sí que no lo voy a echar para nada de menos: lo de perseguir camiones para comprar gas). La decisión de dejar el departamento, en principio, devino hace unos meses cuando los locos que me rentan y el pirado que vive arriba, pasaron de ser soportables y hasta cómicos a volverse auténticamente punks. A lo largo de las últimas semanas tuve infinidad de conversaciones imaginarias con todas las cosas que les diría a estos nefastos personajes cuando me fuera. Los adjetivos iban desde “desequilibrada mental” pasando por “escuincle imbécil” y culminando con “viejo solo y patético”. A la hora de la verdad, cuando cerré la puerta tras el escuincle imbécil, le pedí que le diera las gracias a la desequilibrada mental y que le dijera que había estado muy contenta viviendo ahí. Al escuincle imbécil hasta le desee suerte y le di un abrazo. Al viejo solo y patético no lo volví a ver, aunque sigo con ganas de rayarle el coche…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Además de ser un teto, Coyoacán Joe no le hace nada de justicia a Coyoacán. Cierto es que tienen mucha gracia las plazas, las palomas, los payasos y eterno sonsonete de los organilleros. También es cierto que hay músicos de todo tipo, todo el tiempo, en casi todas las esquinas. Pero se le pasan detalles muy sutiles. Coyoacán Joe no menciona en ningún momento el café de Beto, en la esquina de Centenario y Cuauhtemoc, los viejitos raboberdes que lo frecuentan, y que por ahí deambulan personajes como Greco Sotelo, que no sólo lee a Platón: lo &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;subraya&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;; Willis Estrada, gran conversador, y Marcela Lizárraga, el personaje más pintoresco y popular de los alrededores. Tampoco sabe que a dos locales hay una fonda que se llama La casa de mi Tita, donde sirven unos llamados “desayunos gorditos”, que incluyen chilaquiles, molletes y huevos rancheros en un mismo plato, y que atiende un personaje inigualable de nombre Bety. Bety es claramente un tipo, pero con el aspecto y los modos de la mujer más más plantada que yo he visto. Hasta tiene un hijito que llega puntualmente a las 2 de la tarde con su batita del kinder y corre hacia ella diciéndole mamá. Ella le contesta “vete a lavar las manos” con voz de barítono, pero da igual. Es una tipaza. Tras años de observarlo(a), especulando cómo podría llamarse (Andrés sugirió Calipso), Marcela recién me contó que se llama Roberto. Bueno, Bety. Pero lo más galante de esta fonda es el nombre que otro novio le diera en su día: La Hermafondita.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Joe se olvida de la Casa del pan, único paraje de Coyoacán con pretenciones Condechis, con meseros fachosos-trendys y fondo musical de Putumayo, que sirve té de jengibre y despacha estupendos monchis vegetarianos que sacan de cualquier apuro. Coyoacán Joe no sabe que junto a la Casa del pan está el farmacéutico más efectivo de la ciudad, que recomienda, consigue, aparta, te aguanta la receta, hace descuentos, guasea y tira la onda todo el tiempo. También es feísimo. Joe ignora que en la calle de Higuera está una contadora llamada Laura muy parca pero sumamente eficiente. Que en la calle de Malintzin hay un local muy bonito donde misteriosamente han tronado cinco negocios en seis años. Desde que Susana y Jasmine vivían arriba de mi casa, descubrí que los mejores esquites están frente a la puerta 5 del mercado, y que en la fonda de Santa Catarina, además de una terraza a la plaza de ensueño y martinis al dos por uno, hay una mesa perdida que nadie pela donde uno se puede prender un porro con el Oscarín. Tampoco menciona que la Dabo es la mejor papelería desde que desapareció la Compañía Papelera Escolar, y más barata que los Office Maxes. Que el Jarocho es malo y que el Moheli es ridículamente caro, aunque sus mesas siguen siendo una delicia para sentarse cualquier domingo o a cualquier hora de cualquier día. Sobre todo para caminarse Francisco Sosa antes o después. (Especialmente después de llover). No sabe que en los Viveros las ardillas atacan, que en la cantina Guadalupana tocan jazz, que  en la calle de Pino sirven pastel de rosas y un café con leche con decoraciones artísticas, y que en Los Talleres está la maestra de yoga más chingona del universo. Pero sobre todo, Coyoacán Joe -que ha pasado demasiado tiempo en el abominable Hijo del Cuervo- ignora el placer inenarrable de levantarse y encaminarse al café, encontrarse a alguien, cotorrear un rato, apurarse al banco, a la tintorería, a comprar una orden de arroz y una de nopales en la cocina económica, comerse de vez en cuando un churro relleno, cruzar la calle a cualquier hora para comprar cigarros, sentarse en la plaza a fumarse uno en cualquier momento, creyéndose de repente que sí: que uno vive en un pueblo y no en esta monstruosa ciudad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Creo que está bien claro: voy a echar de menos Coyoacán. Sobre todo voy a extrañar las pijamadas con las vecinas, con Hebe, con Arleta y con Martín Valderrama cuando venía a México; acabarnos un mezcal con todo y gusano un jueves de influenza con Lalo y Kramis, festejar lo del libro con una borrachera colectiva bestial, estar sentada horas y horas en el sillón individual de mi salita con Oscarín, con Karina, con Garufo, con Rosalba, con Robert, con el Peña, y con todos los amigos que se bebieron mis tés. (Shanna no está incluida: las tres veces que fue a Coyoacán terminó perdida en la carretera a Cuernavaca o en Indios Verdes).&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Pero Coyoacán no se va a ninguna parte y los amigos tampoco (aunque estén repartidos por todo el mundo). Y además hace unos días pasó algo chistoso. Como tantas otras veces –pero ésta en medio de cajas y bolsas y desmadre total- despejé una mesa y dispuse las cosas para un ritualillo, esta vez de despedida. Pensé que sería intenso y sentimental pero en realidad fue breve y contundente. Creo que en parte fue porque estaba agotada y bizca de empacar, y también porque viendo la casa semi-vacía, me di cuenta de algo muy liberador: aquello poco a poco se iba convirtiendo en lo que es en realidad: paredes. La casa la llevo conmigo, y puedo montarla y desmontarla donde yo quiera, cuantas veces quiera.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Además hay otra cosa. El cambio, en sí mismo. El cambio es bueno, dijo alguien. Y más cuando ilusiona. “Todo lo bueno se termina para que empiece algo mejor”. Lo sigo creyendo fervientemente. Y como auguró hace unos días en el café mi amigo Greco Sotelo: “mientras te vayas porque te llevan las alas de Cupido… todo bien”.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Felizmente, así es. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-9177655520063863674?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/9177655520063863674/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=9177655520063863674' title='6 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/9177655520063863674'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/9177655520063863674'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2011/02/es-mas-que-un-hasta-luego.html' title='Coyoacán... golondrinas en el quiosco'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/-bZK2dmRvW_s/TWyltTtII0I/AAAAAAAAADc/bdUmAxU3vA4/s72-c/DSC00884.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>6</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-1940614049609362842</id><published>2010-11-25T00:28:00.000-08:00</published><updated>2010-11-25T01:08:02.498-08:00</updated><title type='text'>La Pipa de la Paz</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;La humanidad ha comprobado, una y otra vez, que la prohibición no sirve para maldita la cosa. Es como un gran bache histórico que se calca a sí mismo generación tras generación. Los últimos meses, con la iniciativa ésta de prohibir la venta de comida chatarra en las escuelas para prevenir la obesidad infantil, me moría de la risa. No porque me dé risa que los niños sean obesos: es un gravísimo problema de salud; sino porque me imaginé, primero, a las empresas de frituras y golosinas poniendo mil trabas para llevarlo a cabo (lo cual en efecto ha sucedido), y después imaginándome al primer niño listo (o el papá), que encuentre la forma de introducir mochilas llenas de papas y Twinkis a la escuela, y los compre a escondidas  hasta la maestra de inglés.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Al Capone es quizás el nombre más sonado en lo que al provecho de la prohibición se refiere. Sus twinkis eran el alcohol y las salas de juego. ¿Y qué pasó? El FBI lo persiguió hasta que lo pudo culpar por evasión de impuestos y lo refundió en Alcatraz (aunque murió en Miami Beach); el alcohol se hizo legal en Estados Unidos “hasta cumplidos los 21 años” (por lo cual tenemos a tantos gringuitos vomitando en las calles de Cancún en la primavera) y de aquellos tiempos terribles, mira por dónde, el cine se inspiró para crear joyas como &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Érase una vez en América&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Los intocables&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; y &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El padrino&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Yo no sé si algún día se hagan películas maravillosas y conmovedoras sobre el Chapo Guzmán, Beltrán Leyva y Arellano Félix. Lo que sí sé es que esos tipos se lo han pasado mejor que cualquier astro de Hollywood. Mira por dónde.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Sin dar más rodeos, voy al grano. ¿Tiene usted idea, amable lector, a cuántas fiestas/convites/conciertos ha asistido la que suscribe en los últimos diez, quince años, donde NO haya circulado un porro, un gallo, un toque, un güiro, o como quien dice, un cigarro de marihuana? ¿Ya? ¿Hizo sus cálculos? Bien. La respuesta es: ninguna. Así como lo oye: ninguna. Lo siguiente que debe estar pensando es que seguramente mis amigos y conocidos son todos unos desobligados, zarrapastrosos, con los dientes podridos. A lo cual yo tendría que responder que si bien entre mis amigos hay personajes muy peculiares, todos y cada uno de ellos son profesionistas, productivos, algunos de ellos muy talentosos y, en general, sanos.  (Salvo los que fumamos tabaco). &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Recientemente, a uno de estos amigos se le sugirió escribir un texto en donde expresara abiertamente su uso esporádico y recreativo del cannabis, para reunir una serie de testimonios sobre “salir del closet” (en cuanto al uso de la planta, claro está) como iniciativa a favor de la legalización. Mi amigo se lo pensó  y al final se negó. Su argumento no fue el miedo de que le cayeran en su casa cinco milicos armados a hurgar entre sus cajitas de Faros edición especial, sino que parte del “atractivo” que él encontraba en fumar marihuana, estaba justo en que fuera algo que conlleva cierto secretismo, cierta emoción de hacer algo que no es abierto  y permitido. Muy válido. Por mi parte, la verdad es que llevaba un rato con ganas de decir unas cuantas cosas sobre el tema.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Podemos empezar por el principio. Por la planta.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Se llama &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;cannabis sativa&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; y también cáñamo, aunque el cáñamo también es el nombre de la fibra que se extrae de ella. Y sus virtudes son in-con-ta-bles. El cáñamo se explotaba hace miles de años en China y  en otros lugares. ¿Sabían que las velas que trajeron a Cristóbal Colón a América estaban hechas de cáñamo? Por lo visto es un material extraordinariamente resistente. Tanto que a los industriales gringos de los años treinta, que querían potenciar las nuevas fibras sintéticas como el nailon, no les gustó nada la competencia. ¿Tendrá eso algo que ver con la confusa política de prohibición de la marihuana que se dio justo por esos años? Nunca lo sabremos…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;El cáñamo tiene muchos otros usos y aplicaciones. Se pueden fabricar: lubricantes, plásticos, celulosa para papel, ropa, forraje para animales, biomasa para calefacción, jabón, fieltros, pinturas y barnices. Las semillas de cannabis son el alimento vegetal con mayor valor proteínico que se puede encontrar en una sola planta. Tienen Omega3 y Omega9, que además de nutritivos, pueden prevenir artritis y reumatismos. Según se procese, puede ser más suave, aislante, absorbente y duradera que el algodón. Además, una hectárea de cannabis produce el doble y no requiere químicos ni pesticidas. Como biocombustible es lo más ecológico que se puede encontrar:  ¡funciona en motor diesel! Cualquier plástico emulado a partir de cannabis, es directamente biodegradable  y reciclable. Para hacer papel, no tiene igual: produce el cuádruple que una hectárea de árboles. Además es más resistente que la pulpa de madera, no necesita ácidos ni cloro, y aguanta siete reciclajes (la madera aguanta cuatro). Por si fuera poco, mejora la calidad del suelo donde se planta. Y así solita, en su forma natural, se usa para el tratamiento del glaucoma, insomnio, náuseas y vómitos asociados a quimioterapia, esclerosis múltiple y neuropatías. Además es un gran analgésico.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Pero es ilegal…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Y la policía la busca, la encuentra, la arranca del suelo, y la quema. ¡La quema!&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; ¿Por qué?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Aguilar Camín dijo hace poco que quitarle la libertad a alguien por cultivar cáñamo era lo mismo que quitarle la libertad por cultivar lechugas. Yo diría que es mucho peor. Y les preguntaría a los perseguidores, usando sus propias palabras, si están fumados o qué. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Pero la pregunta es seria: ¿Por qué una planta tan dócil y tan generosa puede ser tan perseguida? Porque la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;cannabis sativa&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, según su variedad, puede presentar un principio activo llamado &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;TetraHidroCannabinol&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; (THC), que tiene efectos… ¡qué miedo! …psicoactivos. Dicho principio activo se encuentra en la flor de la cannabis, también conocida como cogollo; o en su resina, llamada comúnmente hachís. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Esos efectos psicoactivos no los voy a explicar. A quien quiera averiguarlos, le recomiendo que la pruebe. A lo mejor no le gusta, a lo mejor sí. Lo que es seguro es que no se va pirar, no va a terminar babeando en una esquina recolectando moneditas para darse otro jalón, y, con total seguridad, no se va a morir.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;A propósito de morirse, perdón que saque a relucir unos datos tan necios y tan sabidos, pero es inevitable. El alcohol. Muertes por cánceres de esófago, de hígado, cirrosis, accidentes de circulación, lesiones voluntarias y homicidios: casi dos millones de víctimas al año en el mundo. Tabaco. No voy a enunciar todos los horrores causantes de muerte porque ahora mismo hay seis colillas rebosantes de legalidad reposando en mi cenicero. Pero mata un promedio de 8,4 personas por año. Segunda causa de mortalidad en el mundo. Y Phillip Morris, cagado de la risa. ¿Qué por qué no lo dejo? Porque soy una adicta crepitante, enclenque y desesperada. ¿Quieren una droga fea? Es ésta. (Y para colmo, no pone).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;El argumento principal contra la marihuana es que es “la puerta de entrada” a todas las demás drogas. Puede ser. No voy a rebatir ese argumento, aún cuando me parece bastante simplista y carente de imaginación. Pero pensando en que así fuera, conozco:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-align:justify;text-indent:-18.0pt;mso-list:l0 level1 lfo1;tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;a)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Personas que han fumado marihuana muchas veces, a lo largo de muchos años, y no han probado ninguna otra droga.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-align:justify;text-indent:-18.0pt;mso-list:l0 level1 lfo1;tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;b)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Personas que han consumido marihuana y experimentado con otras drogas sin suscribirse a ninguna de éstas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-align:justify;text-indent:-18.0pt;mso-list:l0 level1 lfo1;tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;c)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Personas que consumen marihuana y otras drogas, de manera recreativa, y siguen chambeando, pagando impuestos y haciendo sus cosas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-left:36.0pt;text-align:justify;text-indent:-18.0pt;mso-list:l0 level1 lfo1;tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;d)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font:7.0pt &amp;quot;Times New Roman&amp;quot;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;   &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;También conocí y quise muchísimo a una persona que seguramente empezó con porros y se murió de un pasón de heroína. Pero que además se murió junto con otros cinco cuates que le compraban al mismo dealer. Es decir, en realidad no se “pasoneó” (porque además la fumaba, y de ese modo es muy difícil llegar a una dosis letal), sino que fue víctima de una tanda adulterada. Justo ahora, leyendo sobre estas cosas,  me entero que el 80% de muertes por sustancias se debe a la falta de acceso a dosis estandarizadas. Como haya sido, lo jodido no fue tanto cómo se murió, sino cómo vivió. Y vivió mal desde que nació. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;El problema no son las sustancias, nunca lo han sido y nunca lo serán. El problema son las personas. Sus historias, sus rollos, sus circunstancias. Y partiendo de todo ello, sus elecciones. El ser humano ha consumido y experimentado con sustancias psicoactivas desde que habita esta Tierra. El acceso a ellas está ahí, inevitablemente, y siempre va a estarlo. ¡Y qué bueno! Imagínense este mundo sin la posibilidad de sentir diferente, de percibir diferente, de enloquecerse un poco. Sería tristísimo.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Ahora mismo, por más que se maten en México de cuarenta en cuarenta, por más millones que se gasten, por más que les paguen otro poquito al cuerpo policiaco (que siempre será una miseria en comparación con la miseria por la que se corrompen), la cosa es así: en este instante, allá afuera, hay de todo. Rápido. Pronto.  Así de crudo y así de simple. También hay donas de nuez y trenzas glaseadas en el café de la esquina. Eso no significa que sólo porque las haya vaya a ir corriendo a atascármelas. (Aunque seguramente si me prohibieran comérmelas, lo estaría pensando).  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Y aquí tengo que aclarar algo importante. Yo no digo que el cannabis sea para todos. Cada persona es diferente, cada organismo es diferente. Mi hermana mayor no puede ni oler un chocolate y la otra no puede comerse una cereza envinada. Hay para quienes el amor puede ser la droga más peligrosa y destructiva que prueben en su vida. Aunque la marihuana estrictamente no genera adicción física, son muchas las razones por las que una persona puede engancharse a una cosa. No pretendo promover el uso del cannabis ni intento decir que quien sea que pruebe la marihuana se lo va a pasar bien (aunque es probable); no tengo puesto ahora mismo un gorro de colores ni estoy oyendo a Bob Marley mientras escribo esto (aunque no sería mala idea). Es más. Ni siquiera estoy fumando mota, porque para escribir no me funciona: me divaga. También me agota y reconozco que merma mi productividad. Pero si de algo estoy convencida, es de que NO es una sustancia equiparable a la cocaína, a las anfetaminas y mucho menos a la heroína. Ni remotamente. Nadie se ha muerto sólo por fumar marihuana. Busquen a ese muerto por donde quieran. No lo van a encontrar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;La generalización es uno de los errores más comunes y más peligrosos que comete nuestra especie. La generalización consecuenta el racismo, la endogamia, el odio y la discriminación. Decidir que una sustancia es mala para TODO el mundo y prohibirla para todo el mundo, a lo mejor salva a un chavo de morirse en un accidente porque se puso morado de porros y alcohol; pero también puede quitarle a una persona enferma la posibilidad de alivianarse unas náuseas y unos dolores terribles. En cualquier caso, es una cuestión de elección personal. Dejen que los adultos decidan por sí mismos, y dejen que a los menores los guíen sus papás. Es un volado, en efecto. Pero más, no se puede hacer. Créanme.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Señor Calderón, usted debería saberlo bien: el ocio es el mejor amigo del vicio. Mientras usted envía a sus heroicos ejércitos (que por cierto parecen necesitar un oftalmólogo, porque a cada rato se andan cargando civiles “por accidente”) a capturar narcos (que no es que tengan más armas: tienen submarinos), hay siete millones de jóvenes en México que no pueden estudiar ni trabajar. ¿Quiere saber lo que va a pasar con esos chavos? Unos se van a ir al otro lado (si es que no se mueren en el intento), otros se van a quedar haciendo trabajos espantosos, y otros se van a meter hasta el cepillo y se van a tomar hasta el agua de los floreros, y van a robar y a secuestrar para hacerlo. ¿Quiere luchar contra las adicciones? No luche contra las drogas. Es inútil. Luche contra el ocio. Yo sé que usted tiene muchas presiones, que la relación con los Estados Unidos debe ser más importante para usted que la relación con su familia, que seguramente sueña cada noche con el zar anti-drogas Kerlikowske. Pero es una vergüenza que allá se esté consumiendo alegremente el 80% de los narcóticos producidos en México, y en México nos estemos muriendo de hambre y matando a balazos. No sé usted, pero yo todo esto lo encuentro muy confuso, por no decir demencial. ¿Quiere ser un héroe? Legalice la producción, comercialización y consumo personal del cáñamo en México. Deje de quemar esas plantas y regáleselas a los mexicanos. ¿Qué ya no se puede echar para atrás porque qué oso? Le aseguro que no va a pasar de una semana de periodicazos, y muchas generaciones se lo van a agradecer. Aunque no consuman marihuana.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El cannabis genera tanta ambivalencia que todos los gobiernos del mundo van y vienen en sus leyes prohibicionistas, cayendo y recayendo en vacíos legales e inconsistencias. En muchos países no es que sea “legal”, pero se ha despenalizado la posesión personal en ciertas cantidades. En México, por ejemplo, desde el año pasado puedes tener cinco gramos de marihuana en tu casa y no te pueden meter al bote. (Y otras sustancias en menores dosis). Lo mismo pasa (con distintas cantidades) en Argentina, Brasil, Perú, Colombia, Chile y en algunos países de Europa. Eso es justo lo que se pretendía, y no lo que se dice &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;legalizar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, con la propuesta 19 en California. Lo raro de esta aprobación para el autoconsumo es que el tráfico &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;sí &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;está penalizado, y con ello se asume el traslado del producto. Entonces… ¿cómo le hago para hacer llegar esos cinco gramos a mi casa? Supongo que cultivándolos yo misma. Pero si el cultivo también está prohibido… ¿entonces cómo? ¿Será el momento de llamar a Harry Potter? En California y en otros trece estados de allá arriba, está permitido el uso del cannabis medicinal. También en Canadá, Alemania, Austria, Holanda, España, Israel, Finlandia y Portugal. Bien por ellos. Canadá (otra vez la &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;progre&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Canadá), Francia y Suecia se vieron listos y tienen industrias dedicadas a la producción de los derivados del cáñamo. Pero en todos estos lugares, el tráfico y el comercio están también penalizados. Y en el resto del mundo, ni hablar del peluquín: te ven con un gallo y te encarcelan. En algunos países hasta seis años, si es que no te matan directamente. Y aquí me asalta una duda. Se supone que la libertad termina cuando se coarta la libertad de otro. Ahí está el límite, a partir de ahí se pondera un delito, un crimen. Pero a menos de que alguien obligue, amenace o amordace a otro para que se de un jalón, ¿dónde está el crimen? El argumento legal contra el consumo es atenta contra la salud pública. Primero, ¿y esa Salud Pública, quién es? No sé ustedes, pero yo nunca la he visto. ¿Será simpática? Y segundo: si vamos a juzgar delitos contra la salud pública bajo esos términos, que encarcelen entonces a cada gordo que vean comiéndose unos cueritos y una torta de tamal.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Todo el mundo sabe que en Holanda es legal comprar y consumir marihuana en los Coffee Shops (por cierto, los dueños están forrados); pero un caso interesante es el de Portugal. Cuando Portugal tomó la decisión de discriminalizar el uso de drogas, tenían el consumo más alto de Europa. Hoy en día, en el uso de la marihuana tiene la tasa más baja entre los 14 países. Ojo: discriminalizar no es lo mismo que legalizar. Pero si te agarran poniéndote hasta las cejas de ácidos en un parque, no te meten a la cárcel.  Te ofrecen tratamiento médico y asesoría psicológica. Mismos que puedes rechazar, porque es un programa &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;voluntario&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. No sé que opinen, pero eso es a lo que yo llamo cordura civil. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;El control del Estado sobre las drogas es básico para cualquier gobierno. Por la misma razón, yo no alcanzo a comprender cómo es posible que los gobiernos no dimensionen los beneficios de liberar el cultivo y la producción de la planta de cannabis. (¿Estarán marihuanos?) A menos de que la ecología no les interese en lo absoluto (lo cual han ido dejando bastante claro con el tiempo) y/o estén tramando algo muy oscuro, como esperar a que todo el ecosistema se vaya al traste para poder cobrar el agua a cincuenta dólares el vaso. Pero no hay tiempo para teorías de conspiración. Lo que es un hecho es que con la sola explotación inteligente del cáñamo, al menos en México:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;ol style="margin-top:0cm" start="1" type="1"&gt;  &lt;li class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-list:l1 level1 lfo2;     tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Se      reactivaría el raquítico y desastroso campo de este país. Vaya, hasta con      el aceite de las semillas se podría alimentar gente.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;  &lt;li class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-list:l1 level1 lfo2;     tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Se      generarían un montón de empleos. Aunque se alega que la infraestructura      para la explotación de la planta es cara. ¿Y? Con el dinero que se está      gastando en las otras tonterías que ya me da flojera volver a enunciar,      sería más que suficiente para echar a andar algo. Hay muchos usos y      aplicaciones de dónde escoger. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;  &lt;li class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-list:l1 level1 lfo2;     tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Buscan      “desesperadamente” un sustituto de hidrocarburo para el petróleo. ¡Ahí lo      tienen! Y no tienen que comérselo, no tienen que fumárselo, no tienen que      ponerse pachecos ni avergonzar a sus madres, nada más explótenlo.  &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;  &lt;li class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-list:l1 level1 lfo2;     tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El cáñamo se corta anualmente. Pero además      la bendita planta no nada más crece fuera: se puede cultivar en interior. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;  &lt;li class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-list:l1 level1 lfo2;     tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Y si      sólo les interesan los cogollos y su temido THC, fantástico. De entrada,      lloverían los turistas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;  &lt;li class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-list:l1 level1 lfo2;     tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Se      descongestionarían las cárceles (recinto número uno de los narcóticos, por      cierto). Además, si se reducen los costos de producción e intermediación      ilegal, seguro bajarían los precios. Esto evitaría, de entrada, que mucha      gente robara para darse un toque. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt;  &lt;li class="MsoNormal" style="text-align:justify;mso-list:l1 level1 lfo2;     tab-stops:list 36.0pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Ahora      mismo, los únicos que se benefician con la prohibición son los Grandes      Narcotraficantes. Los meros, meros. Esta guerra necia lo único que está      haciendo es quitarles de en medio la competencia. Nada más para que se den      una idea, el tráfico de drogas supone el 8% del mercado mundial, comparado      con la industria textil. Las ganancias y el lucro son de infarto. Nada más para hacerles pasar un coraje a estos cuates, valdría la pena.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/li&gt; &lt;/ol&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Uno de los argumentos que dan nuestros flamantes diputados y senadores en contra de la posibilidad de la legalización, es que los narcos seguirían vendiendo cannabis y más barata. Eso ya sería su problema. El grueso del negocio estaría regulado. Y hasta donde yo sé, cuando se hizo legal el alcohol, ningún secuaz de Al Capone se puso a vender anforitas de ron de a dólar en las esquinas. Si acaso, el único inconveniente real de legalizar la marihuana, es que los delincuentes “legales” de este mundo, o sea los corporativos y las tabacaleras, se apañarían la industrialización y la comercialización; la tratarían, la rebajarían, y terminaríamos consumiendo cajetillas muy bien diseñadas con cigarritos 25% cannabis. Pero es un riesgo que hay que correr.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;La legalización de la marihuana es imponderable por donde se mire. Su afán de colocarla a la par de otras sustancias mucho más fuertes, claramente dañinas (aunque quizá no mucho más que unas pastillas para adelgazar, y en muchos casos no más que el tabaco o el alcohol), es el resultado de no sé qué tipo de retorcidos intereses, y claramente de un afán represor que se terminó de instalar en los años sesenta. Una década decisiva en que los jóvenes del mundo (junto con algunos médicos, obreros y maestros) se pusieron a protestar porque ya estaban hartos de vivir con la pata del Estado en la cara. Y porque, aunque suene cursi, querían vivir en un mundo mejor. Unos nada más se pusieron flores en la cabeza y se fueron a oír conciertos en caravanas y a darse unos pases de todo lo habido y por haber; otros marcharon, gritaron y aventaron un par de granadas.  Pero el castigo fue parejo para todos. Y fue sin piedad.  Desde entonces, la marihuana quedó asociada a eso: al alebreste, a la protesta, al portarse “mal”. Es ese mensaje, y no el de que “destruye la salud” lo que propagan en el fondo las campañas mediocres de TV Azteca y los chismes de los marihuanos violadores satánicos primos del Chupacabras o como ciertos conservadores prefieran nombrarlos. La hierba está vinculada en el imaginario colectivo a las cosas feas que un joven hace para merecer el castigo de su Papá. La clase de Papá con doble moral que por otro lado se enorgullece cuando su hijo se pone una borrachera y va a su primer putero. Lo sorprendente es que Papá Estado lo hizo bien. Se cubrió de laureles con la libertad de expresión y el derecho a huelga, nos llenó la cabeza con comerciales de la tele aderezados de progreso y crecimiento económico, consiguió hacer creer a muchos que fumarse un gallo es peor que comer ratas crudas, y mientras tanto sigue haciendo con nosotros lo que se le da la regalada gana. Ojalá hoy tuviéramos las agallas de plantarnos como lo hicieron esos jóvenes hace cuarenta años. La cosa es que ni siquiera hace falta. ¿Para qué? Al fin y al cabo podemos hacerlo todo a escondidas…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Eso es lo único que pasa con lo prohibido: que se hace a escondidas. Casi siempre con riesgos. Lo legal por lo menos ofrece elección, alternativas, vías. El aborto es un buen ejemplo de esto.  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;¿Habría que legalizar &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;todas&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; las drogas? ¿Cómo controlar ese monstruo tan complejo que son las sustancias? ¿Quién las elaboraría? ¿Cómo se venderían? No lo sé. Señores legisladores, esa es su chamba. Es mucho más fácil colgarse de la prohibición y aventarle el paquete al sistema penal y a la Señora Doña Salud Pública que ponerse a discurrir, organizar y regular. Pero no se preocupen. Pueden empezar nada más por el cannabis. Con eso ya tienen para divertirse un rato. Seguramente la principio va a ser un desmadre, pero si no, no sería un verdadero cambio, ¿verdad?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Vivir es un peligro. Por más seguridad que se busque, se procure y se trate de imponer. Estamos en un momento crucial de nuestra historia. O nos dejamos de preocupar por estupideces, o de veras nos va a llevar el diablo. En lugar de pensar a quién nos chingamos y por qué lo encerramos, sería bueno sentarnos a observar la Gran Psicosis en la que habitamos, y decidir si es por ahí que queremos seguir como especie.  En un mundo  donde a los niños les da diabetes por tragar porquerías pero los que venden golosinas se gastan medio millón en hacer un comercial; donde los individuos miden su valía en función de lo que pueden gastar y consumir, ciegos ante la horripilante destrucción que implica, por más bolsas verdes que usen. Donde los países ricos explotan y agotan a los países pobres, y luego se quejan de los inmigrantes. Un mundo donde casarse entre gays es malo y pesar cuarenta y cinco kilos es deseable; donde niñas de catorce años se operan las tetas o las apedrean por adulterio. Donde se prohibe el condón pero se puede solapar por décadas a un violador de niños; donde se puede jugar X Box en línea con un alemán, un chino y un blega, mientras que el 50% (sí, el cincuenta por ciento) de los habitantes de la Tierra no han hecho ni recibido una sola llamada telefónica. Donde asesinar a otros seres humanos es “necesario” pero la marihuana es el demonio. Un mundo acomodaticio y borreguil en donde seguimos absurda, inconcebiblemente, aceptando con tranquilidad la guerra.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Sin tomar fusiles, a mí me gustaría un mundo de veras libre, inclusivo,  respetuoso; donde las leyes sirvan para regular y no para prohibir, donde más gente tenga acceso a más cosas. A experimentar, a  quererse, a parir o adoptar o a ninguna de las dos; a vivir, trabajar o estudiar en lo que quiera y donde quiera, a explorar con el cuerpo y con la mente, a viajar con el propio tiempo. Donde la tierra se cuide y se venere. Donde uno pueda hacer tonterías, equivocarse, ponerse al límite. Pero a partir de uno mismo. No de lo que los medios dicen. No de lo que los gobiernos permiten. Un mundo con menos razones y con más cabeza. Con más corazón.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Para terminar, cito a Pata Negra, con un estribillo que es de lo más sabio que he escuchado en la vida:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Amén.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;Ah. Y un par de links interesantes...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="  ;font-family:georgia;font-size:medium;"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;a href="http://www.erowid.org/"&gt;http://www.erowid.org/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;a href="http://www.youtube.com/watch?v=QrY9eHkXTa4"&gt;http://www.youtube.com/watch?v=QrY9eHkXTa4&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-1940614049609362842?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/1940614049609362842/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=1940614049609362842' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/1940614049609362842'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/1940614049609362842'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2010/11/tienes-una-mota-en-la-cabeza.html' title='La Pipa de la Paz'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-8575554779709261767</id><published>2010-08-25T23:08:00.000-07:00</published><updated>2010-08-25T23:50:07.127-07:00</updated><title type='text'>Hasta que la Iglesia nos separe</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;“Una sociedad que sacrifica a sus rebeldes, garantiza su paz pero sacrifica su futuro”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: medium; "&gt;(Mi papá no sabe de quién es la frase, pero cree que es de Anthony de Mello.)&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Ya era hora de prender el radio y oír una buena noticia en este país. Después de un fin de semana de espanto, con cuarenta y siete muertos en Ciudad Juárez y once en otros estados, a media semana llegó un bálsamo: aunque ya se podía desde el 2009, la Suprema Corte dictaminó que las parejas del mismo sexo tienen todo el derecho de adoptar menores en el Distrito Federal. La nota dio para mucho chisme. Tuve la suerte de estar en el coche, transitando Patriotismo, para oír en vivo y en directo las primeras declaraciones del cardenal de Guadalajara, Juan Sandoval Iñiguez, cuando repetía insistentemente las palabras “vida”, “familia” y “valores” en medio de afirmaciones inauditas como que la ciencia ha comprobado que los niñitos se trastornan bajo la tutela de los gays, que Ebrard había comprado a la Suprema Corte, que el Maligno existe y el PRD es su manifestación, y que con sus iniciativas malignas del maligno a favor del aborto, la anticoncepción, etcétera, le hacen más daño a México que el narcotráfico. Alucinante. Dan Brown se queda tarado. El asunto, como todo el mundo sabe, ha derivado en un maratón de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;La novicia rebelde&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; meets &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;La ley y el orden&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. Ya se demandaron, ya se contestaron, ya se metió hasta el perico y quién sabe en qué acabe la cosa. Lo que está muy claro es que, de un tiempo para acá, la iglesia católica apostólica romana no deja de hacer el oso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: medium; "&gt;Por un lado, no debería sorprendernos. Eso es lo que hace la Iglesia, ese es su papel. Entrometerse, husmear, señalar con el dedo, condenar, ser los quitarrisas. La cosa es que esta vez se pusieron de pechito para contestarles.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Sólo por no dejar, ahí va el dato Wikipedia: A 2010, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;la adopción homoparental es un derecho reconocido en Andorra, Argentina, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Guam, Islandia, Israel, Noruega, Los Países Bajos, el Reino Unido, Sudáfrica, Suecia, Uruguay y en ciertos territorios de Australia y Estados Unidos. En Alemania, Finlandia y Francia es legal la adopción del hijo del otro miembro de una pareja de hecho o unión civil. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El primero que integró todos los derechos –matrimonio y adopción- fue España, en el 2005; cosa que podría sorprender viniendo de un país católico y franquista, pero que por otro lado no sorprende de un país que siempre se ha cagado en Dios. Lo que pasa en España es parecido a lo que pasa en la ciudad de México: un gobierno de izquierda que llega a promover leyes liberales y progresistas, dejando otros temas de orden básico pendiendo en el aire. No se me entienda mal. A mí me da mucho gusto que se aprueben leyes liberales y progresistas en esta ciudad. Pero en materia de empleo, justicia, educación y del ejercicio cotidiano de la ley, seguimos en el hoyo. Así que, señores legisladores y magistrados, vayan y metan su solicitud de adopción y luego pónganse a chambear, que falta mucho. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Dicho lo cual, antes de empezar con los catorrazos contra los representantes de Dios en la Tierra, vamos a palomear lo obvio. No todos los católicos son estúpidos. No todos los perredistas son malignos. Y seguramente, no todos los gays son buenos. Debe haber un montón de homosexuales aborrecibles por el mundo (aunque hasta ahora no conozco a ninguno), pero debe haberlos, seguro. Bossie, el amante de Wilde, por ejemplo, era un tipo despreciable. A ese yo no le hubiera dado ningún niño en adopción. Aunque era tan narcisista, tan cruel y tan egocéntrico que no se le hubiera ocurrido cuidar a nadie más. Rimboud y Verlaine estaban demasiado ocupados tomándose hasta el agua de los floreros y haciéndose pedazos para pensar en adoptar. De ahí en fuera, por más que lo intento, no logro pensar en ningún gay que me caiga mal o que no le haya dado algo a la humanidad. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;En cuanto a los curas. No todos son cerrados, retóricos, aborrecibles, ratas, pederastas, hipócritas, rancios. Hay muchos que están por el mundo partiéndose el lomo en misiones, levantando hospitales, atendiendo niños abandonados y madres solteras, construyendo escuelas. En resumen, haciendo cundir su decisión de no haber tenido una familia propia para rifársela por el prójimo. Mis respetos. La cosa es que ellos no están enfundados en sotanas ni empachándose en cenas opíparas mientras discuten politiquerías viendo qué paja encuentran en el ojo ajeno y solapándose sus guarradas. Tienen demasiado que hacer.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Aclarado lo anterior, entremos en materia. “Vida”, “familia, “valores”: el terceto favorito en los discursos de los voceros de Cristo después de Padre, Hijo y Espíritu Santo y de Papá, Mamá, Hijitos. “La &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Vida&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;”… ¡cómo se les llena la boca repitiendo esa palabra! Si de veras les preocupara tanto la vida, estarían allá afuera encabezando todas las cumbres y movimientos ambientales. Estarían plantando árboles, salvando ballenas en alta mar o rescatando bebés en las inundaciones, y no condenando a niñas de trece años a una maternidad desastrosa. A propósito de la vida, lo siguiente que yo les preguntaría a estos tipos es a qué hora han dicho algo de que en este país estén asesinando un promedio de cincuenta personas a la semana. Que se sigan matando y violando a destajo en tres cuartas partes del mundo. Pero no. Su única preocupación son los delitos que atentan contra la “perpetuación” de la vida. Es decir, con la azarosa excepción de la eutanasia, los delitos que involucran el sexo. Los anticonceptivos. La fornicación. El adulterio. La sodomía. Pero de veras obsesionados. Es repulsivo. Es  ocioso, es perverso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Segundo término favorito de los obispos, cardenales, arzobispos, presbíteros, diáconos y feligreses que los acompañan: “familia”.  Para empezar, nunca he entendido qué tiene que decir de la familia un tipo que, de entrada, decidió que no quería tener una. Tan lejanos están estos personajes de la realidad de la gente, que pareciera que no tienen ni idea de que la familia, como tal, es una cosa que se da por pura suerte. Que el que haya un óvulo y un espermatozoide no es garantía de absolutamente nada. Mucho menos en tiempos donde óvulos y espermatozoides se guardan en congeladores, se inseminan en laboratorios y se implantan en vientres de alquiler. Y dejando a un lado la tecnología reproductiva, desde el principio de los tiempos, ese espermatozoide siempre pudo ser de alguien que no es necesariamente el “padre”. A veces es del tío. O del vecino. O del lechero. Se les olvida que cientos, millones de veces, esa madre pudo no estar. Se pudo morir, largar, desafanar. Y entonces la madre es la tía. O la comadre. O el hijo mayor. En mi infancia visitaba con frecuencia la casa de una amiga cuya familia siempre me sorprendió. Ella vivía con su tía abuela, a quien llamaba “mamá”; una tía, una prima, y su bisabuela octogenaria. En la casa de junto vivía su abuela con tres hijas solteras y un hijo también soltero: el padre de mi amiga. Todo funcionaba con relativa armonía. Es curioso que esta amiga se haya terminado casando con un judío. ¿Qué diría Freud? Otra amiga me contaba hace poco una historia increíble sobre su abuelo. A los nueve años era el jefe de la casa. Una casa donde vivían él, su abuela de 65 y su bisabuela de 80. Esa era la familia. Y es que &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;LA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; familia, este concepto que la iglesia se empecina en catalogar de universal, no existe como tal. Claro como el día y la noche, como los callos. Hay tantas familias como grupos de rock. La mayoría tiene una guitarra y una batería; de ahí, las variables son incontables. Y ante esa realidad, nada compleja, nada filosófica ni ambivalente, esta gente parece estar cegada. Como dándose con un ladrillo en la cabeza asegurando que es un sombrero. La familia &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;debería&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; ser, cuando menos, el grupo de personas donde uno se siente protegido, del que se siente parte. Hay veces en que ni siquiera eso sucede. Hay gente que nace sin familia o que la que tiene es un horror, y se la tiene que buscar por su cuenta. En esta absurda necedad por la trinidad mamá/papá/hijos, a estos señores parece olvidárseles que la adopción no existiría ni siquiera como término si no hubiera gente que no quiere o que no puede conservar los hijos que engendra. Se les olvida su propia historia. ¿O me van a decir que todos los curas del mundo vinieron de familias "normalitas" y funcionales?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Otra cosa que es increíble de esta ignorancia y este desapego, casi diría esquizofrénico, de la realidad del mundo, es cuando los católicos escriben o hablan. Me metí, por puro morbo, a la página de Provida. El discurso pareciera coherente, pareciera articulado; pero repasando los párrafos uno descubre que es completamente hueco, sin sustento y sin puerto. El único “argumento” que encontré en contra de la adopción gay fue este asunto de la “discriminación” que ésta supone frente a las parejas de heterosexuales que llevan años tratando de adoptar. Un argumento infantil y vago por donde se mire, pero eso sí: aderezado al infinito con la multimentada palabrita ésta de los valores, que jamás explican. Tanto la repiten, que decidí refrescarme en la catequesis para recordar cuáles son esos mentados valores, y por qué en seis años en escuela de monjas, ninguno se me pegó. Después de navegar por varias páginas católicas, no encontré nada parecido a un listado, pero sí largas parrafadas de quejas contra la falta de valores en nuestra sociedad. Finalmente encontré este texto en catholic.net:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;“Surgen así los valores cristianos que Cristo nos dejó  consignados en su mensaje evangélico.  Quizás su mejor resumen sean las bienaventuranzas que nos presentan una radiografía de lo que debería ser el corazón del hombre  evangélico: la pobreza de espíritu, la mansedumbre, la misericordia, la pureza de corazón,  la búsqueda de la paz y de la justicia, la paciencia de frente a la persecución.  Junto a las bienaventuranzas, los Evangelios subrayan también la importancia de  algunas actitudes que Cristo exige de sus discípulos: la fe, la confianza absoluta en la  Providencia, la humildad, la sencillez, la capacidad de llevar la propia cruz, la abnegación,  el perdón de los enemigos y, sobre todo, el amor mutuo que es el distintivo que caracterizará a quienes quieran seguirle.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Casi me voy de espaldas cuando veo que el autor de tan elocuentes palabras es nada menos que el padre Marcial Maciel, L.C.   Creo que lo único que cumplió ese desgraciado fue lo de la pobreza de espíritu. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: medium; "&gt;Ya entrada en gastos y por no dejar, hice un ejercicio. La generosidad, la consideración, la cortesía, la tenacidad, la persistencia, el trabajo, la tolerancia, el sentido de responsabilidad, la honestidad, el respeto, la apertura, la solidaridad, el no ser rencoroso (no sé si haya una palabra para eso); la amabilidad, la voluntad, la congruencia, el sentido del humor, la paciencia, el cuidado y la lealtad, son las cualidades por las que yo apostaría en un ser humano. (La palabra “valores”, para acabar pronto, me caga).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Tengo un amigo que ostenta cada una de estas cualidades en grado superlativo. Oscar forma parte de una familia no tradicional. Sus padres se divorciaron, se volvieron a casar y él vivió muchos años con su hermana. Tiene tías solteras, sin hijos, y otra con hijos adoptivos. También tiene dos medios hermanos. Y todos, del primero al último, se quieren. Profundamente, incondicionalmente. Oscar adora a sus sobrinos, y varias veces me ha dicho que resiente el no poder tener hijos. Sería un padre fabuloso. Lo malo es que ahora que podría adoptar niños en el Distrito Federal, vive en Australia. Y vive ahí porque este país no le daba lo que buscaba. Un vivir bien. Moverse con libertad y sin miedo, tener espacios urbanos y públicos funcionales, un sistema legal ágil, un gobierno ocupado en lo que tiene que hacer, una seguridad social que sí responde, un trabajo bien remunerado, donde no tiene que ocultar que es gay. Qué lástima. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Ahora, vamos a lo escabroso. ¿Por qué los homosexuales no pueden ser madres/padres? El argumento insoslayable de la iglesia y sus seguidores es que la homosexualidad es “anti natura”. ¿Qué diablos significa eso? Si tanto les molesta todo lo que no es “natural”, ¿por qué no se meten con las fibras sintéticas y la comida procesada? ¿Por qué no condenan los respiradores artificiales y las cirugías plásticas? Vamos a desglosarlo un poco. En el diccionario, la palabra “naturaleza” no tiene antónimo. Lo tiene la palabra “naturalidad”, cuyo antónimo es la hipocresía y la artificiosidad. Adjetivos que, por cierto, me sonaron muy adecuados para una institución que niega su propia naturaleza humana como punto de partida. María era virgen. Jesús no se murió. Desde ahí, jodido el asunto. Y los que quieran entrarle de lleno, castrados. Digo, castos. ¿Pero no era justamente esto de reproducirse y perpetuar la vida lo que más preocupa y atribula a los hombres de Dios? Sobre todo tomando en cuenta que la castidad no fue instituida sino hasta cuatro siglos después de la muerte Y resurrección de Jesucristo. Qué confuso, todo. Cuánta fe se necesita para entenderlo… A continuación, un dato sobre la sodomía que estoy &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;segura&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; que &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;todos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; los hombres de Buena Voluntad ignoraban: el empleo alternativo de los orificios anatómicos no es exclusivo de los gays. ¡Oh! ¡Qué inmoral! Incluso es bien sabido que hay muchachitas católicas que en aras de seguir siendo “vírgenes”, le dan primero al de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;detroit&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. ¿Les parece perturbador? Pues esas son la clase de cosas que sus mensajes confusos y ambiguos ocasionan. Y el mensaje central es que todos nos vamos a pudrir en el infierno. Del primero al último. Porque incluso los niñitos que andan explorando y sintiendo rico en sus fufulines, están condenados porque resulta y resalta que el sexo y todo lo que tenga que ver con él, existe y sirve exclusiva y únicamente para PROCREAR, y cualquiera que no use el sexo para procrear va en contra de la naturaleza. (A todo esto… ¿qué tenía que ver la naturaleza con el infierno? Oh, qué misteriosas e insondables son las enseñanzas del Señor…)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Que la homosexualidad existe desde que el mundo es mundo, lo debería saber hasta el más obtuso e ignorante de los sacerdotes de este congal. Pero más allá de la preferencia sexual, está esto otro: no somos perritos, señores. Tenemos fantasías, ideas, imaginación. Además de aparearnos, hacemos otras cosas. Jugamos, deseamos, nos enamoramos. Es decir, además de seres sexuales, somos seres &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;eróticos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. Aunque claro, esto seguramente tampoco lo sabían, porque ellos no se imaginan ni fantasean nada, nunca, ni lo mande Dios. Pero démosle chance. Un cura de éstos “open mind” de los que dan pláticas de pareja (¿!) seguramente diría que sí, que el erotismo y todo eso está muy bonito, pero dentro del matrimonio. Vale. ¡Entonces dejen casarse a los gays! Ah, no, ¿verdad? Porque no pueden tener hijos… pero esperen un momento… ¡ya pueden! No, nonono, pero tienen que ser de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;ellos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. De su sangre, de su carne, a su imagen y semejanza. Oigan, pero… ¿y entonces una pareja heterosexual que no puede tener hijos propios? Este… este… valores. Hay que tener muchos valores. Y fe. Mucho de eso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Como sea. Señores católicos, las leyes de la naturaleza son anárquicas, imponentes e incomprensibles. La explosión de los volcanes y la formación de los tallos, las hojas y los géiseres nada tiene que ver con que dos hombres o dos mujeres se gusten. O sí. Lo que nada tiene que ver con eso, es Dios. O no como nos lo imaginamos. Tengamos un mínimo de sensatez y sentido común, por piedad. Hace QUINIENTOS años que Copérnico nos dejó clarísimo que no somos el centro del universo. Somos una pelotita ínfima, diminuta, flotando en medio de trillones de estrellas y años y milenios y gases y planetas y quién sabe qué más. No podríamos ni empezar a imaginarlo. Si acaso hay un ser, una fuerza, un algo, lo que sea, que está detrás y alrededor de todo eso, ¿de veras creen que está pendiente de si alguien come carne un viernes santo o cuánto dio de limosna o quién se coge a quién? ¿Es posible que más de un millón de personas en este planeta puedan afirmarlo? No me extraña que nos estemos yendo derechito al carajo. Y no sólo es la iglesia. Es que hay gente, con hábitos o sin ellos, que piensan que pueden atorarse a quien sea, embolsarse el dinero del vecino o de un país entero, desforestar, contaminar y mandar matar a quien amenace su carísimo patrimonio, porque siempre y cuando se confiesen y comulguen, todo está bien. ¡Qué peligro! Eso sí que es un peligro para la nación. (¡Peor que le narcotráfico!) Lo único que va a ocasionar la perpetuación de esta escoria en el mundo, es nada menos -qué ironía- que la destrucción garantizada de la vida. En todas sus formas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Y ya entrados en gastos, esto va para todas las religiones. Marx lo tenía clarísimo. Y Nietzche. Pero no sólo son el opio del pueblo: las religiones son el aparato discriminatorio más rampante de este planeta. Cualquier persona, cualquier grupo de personas, que crean que poseen LA verdad porque DIOS se los dijo, a ellos y sólo a ellos, y todos los demás están idiotas, y les da permiso de imponer esa verdad a costa de lo que sea, son una amenaza más aterradora que cualquier virus y que cualquier misil. Nada más hay que hacer cuentas y ver cuántos muertos cargan los dioses de la historia a sus espaldas. Y aunque últimamente nos han metido en la cabeza que el islamismo radical está de miedo, no nos equivoquemos: la lógica es exactamente la misma. Si existe el Mal en esta Tierra, es éste.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Dios es el nombre que se le da a un autoritarismo que no puede imponerse por sí solo. Y el tema del autoritarismo siempre se reduce a lo mismo: el poder. Conservarlo. Amarrarlo. Y para que se conserve el poder, se tiene que conservar un orden de las cosas. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: medium; "&gt;Volviendo al tema de los gays (que nunca hemos abandonado), Elisabeth Roudinesco lo explica muy bien:&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: georgia; font-size: medium; "&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;“El gran deseo de normatividad de las antiguas minorías perseguidas siembra el desorden en la sociedad. Todos temen, en efecto, que no sea otra cosa del signo de decadencia de los valores tradicionales de la familia, la escuela, la nación, la patria y sobre todo la paternidad, el padre, la ley del padre y la autoridad en todas sus formas. En consecuencia, lo que perturba a los conservadores de todos los pelajes ya no es la impugnación del modelo familiar sino, al contrario, la voluntad de someterse a él. Excluidos de la familia, los homosexuales de antaño eran al menos reconocibles, identificables, y se los marcaba y estigmatizaba. Integrados, son más peligrosos por ser menos visibles.”&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;En otras palabras, mientras los homosexuales hagan sus “guarradas” escondidos y en la clandestinidad, no sugieren ningún peligro real. El peligro es que se integren a la sociedad y desde ahí cuestionen la Autoridad y la desarticulen. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;(El libro se llama la &lt;i&gt;La familia en desorden&lt;/i&gt; y a los representantes de Dios en la Tierra podría interesarles. Viene todo. Desde Edipo hasta el establecimiento del matrimonio por amor en los países “avanzados” del siglo XVIII, pasando por la estrepitosa caída del Padre hasta la inseminación artificial).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Esta cita de Roudinesco me recordó  otra. “Si los hombres perdemos las pocas fuentes de superioridad que tenemos, vamos a empezar a hacer cosas indignas”. Eso lo dijo en los años cuarenta Aquiles Elordy, un diputado del PAN, como argumento para no otorgar el derecho a voto a las mujeres en México. Sí, caray… qué miedo da que las minorías ganen poder, ¿verdad?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Lo siguiente que voy a decir va a sonar a una barbaridad, pero la verdad es que tiene su punto triste el que los homosexuales, lesbianas, transexuales y transgénero se integren del todo a la sociedad. Una vez mi amiga Jasmine, lesbiana, de Montreal, me contó que el día que se aprobó la unión civil para los homosexuales por allá, salieron cinco pelados a las calles. Un porcentaje ridículo contra la cantidad de gente que se congregaba para las protestas y el reclamo de derechos. Sería muy triste que los gays perdieran todo el sabor de su sentimiento de minoría, de lucha, que al contrario de otras minorías más “enojadas” y más solemnes, tiene este punto lúdico y estridente con sus desfiles multicolor y sus besos en la calle al son de “Love is in the air”. Sería una pena que se volvieran serios. Que se volvieran rígidos. Que se volvieran… conservadores. Como los homosexuales que apoyaron a Geert Wilders, el político de derechas que promovió toda clase de amonestaciones, multas y bloqueos migratorios a los musulmanes en Holanda. Aunque también es verdad que los musulmanes estaban golpeando más gays en las calles que sacos en un ring… Sí, la humanidad es muy complicada. Mucho. Lástima que no haya Dios que nos vaya a venir a salvar. Ni modo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Ya por último. Con el argumento anti-natura medio tambaleante, los representantes de la iglesia se vuelven de pronto expertos psicólogos, sociólogos y pedófilos, digo, pedagogos, y opinan que los hijos adoptivos de parejas homosexuales van a tener muchos problemas de identidad y de adaptación social. Eso, si no resultan ¡qué horror! homosexuales también. En mi humilde opinión, tal vez los hijos de familias homoparentales salgan medio hechos bolas y los muelan en la escuela (cada vez menos conforme se legitimice y se acepte la homosexualidad). Tal vez salgan medio histéricos, fans de los musicales y de la ópera. Igual les salen transas, bipolares, sacerdotes. Tal vez, como recién escuché, ¡hasta les salgan bugas! Pero al menos serán los hijos de dos personas que tomaron la decisión. Convencidos, dispuestos, con ganas. La vida no será ni más ni menos complicada que la de cualquier niño nacido y criado por un hombre y una mujer, católicos, casados, que sean sus  verdaderos padres. Ese fue mi caso y llevo diez años en psicoanálisis… &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-8575554779709261767?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/8575554779709261767/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=8575554779709261767' title='14 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8575554779709261767'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8575554779709261767'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2010/08/hasta-que-la-iglesia-nos-separe.html' title='Hasta que la Iglesia nos separe'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>14</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-6523686491729498586</id><published>2010-06-29T22:32:00.000-07:00</published><updated>2010-06-29T22:43:30.966-07:00</updated><title type='text'>El Juego</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Una vez mi amiga Claudia y yo escribimos un corto que se perdió por ahí. Era el tránsito de un encendedor a través de varios dueños, y el tema de fondo era perder. Perder el tiempo. Perder peso. Perder el camión, el avión, el lugar. Perder la chamba. Perder la chance. Perder la cabeza. Perderse. Me perdí tres horas. Me perdí en tus labios. Perder las llaves, la mano, la cartera, el partido, el estilo, el sentido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Si existiera un “perdómetro”, por estos días México estaría ganando. Argentina nos mete una madriza deprimente, esperada pero chafa y mal arbitrada: el mundial, como cada cuatro años, se nos queda sin sal y sin chiste en su recta final; luego (bueno, antes), se nos muere el único tipo que era capaz de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;pensar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; este país y de pensarlo con lucidez y claridad; y hasta que matan a un candidato a gobernador, alguien medio que le sube al radio y medio que se entera que en México, de unos tiempos para acá, están matando hasta al perico. Y que se va a poner peor.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;La de México es una historia de pérdidas. Hemos perdido el territorio no una, muchas veces. Lo que ganamos con grandes movidas “nacionales” como la expropiación petrolera o nuestra oriunda constitución lo perdemos en burocracia, nepotismo y estupidez. En unos meses nos vamos a poner gorritos tricolores y a echarnos espuma en la cara para festejar que hace cientos de años ganamos una o dos revoluciones que no ganamos, porque lo que pasó es que las cedimos. Y ahora un promedio de quince personas a la semana están perdiendo la cabeza (sin metáfora) para ganarles a unos cabrones imbatibles. El único que gana consistentemente en este país es Carlos Slim. (Pero hasta donde sé, sólo dinero).  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;V&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;olviendo al fútbol, mi amiga Marcela Lizárraga se aventó hace unos días una disertación atinada e intensa (como suelen ser sus disertaciones) sobre el “&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;loserismo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;” mexicano. Desde que nos conquistaron los gachupines seguimos agachando la cabeza, agüitándonos a la mínima. No tenemos la mentalidad ganadora, llegan unos más blancos / güeros / altos / mamados y en lugar de meterles goles nos mordemos el rebozo y nos ponemos a limpiarles la mesa y a decir “lo que se le ofrezca”, “esta es su casa”, “con favor de Dios, “a sus órdenes”, “para servirle”, “con permisito”, “le echamos ganas”, “ahí pa’ la otra”. Pero sobre eso ya disertó largamente Octavio Paz. Y Monsiváis. Y todos lo sabemos. ¿Solución? Para mí, meter al pueblo mexicano a psicoanálisis. Cinco veces por semana durante quinientos años. Y saldría barato.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Pero hablar de pérdidas no siempre es malo. Para nadie es noticia que la dicha se mide por contraste. A ver… ¿quién nos quita ese triunfo sobre Francia hace dos jueves? ¿Quién? En ese partido ganamos el mundial. Fue una alegría, una fiesta. Todos supimos que ese era &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;nuestro&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; partido. Que ese sería nuestro gran triunfo en Sudáfrica, aunque quisiéramos pensar (aunque &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;siempre&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; queramos pensar) que vamos a llegar a más. Pero ya lo dijo el maestro Sabines:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;Entreteneos aquí con la esperanza.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;El júbilo del día que vendrá&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;os germina en los ojos como una luz reciente. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;Pero ese día que vendrá no ha de venir: es éste.&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;México no está acostumbrado a las alegrías duraderas; somos una nación de goces efímeros. Tal vez por eso nos gusta tanto el fútbol. Y tal vez por eso somos tan “alegres”: porque la mayor parte del tiempo somos miserables.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El juego, el perder o ganar, es una idea tan indispensable en el nuestro imaginario colectivo (no sólo el de los mexicanos: el de toda esta especie), que nuestra narrativa está casi por entero basada en ello. Como con casi todo, fueron los griegos los que echaron a andar la maquinita. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Aristóteles sentó las bases para la tragedia, sobre las que luego todo el mundo teorizó y se volvieron la estructura elemental para todo lo que fuera drama (o acción dramática, para no confundir con el género en sí). Uno de los conceptos claves del drama es el término griego &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;agon&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;, del que surgen las palabras prot&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;agon&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;ista y ant&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;agon&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;ista, quienes en cualquier historia (desde el romance hasta la ciencia ficción pasando por la intriga policíaca) básicamente se dedican a desear y a tratar de obtener algo que se contradice. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Agon&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; viene de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;agonia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;, que singnifica “juego competitivo”. De este modo, el drama no es más que una especie de partido de fútbol que va creciendo en tensión. El único requisito (que no siempre se cumple) es que sea un juego donde tanto el protagonista como el antagonista tengan iguales oportunidades de ganar: que sean dignos oponentes. Sólo si las fuerzas están niveladas, tendremos un conflicto verosímil y una trama interesante. Estos preceptos aplican desde Medea y Hamlet hasta Blancanieves y Shrek 1, 2 y 3.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Y van más allá. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;En el argot “guionístico” existe un concepto indispensable a la hora de construir tramas. Faltando unos veinte o treinta minutos para que acabe la película (o unos diez para que termine el episodio), todos los guionistas sabemos que llega el momento de construir un algo que se denomina &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;todo está perdido&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. Así, tal cual. Es el momento en que los malos capturan al héroe, en que los amantes se separan por una terrible confusión, en que el zombi está a punto de matar a la única sobreviviente del campamento juvenil. Es gracias a ese momento –el momento en que &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;todo&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; está perdido- que cobra sentido todo lo que sigue después: los minutos antes de que acabe la película donde el héroe logra escapar y chingárselos a todos, en donde el amante llega milagrosamente al aeropuerto para detener y retener a su chaparrita, donde la sobrevivienteadolescente, con las vísceras ya medio colgando, logra tomar el hacha y matar al zombi. Es decir, el momento en que todo se recupera, se revierte, se reivindica, se &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;gana&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Así ocurre a veces en la vida. La mayoría de las veces, no. Empezando por aquello de antagonizar con oponentes dignos. El problema es que la ficción nos ha enseñado a que así &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;debería ser&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. Y a veces vamos por la existencia actuando como si esto de veras fuera una película donde los éxitos y los fracasos son calculables y categóricos. Donde los árbitros son justos. Donde no existe el azar.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Creo que hay pocas cosas que le hagan más daño a ser humano como los abominables términos imperialistas de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;winner&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; y &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;loser&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. A causa de palabras como esas hay gente deprimiéndose, canibalizándose y asesinando a sus compañeritos en las escuelas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Felizmente la vida real no se mide con marcadores, aunque así lo parezca. Aunque haya gente odiosa que aparentemente gana siempre y otra a la que siempre (¿siempre?) le va de la fregada. En el fondo todos sabemos que el ganar y el perder puede ser tan grata como desastrosamente relativo. Y además, hay ocasiones en que uno no sabe si ganó o si perdió sino hasta mucho tiempo después. El otro día tuve una prueba fehaciente de ello. Abrí el periódico y en primera plana vi la reluciente imagen de un antiguo compañero de talleres literarios. Iba vestido de smoking y abrazaba a González Iñárritu y a Bardem. Antes de eso, hará un par de años, nos topamos y el resumen de su vida era una penosa lista de pérdidas: su mujer lo había dejado, le habían robado la casa, no tenía un clavo, estaba intentando levantar una película pero se le había caído el financiamiento. Esa película figuraba en la primera plana del periódico porque se acababa de ganar el premio como mejor ópera prima en Cannes. ¿Habría ganado si a este hombre no lo deja su esposa y si no toca un punto en donde no tiene “nada que perder”? Quién sabe. Como sea, esta situación me hace pensar en una frase que me gusta muchísimo: el que ríe al último, ríe mejor. (A lo mejor un día terminamos riéndonos de los argentinos, de los gringos y del pendejo de Calderón con nuestra mejor carcajada. Dios mediante…)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Yo no llevo bien lo de las pérdidas. Me las fleto (como casi todos) porque no hay de otra. Lloré a mares cuando terminé la primaria, me tardo lustros en olvidar los amores y hace siete años que suspiro casi todos los días por mis años en el Raval y en Malasaña. Mis cuadernos están repletos de odas a la nostalgia y la melancolía, de desesperación porque las cosas y las horas pasen y nada más pasen, por la imposibilidad de asir. Yo no sé entonces cómo no me ha dado un shock diabético en el lapso de este año que corre, donde mi recuento de pérdidas incluye dos macbooks (una la sigo pagando); mi ipod con varios años de esmerada inclusión musical y todos mis discos; todas mis películas, toda mi bitácora virtual y medio año de notas para un libro. Y tal vez no me ha dado el shock diabético porque el factor ganancia (o el factor alegría, llamémosle mejor así por si acaso), también ha sido considerable. Y tal vez sea por eso que en esta racha, la mayor ganancia de todas ha sido llegar a la conclusión de que la vida nunca corre en un solo carril, sino en muchos carriles simultáneos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El que me encuentre escribiendo el día de hoy sobre pérdidas no es coincidencia. Creo que ya me estaba tardando. No tengo ganas de hablar, sin embargo, de la pérdida más temible que ronda mis días, y seguramente la que detona todas estas reflexiones. La cosa es que recién me di cuenta de que antes &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;de que mi colección musical desapareciera para siempre jamás, una de las canciones más repetidas en mi Itunes era una de Midlake que reza:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Did you ever want to be overrun by bandits&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;to hang over all of your things and start over new?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Luego, hace unos días me encontré esto en un diario del mes de noviembre de 2009:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Ahora están con que el mundo se acaba en el 2012. Los mayas dijeron: “Morirán los hombres, morirán los dioses”. Yo encuentro bastante factible que suceda. Sólo que no como nos lo imaginamos. No con maremotos y placas continentales rotando y puentes colapsándose. Pero de que esto no aguanta como está por mucho tiempo, no aguanta. El fin del mundo no  me da miedo. Ya me tocó verlo (el mundo) y de todas formas nos vamos a morir. Todos. El que la muerte sea colectiva sólo le añadiría dramatismo, no novedad.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Semanas después:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Todo esto desaparecerá. Estas sillas de plástico, estos costales de café, esas vitrinas, ese toldo, todas estas personas. Ese viejo, esa joven y ese perro. Todo se irá. Es un alivio. Está todo tan saturado, tan cargado, que tranquiliza saber que no tenemos que hacer nada: algo se encargará de limpiar, de depurar, de renovar. Cuánto se antoja pensar en un planeta salvaje otra vez, nuevo, puro. Que se borre todo lo dicho, escrito y pensado. Dejar de preocuparse por permanecer. Por salvar a Bach, a Leonardo y a Shakespeare, las joyas de la corona, los mapas de los fenicios, los frisos y las columnas. Todo está perdido ya de todos modos. Ya no somos esos hombres, y también desapareceremos. Nada puede asisrse. Hay que aceptar la pérdida. Hay que aceptarla. Hay que congraciarse con la finitud de todas las cosas. Solamente una vez amé la vida. Solamente una vez y nada más.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Cuando releí esto me dio un poco de risa porque lo cierto es que si ahora mismo empezara a temblar, todas mis filosofías budistas del desprendimiento se irían por un tubo y yo me cagaría encima. Pero sí hay cierto alivio en abandonarse, de vez en cuando, a la conciencia de que la pérdida irremisible está en nuestra naturaleza. Que arranca desde que nacemos. Que está ungida en cada segundo que suma (o resta) el reloj. Que cada vez que ganamos algo, va de la mano la posibilidad inminente de perderlo. Todo es una pérdida potencial; todo, todos, podrían esfumarse en cualquier momento.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span lang="ES-MX"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Pero sin esa posibilidad, nada tendría sentido. Por eso despertamos cada día y salimos a la calle y a la vida arriesgando el pellejo como si fuéramos a ganar algo más que experiencias y a perder algo menos que segundos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Salimos a jugar todos los días porque sabemos que el día que perdamos lo único que es de veras indispensable, no lo vamos a echar de menos. Eso es otra cosa que los mexicanos llevamos bajo la piel: no podríamos ser tan igualados y descarados con la muerte si no estuviéramos tan acostumbrados a perder, y a perder tanto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Hay que jugar. Hay que jugar todo el tiempo. No queda de otra.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Sabines, como siempre, lo dijo mejor:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;Alguien me  habló todos los días de mi vida&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;al oído, despacio, lentamente. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;Me dijo: ¡vive, vive, vive!&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;i&gt;Era la muerte. &lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="EN-US"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-6523686491729498586?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/6523686491729498586/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=6523686491729498586' title='13 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/6523686491729498586'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/6523686491729498586'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2010/06/el-juego.html' title='El Juego'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>13</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-7555878053620510190</id><published>2010-05-13T22:42:00.000-07:00</published><updated>2010-05-13T23:28:16.598-07:00</updated><title type='text'>Escenas de La Habana</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/S-zqAIJ72UI/AAAAAAAAADE/bDNfFlmztlE/s1600/DSC00129.JPG"&gt;&lt;img style="text-align: justify;display: block; margin-top: 0px; margin-right: auto; margin-bottom: 10px; margin-left: auto; cursor: pointer; width: 320px; height: 240px; " src="http://2.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/S-zqAIJ72UI/AAAAAAAAADE/bDNfFlmztlE/s320/DSC00129.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5471004935258364226" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/span&gt;&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; INT. AEROPUERTO INTERNACIONAL JOSÉ MARTÍ. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Una incrédula EXTRANJERA (30’s) desciende del avión. Avanza mirando para todas partes, fascinada por la decadencia del lugar, por las faldas muy cortas de las empleadas, enfundadas en medias a cuadros, blancas, negras y café con leche (las empleadas), quienes ríen a través de sus walkie talkies y bromean con los empleados, también multicolor. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Al salir rodando su maleta, la extranjera es de inmediato abordada por un TIPO (30’s), panzoncito, carismático; la clase de hombre entrenado para infundir confianza. Le ofrece un taxi.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;TIPO: ¿De dónde viene?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA: De México.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;TIPO: ¿Sonora, Tamaulipas, Tampico, Monterrey, Guadalajara, Yucatán, Zacatecas…?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA (sonriendo, encantada): De la capital, del D.F. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Luego anuncia que tiene que cambiar dinero. El tipo la espera. La extranjera cambia 100 dólares, equivalentes a 80 y pico CUC (peso cubano convertible). Cuando se aleja con el tipo de los taxis, éste aclara:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;TIPO: El viaje le cuesta 46 ceucé. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera se paraliza. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA: ¿No hay transporte público? (El tipo niega) ¿Otras tarifas?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El tipo la dirige a un automóvil amarillo, desvencijado, que conduce un negro robusto. Antes de meter su maleta a la cajuela, aclara, casi ofendido:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;TIPO: Aquí no hay tarifas, señorita. Esto es socialismo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXT. CALLE DEL OBISPO. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera y otros dos EXTRANJEROS (Extranjero 1: 30’s, pestañudo, muy bronceado por el sol; Extranjero 2: rubio, enorme, australiano de origen), caminan bajo una incipiente lluvia. La calle es peatonal, transitadísima; conviven cafés y tiendas para turistas lo mismo que establecimientos (oficinas, escuelas, salones de belleza) salidos de una revista color sepia de 1958. Los árboles florales rompen las fachadas de un par de edificios cayéndose a pedazos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros se meten en un café.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. CAFÉ PARÍS. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El café es oscuro, maderoso y decadente, tal y como a la extranjera le gustan los cafés. Además es el primer café que se toma en el viaje. Al primer sorbo, supera sus expectativas. Todo marcha de maravilla, excepto que Jennifer López suena en la tele y en las bocinas del local a todo volumen. Luego entra un trío de salseros. Los extranjeros piden unas tostaditas de queso para desayunar. Extranjero 1 no se las puede comer porque tienen demasiada cebolla. Cuando el trío salsero se va y regresa Jennifer, los extranjeros salen despavoridos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXT. PARQUE CENTRAL. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros hacen turismo del más burdo y vergonzante. Le toman fotos a los coches de modelo antiguo. Le toman fotos al capitolio y a los edificios. Le toman fotos a las iglesias. Le toman fotos a las masas reunidas en la plaza, hombres en su mayoría, que manotean y se quitan la palabra hablando, según entienden los extranjeros, sobre electrodomésticos y béisbol. De pronto, son abordados por un señor. Desde luego, muy&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; charming&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CONDUCTOR: Where you from? I’ll show you Habana Vieja like you never seen. If no, I give you the horse.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXT. CALLES DE LA HABANA VIEJA. TARDE&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El caballo repiquetea. Los tres extranjeros viajan a bordo de una calandria. El CONDUCTOR es un hombre de cincuenta y tantos años, con ojos claros y sombrero, que lo traduce todo al inglés, fuma compulsivamente cigarrillos Monterrey (tabaco negro, sin filtro), y le gusta alardear que las llamadas que recibe en su celular  son de “sus mujeres”. Los lleva bordeando toda la Habana Vieja; les enseña el hotel donde vivió Hemingway y después se hospedó Sting, la casa de José Martí y la estatua de Agustín Lara. Se detiene en un restaurante. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CONDUCTOR: Aquí van a comer espectacular. Langosta, camarón… ¿Les gusta la langosta, el camarón?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Cuando entran todos al restaurante les explican que hoy sólo hay cerdo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El conductor para en una pequeña tienda donde se vende “el mejor ron de Cuba” Los extranjeros lo prueban. A la extranjera le gusta. Compra dos botellas y tres paquetes de café molido para regalar. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El conductor los lleva a un expendio de puros. La extranjera compra una caja de puritos Cohiba.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXT. CAJERO AUTOMÁTICO. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;A la extranjera se le han terminado los CUC’s. El cajero rechaza sus tarjetas. Al indagar en el banco, le explican:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EMPLEADA: Su banco tiene un convenio con Estados Unidos. Con esas tarjetas no puede disponer de dinero, acá. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera, consternada, cambia los pesos mexicanos que de pura suerte lleva en la cartera. No compra un solo regalo más en el resto de la vacación.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. BAR. NOCHE&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros esperan. El lugar de baile no abre sino hasta las once y son las diez treinta. Éste es un local a dos puertas. Es un bar pero parece heladería. Venden pizzas. Los extranjeros se comen una entera y se toman ocho mojitos. (Seis se los toma Extranjero 2). Mientras, la extranjera gira la cabeza como el exorcista para aprehender la fauna del lugar. No hay turistas. Van entrando, sobre todo, cuartetos y quintetos de mujeres. Todas negras y mulatas. Todas con atuendos atrevidos, de colores audaces. Todas van a bailar. La extranjera se siente de pronto ridícula con su falda arriba de la rodilla y su blusa con mangas. Al menos la blusa tiene un poco de escote.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. CASA DE LA MÚSICA. NOCHE&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros esperan más. El grupo de la noche no comienza a tocar sino hasta las 12. Los extranjeros se entretienen bebiendo más mojitos y daiquiris. No dejan de mirar a una negra despampanante que lleva unos shorts blancos con unas piernas tan largas que rompen el piso, y que se contonea como una auténtica diosa de la fertilidad. Al tercer daiquiri, la extranjera declara:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA: En mi siguiente vida quiero ser negra. Y bien zorra. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros bailan. Y bailan. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. TAXI. DÍA-NOCHE-TARDE-AMANECER&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Todos los taxistas de la Habana son iguales a casi todos los cubanos. Agudos, orgullosos, echados pa'lante. Todas las conversaciones son idénticas. Hablan con la soltura de quien está acostumbrado a recibir las mismas preguntas y responderlas mil veces. No, Fidel ya no circula. Sí, Raúl es muy estricto. El nieto de Raúl es el que viene. Es más liberal. Nadie habla realmente de su condición, nadie se queja. Admiten que hay una “mala economía”, nada más. Y todos dicen que el CUC les afecta igual a ellos que a los extranjeros. Los extranjeros no terminan de creerles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXT. PLAZA DE LA REVOLUCIÓN. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros descienden de un taxi. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros se toman una foto frente al monumento dedicado a José Martí.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros se toman una foto frente al edificio donde está Ernesto Guevara y su famosa frase “Hasta la victoria siempre”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros se toman una foto frente al edificio donde está un señor de turbante que no saben quién es y que alguien les aclara se trata de Camilo Cienfuegos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros toman un mototaxi y se van a tomar mojitos y a fumar un puro al Hotel Nacional.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXT. CALLES DEL VEDADO. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El viento le trepa el vestido a la extranjera hasta el cuello. El día es perfecto. El sol centellea. Cada casa es un sueño; las que tienen columnas, las que tienen terrazas, las que tienen persianas de madera y las que tienen patios; las que se caen y las que no. Cada árbol y cada palmera de cada calle corta el aliento. A la extranjera le suenan las tripas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. PALADAR LOS AMIGOS. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;A la extranjera le da tiempo de fumarse tres cigarros antes de que lleguen los platos. No le importa. La cerveza Cristal se le sube rápido a la cabeza y está feliz de que aquí sí se fume, donde sea, en interior. Los tres comen platos de ropa vieja, cerdo frito, yuca, arroz y frijoles. Ellos no lo saben, pero esta es la mejor comida que harán en la vacación.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. HELADOS COPPELIA. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros se brincan tres colas kilométricas. La extranjera, que ha visto gente haciendo cola para las cabinas de teléfono, para el transporte y para quién sabe qué más pero para todo, asegura: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA: Seguro están esperando el camión. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Es así como involuntariamente los tres se encuentran en cuestión de diez minutos, y no dos horas, en una mesa de la heladería más famosa de la Habana. No parece heladería. Más bien parece escuela, iglesia, oficina pastoral. Los extranjeros son los únicos extranjeros que ocupan una mesa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EMPLEADO: Hay vainilla, fresa y chocolate. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;También hay pastel. Los extranjeros piden de todo y esperan. Y esperan. Y esperan. Y mientras esperan, son testigos de la escena más insólita. En  la mesa contigua, una mujer pide algo así como dieciocho bolas de helado de chocolate. En cuanto el empleado se va, la mujer las echa, una a una, en una bolsa de plástico. Al cabo de un rato repite la operación con bolas de vainilla. Para cuando llegan los helados de los extranjeros, sólo queda fresa y chocolate. A la extranjera le saben a helado de su infancia, como del Tom Boy. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EMPLEADO: Son dieciséis. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;A los extranjeros les parece carísimo. Sobre todo después de haber visto a esa mujer embolsarse –literalmente- aquellos helados como si los regalaran. El empleado explica:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EMPLEADO: Son cinco por cada helado y uno del pastel. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Los extranjeros pagan dieciséis pesos convertibles cubanos. Se van de ahí con la sensación de haber sido estafados. Así ha sido, en efecto. El helado cuesta cinco pesos cubanos, el equivalente a 10 centavos de la famosa moneda convertible. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;FLASH FORWARD: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;TAXISTA: Él les sirvió un helado de listo y ustedes se comieron un helado de tontos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. CAFÉ TABERNA. NOCHE&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA (O.S.)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;No le hagan (siempre) caso al Lonely Planet. La antigua “casa” de Benny Moré es ahora un local bonito pero avinagrado donde el grupo de son se calla demasiado temprano y la langosta mariposa sale barata porque está como piedra y sabe a pollo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. TERRAZA HOTEL. NOCHE&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Cuatro negras rompen bocinas y caderas en el lobby. Una en el piano, otra en las percusiones, otra en el bajo y otra al micrófono. Son buenísimas. Buenísimas. Han conseguido poner a bailar a más de un carcamán europeo y a su esposa descoordinada. La extranjera, sin embargo, se encuentra muy lejos del barullo, en la mesa más apartada de la terraza a donde alcanza a llegar el Internet inalámbrico.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;TRANSICIÓN:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;1:30 a.m. La extranjera cierra la tapa de su computadora. Ha terminado de corregir un guión. (Trabajar en las vacaciones es su maldición; ya se acostumbró). Se estira, satisfecha; guarda sus cosas y se levanta. En la mesa hay dos tazas vacías de café. (Cubano). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. HOTEL – HABITACIÓN. NOCHE&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;5:30 a.m. La extranjera se levanta al baño por vez número 8 en cuatro horas. No ha pegado ojo. Está hecha un lobo rabioso y golpea con desesperación la pared de azulejos. No ayuda que Extranjero 1 y Extranjero 2 den vueltas en las camas contiguas y balbuceen en australiano. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXT. HABANA VIEJA – CASCO ANTIGUO. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera tiene toda la tarde para ella sola. Extranjero 1 y Extranjero 2 salieron temprano a tomar un tren para conocer algo de las “afueras”.  La extranjera decidió quedarse y dormir al menos dos horas que al final fueron cinco. Arranca en la plaza de Armas. Se está un buen rato viendo los libros viejos. Todos son clásicos de la literatura universal o de socialismo. También hay postales. Todas son de Fidel o del Che. La extranjera compra tres. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera visita la catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada, mejor conocida como la Catedral de la Habana.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera visita la plaza Vieja. Toma video.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera visita la plaza de San Francisco. Habla con otro conductor de calandria, éste negro y con mucho acné, quien le pregunta si no quiere un novio guapo, cariñoso, amable, trabajador. La extranjera lo medita.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera se detiene en un local de la calle Mesones donde sólo venden pizzas individuales, limonada y “cremitas” de dulce de leche. Pide una de cada una. La EMPLEADA dice:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EMPLEADA: Son diez. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA: ¿Diez, qué?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EMPLEADA: Diez pesos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA: ¿De cuáles?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EMPLEADA (Con un mohin): Cubanos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA: Aaaaaah. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Luego de recibir la cifra exacta de 25 centavos CUC, la empleada saca a colación el tema del narcotráfico en México. Está espantadísima. Se imagina que ir a México es garantía de que te corten la cabeza. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EMPLEADA: Aquí somos muy pobres pero nunca se han visto esas cosas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera ignora que a pocos pasos, Extranjero 1 y Extranjero 2 han vuelto de su recorrido en tren y se beben unos mojitos en la Bodeguita del Medio, donde una “santera” entra a hacer “bailes extraños”. A la extranjera le hubiera gustado ver eso. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera se toma un café en el Café Habana, que hace esquina nada menos que con la calle... ¡de la Amargura! &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;CORTE A:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera fuma en una banquita del parque central. Un joven SOLDADO (20) se acerca a pedirle un cigarro. Al ver la cajetilla de Delicados, finge preocupación:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;SOLDADO: ¿No eres cubana?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA (Halagada, pizpireta): No. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;SOLDADO: Perdona, es que ahora hay mucho control con lo de acercarnos a los turistas, tú sabes. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera sabía lo contrario y ya le extrañaba. Ahora ya sabe. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;SOLDADO: ¿Y qué te gusta más de la Habana?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA (No sabe si miente o no): La gente.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;INT. CAFÉ INGLATERRA. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera se toma un café en la terraza del hotel Inglaterra. Es una belleza. Madera clara, ventiladores y techos altos. Platica con un señor hindú que creció en California y reside en Mérida hace treinta años. La extranjera decide que éste será el último café del día, para poder dormir.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXT. PASEO DEL PRADO. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera camina por el paseo del Prado, o paseo José Martí. Le recuerda a la rambla de Barcelona, sólo que éste es mucho más arbolado y más diáfano. No hay puestos de flores ni estatuas humanas del Hombre Araña ni gringos con cámaras ni loquitos cada tres pasos. Sólo hay edificios bajos, neoclásicos y moriscos, hermosos y derruidos, a los costados; niños jugando al fútbol y poca gente paseando. A la extranjera le dijeron hace muchos años que las fotos donde no sale gente, a la larga no se les presta atención. A ella no le importa y dispara la cámara sabiendo que todo es inútil. Que con gente o sin ella, nada le hará justicia a todo esto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXT. MALECÓN. DÍA&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Atardece. El malecón comienza a salpicarse de parejitas y grupos de jóvenes que abren botellas de ron y sirven vasos de plástico. La extranjera ya no puede más. Necesita &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;salir&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; en alguna foto de esta tarde. Hay una parejita cerca. Le sabe mal interrumpir porque los enamorados están muy estando, ella recargada en el pecho de él; él sobándole la pancita. Pero toman la cámara de muy buena gana. La foto la hace ella. Le pasa la cámara a la extranjera. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;ENAMORADA: Mira a ver si te gusta. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La extranjera mira. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;EXTRANJERA: Sí, está muy linda. Gracias. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Y es verdad que le gustó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Luego se está quieta con las fotos y se pone a ver, nada más a ver, cómo el mar rompe contra la vieja muralla y el cielo se va dorando igual que la ciudad. Y lo único que le consuela de no poder &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;asir&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; todo esto, de saber que lo va a perder de vista para siempre, es lo mismo que la consuela desde que lloraba sin consuelo después de su primer fiesta de cumpleaños, creyendo que nunca se lo iba a volver a pasar igual de bien. Aquella vez, su hermana le dijo:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;“Todo lo bueno se termina para que venga algo mejor”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Y hasta ahora, afortunadamente, se ha cumplido.  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-7555878053620510190?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/7555878053620510190/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=7555878053620510190' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/7555878053620510190'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/7555878053620510190'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2010/05/escenas-de-la-habana.html' title='Escenas de La Habana'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/S-zqAIJ72UI/AAAAAAAAADE/bDNfFlmztlE/s72-c/DSC00129.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-8184299427278647387</id><published>2010-04-02T20:16:00.000-07:00</published><updated>2010-04-03T01:22:22.214-07:00</updated><title type='text'>Coyoacán Joe: Pasión, muerte y resurrección</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El contexto. Hace unos pocos años, circuló cual porro en fiesta del CCH Oriente un video musical titulado “Coyoacán”, pero que pronto comenzó a identificarse como “Coyoacán Joe”  por el estribillo de la canción, que así rezaba. Eventualmente, también como Coyoacán Joe se bautizó al cantautor del video, de cuyo verdadero nombre, hasta hoy, que yo sepa, nadie tiene peregrina idea. Luego, en su "homenaje", vino el nombre de este blog.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Cuando vi Coyoacán Joe por primera vez, fue un momento memorable, inflado de goce cruel. Lo mejor vino al final, cuando me puse a leer los comentarios al video. Aquello era el despliegue de mordacidad más atroz jamás visto. Entre referencias a las chichis del cantante y a su falda "escocesa", aderezadas con una interminable retahíla de insultos, hubo una línea finísima que me hizo caerme de la silla de la risa: “Ya no hay temor de Dios”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Hay un término en alemán intraducible al español que me parece fascinante: &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;schadenfraude&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, que significa nada más y nada menos que &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;el placer que se experimenta al presenciar la desgracia ajena.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; Ahí nomás.  El video de Coyoacán Joe tuvo más de un millón de visitas. Y sospecho que dicha cifra se arraiga, en buena medida, en esta palabra intraducible del alemán.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Pero vamos por partes. En principio, hay una clara paradoja. El tipo (como se llame) no se ve nada desgraciado en su video. Todo lo contrario. Se le ve desbordado de euforia, pletórico y bailarín. Cito:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacan Joe es mi nombre&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacan Joe es mi sangre&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacan Joe es mi gente&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacáaaan…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Pero cuando vimos el video, todos lo asumimos: este tipo es un desgraciado. Todos decidimos que padecía serios problemas hormonales, asumimos que lo peinaba su peor enemigo, que tenía una fijación con Chayanne, que su mamá no lo quería, que se ponía las playeras y la falda escolar de su hermanita. Quisimos creer que era un pobre infeliz.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacán palomas en el kiosco&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacán el organillo y la iglesia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacán músicos y mimos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacán pobres y ricos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Ese entusiasmo desenfrenado ya resulta incómodo. Pero lo peor es cuando se pone a enunciar, como en folleto turístico, los atractivos de la zona:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Si Centenario o plaza Hidalgo no te va&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Están los viveros, la Conchita y Santa Catarina&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El mercado, restaurantes, bares y cafés&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;cineteca, museos, teatros y libreríaaaaaaaaaaaaaaaaas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Vamos a ver. Este mes de abril cumplo cinco años viviendo en este barrio. Y me encanta. Pero hay dos que tres cosas en que me veo tristemente obligada a desdecir a Coyoacán Joe:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Primera. En Coyoacán hay dos bares. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Dos&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. La Bipolar, el Mayahuel. Tan-tan. La Coyoacana está constantemente invadida por tunas y mariachis  y el Hijo del cuervo no cuenta. El Hijo del cuervo era cool cuando yo tenía dieciséis. Ya está. Segunda. En Coyoacán hay tres cafés. Tres. El mundo del café, La ruta de la seda y el de la Conchita. Todos los demás son a) de calcetín a 28 pesos b) el Jarocho. Que NO es café. Es reflujo biliar en vasos de unicel. Tercera. En Coyoacán no hay restaurantes. Hay merenderos. Cuarta. En Coyoacán hay una librería y media. El Sótano y la que sale en la parte inmortal del video donde no pega la rima y el tío remata con un pasito de… ¿hip hop? (Lo único que el Parnaso conserva de sus viejas glorias son los manteles verdes de la cafetería).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Y quinta:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Diga lo que diga y cante lo que cante Coyoacán Joe, hermanos, en verdad os digo: NO HAY MARCHA EN COYOACÁN. Y quien lo ponga en duda, asómese un sábado cualquiera a las 12 de la noche por el Jarocho de Allende. ¿Qué hace toda la juventud y todos los motociclistas de los derredores congregados frente a un puñetero café? ¿Pre-coctelear? Lo dudo. Aunque cabe la posibilidad de que con cada vaso de unicel pasen grapas o les pongan piquete a los capuchimokas. Habría que averiguarlo. Sexta: A Joe se le olvidó mencionar los árboles tapizados de chicles.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Cierto es que la ejecución del videoclip tampoco ayuda. Todo es desastroso. Desde el vestuario (la mentada faldita, los lentes y el gorro de aviador de los otros “músicos”; el pajarraco prehispánico que lleva él en el cuello, los cuernos de vikingo que se le ocurrió plantarse en la secuencia del “antro”). Y luego, el close up de la ardilla, los “extras” fodongos de la plaza, los niños que lo corretean en el kiosco pero para darle de zapes. Dejemos a un lado el lipsing que no macha y los saltos de eje. A todos nos queda claro que es un video amateur. Pero ese cierre… alejándose meditabundo por las calles y luego cerrando los ojos, lacónico y circunspecto, recargado en una puerta… &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;A Coyoácan un día llegué&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;De Coyoacán me enamoré&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;A Coyoacán no olvidaré&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;De Coyoacán siempre seré.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;(Profuso suspiro).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;(Lento fade). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Y sin embargo, nada de esto, a mi parecer, justifica un millón de visitas.  El morbo desmedido, los ataques en tropel. Coyoacán Joe podrá ser el videoclip más teto jamás visto, pero, ¿tomarse el tiempo para hacer un montaje titulado “La muerte de Coyoacán Joe” en que pasa un coche y lo arrolla? Eso no es ocio. Eso es saña. Y creo que parte de la clave está en la malicia. Y el problema es de Joe: nomás no la tiene. Es un discapacitado, un minusválido de la malicia. El tipo y su video son de un candor tan absoluto, de un &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;naive&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; tan acojonante, que irritan hasta la médula.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyocán es aventura&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacán es diversión&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyacán es la familia&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Coyoacán mi religión&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Pero el candor no basta por sí solo. Si así fuera, Blancanieves, Cenicienta y todas sus amigas descerebradas no hubieran llegado ni a la esquina y Bob Esponja no sería un hit. ¿Entonces? Mi amiga Susana, que sabe mucho de cultura y psicología populares, me explicaba que lo que entendemos por &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;kitsch&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; surge de una aproximación específica de la clase media frente a ciertas manifestaciones culturales. Por ejemplo, no son los mismos motivos por los que un grupo de estudiantes de la Ibero van a las luchas o escuchan a Paquita la del Barrio, a los motivos de la clase baja. Los estudiantes de la Ibero lo toman como una cosa “folklórica”, “locohona”, “divertida”; la clase baja se lo toma &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;en serio&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. La aproximación de la clase media lleva impuesta una distancia, un “ese no soy yo”, y en esa distancia va implícito un sentido de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;u&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;ironía&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/u&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Con Coyoacán Joe, a la clase media le es imposible hacer esa división porque el tipo ES esa clase media. Habla de cosas y lugares que nos son cotidianas (todos hemos ido a pasear a Coyoacán algún domingo de nuestra vida, y no como experimento “kitsch”, sino por el auténtico atractivo de los helados y los esquites). Y el cuate lo hace además &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;ensalzando&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; ese cotidiano con una devoción absoluta, con total seriedad y con una enervante carencia de sentido del humor. Con este video es imposible poner la distancia de lo folklórico; no hay ironía, no hay doble mensaje. Es tan literal y tan burdo (además de mafufo), que lo que genera es aversión. La risa es provocada por la vergüenza. Ajena y propia. El placer no viene de presenciar la desgracia ajena, sino del desahogo de poder burlarnos de otro que nos está retratando a nosotros mismos con humor involuntario.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Y sin embargo, no es el desentrañe ocioso de Coyoacán Joe el fin último de esta entrada. O no el único.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Decidí ponerme a pensar en estas tonterías hace dos sábados en casa de Lalo. Estábamos en una sesión, justamente, de repaso &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;kitsch&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; en You Tube. Desfilaron La Tigresa del Oriente, La Secretaria de Daniela Romo, Don Diablo y el Niño Predicador. Un festín. Y de pronto recordamos: ¡Coyoacán Joe! Lo tuvimos que googlear porque el video original, por razones obvias, ya no está en You Tube. Luego de verlo y relamernos los bigotes de &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;schadenfraude&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; una vez más, hallamos de repente otro link: “Coyoacán Joe betado en TV Azteca”. ¿A ver, ponle…?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Resulta que el chico, a partir del mentado video, fue invitado a un programucho de aspirantes a cantantes llamado “Quién tiene estrella”. El pobrecito salió con una coreografía ensayadísma y energética total con saltos, derrapes por el suelo, juegos con el micrófono y “venga esas palmas”. Por supuesto desafinaba un poco (se conoce que el muchacho no tiene demasiada experiencia cantando en vivo). Y la canción que interpretó fue… sí señores: “Coyoacán”. Lo cierto es que no iba mal, el público ahí lo iba medio siguiendo, sonriendo y palmeando. Pero de repente comenzó a sonar una alarma espantosa indicando que el &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;performance&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; había terminado. A continuación, Joe se vio bombardeado por un trío de infelices que se hacen llamar “jueces” y que no tenían ninguna intención salvo hacerlo pedazos. Y que además estaban ahí, claramente, con esa consigna. El primero que habló tuvo el morro de arrancar su discurso refiriéndose a las visitas del video de Coyoacán Joe en Internet. “Cuando el público se vuelve audiencia, cuando se piensa que algo es bueno porque lo ve mucha gente, hay un problema de calidad”. Y lo dice en TV Azteca, ni más ni menos. Qué jeta. Y luego arremete, con una displicencia y una soberbia más ensayadas que la propia coreografía: “Usted no es un artista. No tiene talento”. A continuación siguen los otros dos, una mujer que lo critica por no saber microfonear cuando ella de milagro no babea, y por último un gordito que sale en programas de chismes y que también le tira a matar con una serie de “observaciones” gratuitas y plagadas de mala leche de las que ya no me acuerdo porque para ese momento yo ya tenía el hígado en la tiroides. Para exacerbar la humillación, tienen todo el tiempo al chaval A CUADRO, con la pantalla partida, para ver qué caras pone mientras los “jueces” lo mancillan. La historia detrás de las cámaras está bien clara. Alguien le pasó el video al productor con la millonada de visitas y de comentarios sardónicos y maléficos y pensaron: “Imagínate el rating, cabrón”. Sé que no he venido expresándome lo que se dice bonito de este hombre los últimos párrafos. Pero no es lo mismo el soliloquio de un espectador formulando una opinión o una mentada (como lo hicieron todos los que destazaron el video en su día), que URDIR la humillación pública de una persona para anunciar más pan Bimbo. En otras palabras, una cosa es ser ojete y otra cosa es caer bajo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;¿Por qué pudieron hacerlo? ¿Porque este tipo está loco por hacerse cantante y famoso? Tal vez. ¿Porque es un don nadie? También. Pero sólo en parte. Retomando la idea de la distancia, de la ironía, aquí se manifiesta el otro lado de la moneda: si hubiera sido un chavillo de clase baja, por más grotesco y “viboreable” que fuera su espectáculo callejero, no se hubieran metido con él. Pudieron hacerlo con el Coyoacán freak, justamente, porque sintieron que tenían derecho sobre él como un “igual”.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Más de uno ha de estar pensando, “bueno, pero también él qué idiota, ¿para qué se mete ahí? ¿De veras pensaba que lo iban a lanzar al estrellato?” En mi opinión, se metió por la misma razón que recibió todos los ganchos y patadas de este trío con un amago patético de sonrisa y se fue de ahí diciendo que “él confía en Dios” y “de todo aprende”. Por el mismo motivo que hizo su videíto ensalzando a Coyoacán como si fuera la panacea del universo. Por lo mismo que en una mini-entrevista (también de internet) sale diciendo que Warner ya le ofreció grabar un disco. Porque, lo dicho: el pobre tipo no tiene malicia. Porque no se entera. Porque está a merced y no tiene cabida en este podrido mundo y lo único que tiene a su favor es que no tiene idea de dónde está metido.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Yo le digo hoy a Coyoacán Joe: Tú síguele, compadre. Que te valga madres. Tú síguele cantando a la Conchita, a las ardillas y las ratas aladas en el kiosco. O a tu hermanita o a Chayanne, o a quien tú quieras. Para gustos se han hecho colores, y cada quién decide a qué gusto le pone coreografía. Celebro tu entusiasmo y tu sentido de pertenencia. Y si quieres ser cantante, pues tú dale. Siempre habrá quien lo haga peor, ahí tienes a Milly Vanilly y a Enrique Iglesias. Y si un día me topo contigo en Coyoacán, así te lo diré: No me gusta tu video. No me gusta para nada. Pero este blog te saluda. De corazón.  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-8184299427278647387?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/8184299427278647387/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=8184299427278647387' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8184299427278647387'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8184299427278647387'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2010/04/coyoacan-joe-pasion-muerte-y.html' title='Coyoacán Joe: Pasión, muerte y resurrección'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-2397351266591913373</id><published>2010-03-19T22:11:00.000-07:00</published><updated>2010-03-19T22:25:10.477-07:00</updated><title type='text'>Crónicas del oropel parte II (Interrogatorios)</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;“Guácala qué rico”. Frase monumental. Versátil, multifacética, precisa, soberbia. “Guácala qué rico” ha sido el lema de mi vida durante el último año y pico y sobre todo durante las últimas semanas. Larga vida a “Guácala qué rico”. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;GUÁCALA:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;La verdad es que yo no hablo mucho. Mis amigos y mis parientes saben que si no me llaman, yo casi nunca llamo. Hay días (días sin juntas, de puro escribir) en que llega la noche, y me percato de que la única persona con quien intercambié una frase fue con el hombre que me vende el café. De unas semanas para acá, hablo con recepcionistas, hablo con vigilantes, hablo con taxistas, hablo con maquillistas, hablo con locutores, hablo con doctores. (Esta violenta incursión en la rutina verbal me tiene &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;muy&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; achacosa).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-family: Georgia, serif; font-size: 16px; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Y es que no sólo es hablar. Es &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;responder&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. La constante en mi cotidianeidad actual es el interrogatorio.  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Los vigilantes: ¿Con quién pasa? ¿Tiene una identificación? ¿Sí se registra?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Los conductores: ¿De qué se trata? ¿Por qué lo escribiste? ¿Es autobiográfico? ¿A quién va dirigido? ¿Por qué se llama como se llama? (Casi nunca lo han leído).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Las maquillistas: ¿Te paso la plancha en las puntas? A ti te gusta natural, ¿verdad? ¿Ves tantito para arriba? ¿Ves tantito para abajo? ¿Cuál labial te pongo? ¿Ya traes rimel?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Los taxistas: ¿Ya a trabajar / descansar? Mi primo trabajaba en el Canal Once, ¿lo conoce? ¿Me voy por Patriotismo? ¿Usted está casada? ¿No cree que es una reverenda tontería el puente que puso el joto ese? No, yo no estoy discriminando señorita, ¿por qué piensa usted que estoy discriminando? ¿Usted cómo cree que vaya a mejorar este país? ¿Agarro Minería? ¿No trae cambio?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Y el máximo quitarrisas, ultra-ñie, guácala radical de la temporada:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;¿Nombre, apellido, estado civil, edad, domicilio, teléfono? ¿Circunstancias en que ocurrió el robo? ¿Qué objetos fueron extraídos del domicilio? Este interrogatorio nada tuvo que ver con la actividad promocional, aunque ocurrió mientras tanto. Era miércoles de ceniza. Cuando estudiaba en la escuela de monjas, los miércoles de ceniza nos formaban a todas en el patio y las monjas nos iban poniendo la cruz negra en la frente diciendo: “Arrepiéntete y cree en el evangelio”. ¿El hijo de puta que me tiró el marco de la puerta se arrepentirá algún día? ¿De qué se arrepentirá? ¿Quién tendrá mi computadora? ¿Por qué carajos no hice backup? ¿Quién estará oyendo mis discos del Último de la fila y de Rickie Lee Jones? ¿Con qué criterio desdeñaron 2001 de Kubrick y en cambio se llevaron Flashdance y La novicia rebelde? ¿Por qué no marqué mi ipod como hacía con mis loncheras? Lo único bueno de este ceniciento incidente fue que yo misma pude formular preguntas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;QUÉ RICO:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Ya todo lo voy sorteando con menos nervios. Aunque ciertos amigos aseguran que sigo pareciendo una loquita y que me debería fundir dos chupitos de güiski antes de responder cualquier cosa en un espacio público.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Por otro lado, en mis últimos peregrinajes por cabinas de radio y unos pocos estudios de televisión he tenido hallazgos sorprendentes. Por ejemplo, los sábados a las 9 de la mañana, el 96.9 transmite un programa para chavitos llamado Señal TN, donde llevan invitados variopintos y en cada emisión, un radioescucha diferente va y conduce también el programa. Es en vivo y hacen trivias, juegos, votan por canciones, y creo que hasta ahora son las preguntas más interesantes que me ha tocado responder (aunque los conductores tampoco habían leído el libro).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Otro hallazgo fue un programa de Exa TV llamado Kiu. El concepto no podría ser más simple: una conductora desparpajada, y una doctora elocuente y bien enterada. El resto, preguntas en vivo sobre sexo. Por correo, por teléfono, a raudales. Mientras esperaba entrar al estudio tenía la mandíbula desencajada con la calaña de incógnitas bizarras que resolvían estas mujeres. Lo que me quedó clarísimo fue otra interrogante: ¿para qué se gastan dinerales en programas pretenciosos llenos de clichés y de historias mafufas, cuando en la audiencia mexicana hay tal necesidad de simple y llana INFORMACIÓN?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Por último, QUÉ RICO vivir las últimas semanas en esta ciudad. Las nubes flotantes y pachonas, el cielo azul y brillante como de 1940. El valle, los volcanes nevados y groseramente visibles desde cualquier puente elevado.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;(Guácala que gracias a los ventarrones que limpian los cielos, mi barrio se queda sin luz a cada rato; la última vez el apagón fue de 22 horas). &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Qué rico que ya empezaron las jacarandas. ¿A usted le gustan las jacarandas, señora? Señorita. Sí, me encantan. De hecho, ando igual de morada que la ciudad, pero de regocijo. Caqueos, interrogatorios y apagones aparte, todo está valiendo la pena. Ese librito va muy bien. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-2397351266591913373?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/2397351266591913373/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=2397351266591913373' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/2397351266591913373'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/2397351266591913373'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2010/03/cronicas-del-oropel-parte-ii.html' title='Crónicas del oropel parte II (Interrogatorios)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-6588060894954826854</id><published>2010-02-14T20:00:00.000-08:00</published><updated>2010-02-15T14:05:21.397-08:00</updated><title type='text'>Crónicas del oropel (Parte I: RADIO DAYS)</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'Century Gothic', fantasy;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:'Century Gothic', fantasy;"&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Cuando estudiaba la carrera, lo que yo quería hacer era radio. Me parecía fascinante la posibilidad de recrear cualquier cosa. Un campo de batalla, un baile porfiriano, una estación de tren. Con cinco gentes, o con dos o con una, te vas a donde quieras. Generas lo que quieras. En &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:'Century Gothic', -webkit-fantasy;font-size:16;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;ninguna materia práctica me lo pasé mejor (Estéreo Mujer… donde olvidar no es un derecho: es una obligación), y ninguna inflamó mi espíritu de estudiante tan románticamente. Me fascinaba &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Radio Days&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; de Woody Allen, y me imaginaba conduciendo un programa nocturno (jamás matutino, qué flojera), recibiendo llamadas taciturnas y compartiendo una botella de vino con el también solitario operador.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Acabé haciendo tele no por el presagio de la pobreza inminente que la radio auguraba, sino porque fue la primera chamba que tuve y ese oficio aprendí. Parece que la vocación casi nunca se escoge: casi siempre se trabaja. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;?xml:namespace prefix = o /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;En los últimos diez días he estado en cinco cabinas de radio diferentes y me la he pasado con las tripas hechas muégano. En parte por los nervios (siempre lo paso muy mal antes de hablar en público) y en parte por la adrenalina que me disparan las cabinas, las puertas pesadas y las paredes acolchonadas, la vida paralela pero dispar que ocurre a uno y otro lado del cristal, entre la consola y la mesa de locución; los micrófonos, la perfección y la nitidez con que viaja el sonido, y el silencio sordo y seco que lo envuelve todo en las pausas.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Pero lo más emocionante y aterrador ha sido experimentar algo que nunca viví en la escuela y que era otra cosa que me fascinaba de la radio: el VIVO. El contacto directo con el radioescucha, el intercambio inmediato que no tiene ningún otro medio. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El vivo en radio nada tiene que ver con la tele. En la tele dicen “graba” y todo mundo tiene la peluca bien puesta. Aquí, de algún modo, también. Sólo que la peluca es verbal y nadie se imagina que a las 8 de la mañana Omar Chaparro habla frente a un tupper con huevos a la mexicana y melón picado. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; Hasta donde alcanzo a vislumbrar, a la radio puede presentarse un tipo con taparrabos y una bandera nazi enredada en el pescuezo a hablar de la lactancia. La radio es un mundo de juegos. En el mejor y en el peor sentido de la palabra. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia, -webkit-fantasy;font-size:medium;"&gt;Tal vez por eso no debería sentirme tan mal de la metidota de pata que derrapé en El Weso este pasado viernes. En cadena nacional, osé pronunciar la siguiente frase: “LOS-REYES-MAGOS-NO-EXISTEN”. ¿A ustedes les suena grave? A mí tampoco. (En ese momento). Lo dije asumiendo que estaba en un programa para adultos, donde se comentan noticias de la política más densa, donde se habla de violencia, de sexo, de pederastía y de corrupción. Y sin embargo, cuando pronuncié la bendita frase, las cinco personas que estaban en la mesa pusieron una cara rarísima, y de inmediato saltaron con chistes para distender la situación. “¿A poco no existen?”, “ella no cree porque se porta mal y no le traen”… Y ya fuera del aire, medio en broma medio en serio: “Nomás acabas de traumar a ocho mil niños mexicanos”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia, -webkit-fantasy;font-size:medium;"&gt;Aunque luego me dijeron que no me preocupara, el daño estaba hecho. Salí de esa cabina y me fui a mi casa pensando cuántos niños estarían pasando la peor noche de su infancia. Me imaginé a un niñito que tuvo la mala suerte de entrar en la cocina mientras su mamá oía el programa lavando los trastes, arrellanado en su cama, preguntándose entonces qué pedo con TODO. Si no existen estos cuates, ¿entonces que SÍ existe? ¿Qué más NO existe? ¿Y si nada existe…?&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"   style="font-family:georgia, -webkit-fantasy;font-size:medium;"&gt;Con el paso de los días, y con dos rayas menos de culpa, concluí que lo asombroso es el concepto de CENSURA en este país. (No sé en otros). Me di cuenta de lo que realmente es tabú. En la radio se asume que hay niños escuchando todo el tiempo pero se puede hablar lo mismo de cosas naturales como erecciones y orgasmos que de cosas antinaturales como masacres y descabezados. Pero no se puede truncar ilusiones. No se pueden derrumbar fantasías. Eso sí que no. Qué loco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Pero otra cosa buena de la radio es que todo viaja a la velocidad del sonido. Y se olvida pronto. Rapidísimo. Quizá por eso convenga irlo escribiendo… &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;(Continuará…)&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="TEXT-ALIGN: justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;!--EndFragment--&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-6588060894954826854?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/6588060894954826854/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=6588060894954826854' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/6588060894954826854'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/6588060894954826854'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2010/02/cronicas-del-oropel-parte-i-radio-days.html' title='Crónicas del oropel (Parte I: RADIO DAYS)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-1417648550531348082</id><published>2010-01-20T08:13:00.000-08:00</published><updated>2010-01-20T10:46:25.205-08:00</updated><title type='text'>Bienaventurados los tardones</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/S1dNfVRGB3I/AAAAAAAAAC8/yx3P4x5KQE4/s1600-h/Libro2.jpg"&gt;&lt;img style="float:left; margin:0 10px 10px 0;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/S1dNfVRGB3I/AAAAAAAAAC8/yx3P4x5KQE4/s320/Libro2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5428893076498548594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;br /&gt;La semana que acaba de terminar me dejó una lección: al tiempo nunca hay que hacerle caso.&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El tiempo en esta ciudad fue los últimos días como el de otro continente. El viento caló por tantos días y con tal intensidad, que llegó a perderse esa sensación de extrañeza al ver los abrigos y los gorros enmohecidos y torpemente fajados de los capitalinos. Y justo cuando se pronosticaron los días (ahora sí) más perros del año, salió el sol. Luego me dio catarro. Ya ni modo. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia, fantasy;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;A otra clase de tiempo al que no hay que hacerle caso es al tiempo cronológico. A ese tiempo que no es más que invención, entelequia y fórmula narrativa (el tiempo existe gracias a que lo narramos), y que sirve para organizar la vida pero también para echarle candados de diversas y oscuras maneras.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Hace unos días me entregaron a un hijo envuelto en un sobre blanco. Mide 22 x 15 centímetros y no sé cuánto pesa porque la báscula de mi casa no marca tan poquito. Creo que el diseño quedó muy lindo. En las noches, ya que estoy en mi cama, me levanto a releer fragmentos de los que me voy acordando (aunque me los sepa de memoria) nada más para ver cómo se leen con formato, con letra “de libro” y con pasta. Es una sensación increíble. Y es que desde la  concepción de este hijo empapelado no pasaron nueve meses. Pasaron &lt;/span&gt;&lt;b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;nueve años&lt;/span&gt;&lt;/b&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;. (Mi amiga Rosalba me dijo que por lo menos así lo mando directo a la escuela, que ya me ahorré los pañales y los pediatras).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Sería engorroso ponerme a relatar todas las peripecias por las que pasó ese manuscrito. Lo cierto es que se truncó desde su origen. Hubiera sido un aborto perfectamente legal. El por qué no lo dejé pudrirse en un cajón igual que lo he hecho (y que hemos hecho todos los que escribimos) con unos cuantos proyectos a través de los años, es un misterio que hasta el día de hoy no logro descifrar. Supongo que es como con ciertos amores: pueden pasar lustros y uno ahí sigue de necio. (Prueba irrefutable de que el tiempo de afuera nada tiene que ver con el tiempo de adentro).&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;“Escribir es reescribir”, dijo alguien muy sabio. Y lo que ganó esa novela, más que tiempo, fue esa oportunidad. La protagonista, que tiene quince años, pudo zafarse de la voz encorsetada de su autora y ponerse a jugar en el arenero de su espacio y de su tiempo. Los que realmente le van. Y para eso hizo falta el tiempo preciso.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Yo soy muy impaciente. No. Eso fue un eufemismo. En realidad soy una prisuda, desesperada y ansiosa. Si cuando me encargaron esta novela juvenil por primera vez, teniendo yo 25 años, me hubieran dicho que tardaría nueve en publicarse, no la hubiera escrito. Como no lo sabía, lo hice. Y la buena noticia es que ahora que al fin se encamina a las librerías no siento que sea tarde. Está ocurriendo hoy. Y hoy no es ni tarde ni temprano.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, fantasy;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Lo que quiero decir (de lo que me trato de convencer consistentemente en mi prisudo existir) es que el tiempo no importa porque uno siempre está &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;en&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; el tiempo. Uno siempre está en &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;su&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; vida. Y por vida y tiempo, no paramos.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, fantasy;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, fantasy;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Ejemplos cercanos: mi hermana mayor, as de la enfermería, está descubriendo a sus 46 años que le apasiona el arte. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Hacer&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; arte. Y lo está haciendo tan bien que mi casa ya parece galería en muestra permanente. ¿Lo hubiera podido descubrir antes? Quién sabe, y da igual. Está pasando ahora. Mi padre, médico, está alucinando por primera vez, a sus 72 años, con la escritura y sus estados de trance, desplegando una productividad que me tiene perpleja. Orson Welles filmó &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;El Ciudadano Kane&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; a los 24, de acuerdo. Pero Saramago publicó hasta los 50. Mi amigo Rodrigo ha tardado también casi diez años en hacer su película, pero ahora se puede sentar a verla con sus dos hijos. Hay quienes a los 35 ya están deprimidos porque escogieron el oficio, la casa y la mujer, todo mal; y su versión de plenitud consiste en renovar el coche y a veces en ron con tangas. El problema no es con el tiempo. Es con la vida. Y tiempo y vida son lo mismo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Michael Ende escribió un libro extraordinario titulado “Momo”. Se trata de una niña bastante rara que vive en un anfiteatro y que por avatares diversos termina luchando contra unos “hombres grises”, que son unos verdaderos desgraciados. Resulta que estos hombres grises del diablo nos engañaron. Nos hicieron creer que no tenemos tiempo. Que para todo hay prisa. Que tenemos que apresurarnos a trabajar, a tener dinero, a ser alguien. Que la cola del banco nos va a hacer perder media vida. Que sentarse a leer en el sol con un café es una aberración. A todos nos suena familiar porque todos vivimos bajo ese engaño. Y lo que pasa cuando uno cree que pierde el tiempo o lo perdió, es que deja de jugar. Y eso es como enterrar la existencia.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;No se trata tanto de “vivir en el presente” (cosa que considero complicada cuando para empezar lo único de lo que se puede dar cuenta es del pasado y a veces del futuro); no se trata tampoco de ponerse a “hacer cosas” porque esas cosas a lo mejor, hoy por hoy, no tocan. A lo mejor tocan otras. Ya no me gusta pensar tampoco en términos de ciclos que se abren y se cierran y de puentes que se queman y demás conceptos categóricos. Me gusta pensar que todo lo que es y ha sido uno, coexiste con uno, en una serie infinita de puertas entreabiertas y accesibles. Y eso, en resumen: que no hay que tomarse el tiempo (ni la vida) tan en serio. Ya podemos tener todas las riendas sujetas en el puño, que siempre iremos sobre un caballo voluntarioso y además ciego.  Al final (y desde el principio) no cabe más que el abandono. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Mentiría si dijera que el destino de este libro no me importa. Me ilusiona y también me aflige. Una cosa cierta sobre los cajones es que pueden ser un lugar muy calientito y reconfortante para tener las historias. Más aún cuando todas las que he sacado a la luz hasta hoy, en su calidad de guiones, han pasado por muchas manos y entre todas esas manos se reparten lo mismo las críticas que los halagos. Éste va solito. Y hay una parte donde imaginarlo manoseado, de charola, de posavasos, en el baño de alguien, sujeto de opinión de personas que se espantan con que se casen los gays o que piensan que lo de Haití fue selección natural y muy probablemente de unas cuantas fans de RBD, me da un poco de pendiente... &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:Georgia, fantasy;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Pero aquí viene &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;otra&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt; razón por la que no hay que tomarse el tiempo tan a pecho: cada quien tiene el suyo, y siempre es más importante que el de los demás. Lo que ocurre cuando uno profiere alabanzas lo mismo que ataques contra algo (una pintura, un discurso, un libro, un taxista), es que a las pocas horas, si no es que minutos, se encuentra preocupado por la leche que no compró, por los platos que no lavó o por el cuadro magnífico que uno mismo no pintó.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Esta frase la leí hace poco en un libro sobre cómo escribir novelas, justamente, y fue como una revelación con música angelical y juegos pirotécnicos: “A NADIE LE IMPORTA”. Así. Como para tatuárselo en un lugar visible. Si quieres ponerte a escribir (o a componer, o a esculpir, o a lo que sea), tienes que pensar que nadie le importa. Nada que podamos decir es tan importante. Ni para el lector anónimo, ni para la pareja ni para los cuates ni para el patriarca cuyo látigo de exigencia perpetua nos persigue. Y si llega a serlo, ya no es cosa nuestra. Es cosa del otro.  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-size: medium;"&gt;Al final, las historias se narran exclusivamente entre quien las escribe y sus palabras, entre el lienzo y quien sostiene el pincel. Por eso es tan indispensable la soledad para crear. Y es dentro de ese mismo latido silencioso que nos vamos contando nuestra vida. Con mucha gente alrededor, o con poca. Pero siempre con uno. Con todo el tiempo del mundo. Con todo el tiempo del mundo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-1417648550531348082?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/1417648550531348082/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=1417648550531348082' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/1417648550531348082'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/1417648550531348082'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2010/01/bienaventurdos-los-tardones.html' title='Bienaventurados los tardones'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/S1dNfVRGB3I/AAAAAAAAAC8/yx3P4x5KQE4/s72-c/Libro2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-3073064822639053570</id><published>2009-12-21T18:22:00.000-08:00</published><updated>2009-12-21T18:42:53.997-08:00</updated><title type='text'>Caridad</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;No daban todavía las ocho de la mañana cuando Chachi Miranda abrió los ojos aquel 24 de diciembre de 2002. Se incorporó con agilidad, rezó sus oraciones matutinas, y se puso a recapitular mentalmente el itinerario de su día. Juani y María Luisa estarían atareadas preparando el relleno de los chiles en nogada. Ella misma había inyectado el pavo con placer quirúrgico la noche anterior. Dudó en delegar la crema de poblano también a las muchachas; consideró que después de ocho años de servicio podía confiárselas. Los romeritos ya estaban hechos y su suegra se encargaría del bacalao. Durante los primeros años de matrimonio de Chachi con su hijo, el arquitecto Ignacio Miranda (cuya fortuna no provenía de su profesión, donde había resultado ser bastante mediocre, sino de la oportuna sociedad que hizo con su cuñado en fábricas de enlatados), doña Mercedes se había dedicado a hacer muecas y bizcos frente al plato. Su exquisitez nunca aprobó los desesperados intentos de su nuera por cocinar un bacalao complaciente. El resultado fue que la propia Chachi terminó por sugerirle a la suegra que fuera ella quien preparara el bacalao en las Navidades. No lo hizo sin un pesado gusto a derrota. Pero lo cierto es que ese día en particular, delegar funciones le venía bien. Todavía  tenía que ir a comprar las nochebuenas (le gustaba ponerlas frescas para la ocasión), el pan y las carnes frías (prefería seleccionarlos ella misma); supervisar la puesta de la mesa (¿estarían ya enfriándose el vino blanco y la champaña?), acomodar los regalos bajo el árbol (esa noche serían dieciséis los invitados), ir al salón a hacerse el pelo y las uñas, y dejar todo listo a eso de las seis de la tarde. Andrea, su hija menor, llegaba de Boston a las cinco, pero Armando el chofer iría por ella al aeropuerto. Chachi dispondría de dos horas completas antes de la cena, más que suficientes, para llevar a cabo su plan.&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Chachi se levantó y observó a Nacho durmiendo a su lado. Seguía asombrándola su capacidad para dormir todo el tiempo con la boca cerrada, sin emitir un sonido. Sabía que para muchas mujeres eso sería el equivalente de la panacea conyugal. Se puso la bata y se miró en el tocador de tres espejos de caoba. La verdad es que el nuevo tono rojizo que Berta, la de los tintes, le había sugerido, le sentaba bien. Era verdad que suavizaba sus facciones. El dermatólogo, por otro lado, se había negado a ponerle otra inyección de botox antes de mediados de enero. Una buena mascarilla hidratante y mucho maquillaje tendrían que bastar. Se peinó un poco, afianzó el cinturón de la bata y bajó con pasos ágiles a la cocina.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Juani y María Luisa ya estaban ahí, muy peinadas y planchadas. María Luisa siempre usaba el uniforme rosa, Juani prefería su propio delantal de cuadros.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Acuérdense que para la noche se ponen el uniforme negro, ¿eh?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Sí señora –respondieron las dos casi al mismo tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Chachi se sirvió una taza de café y se colocó en medio de las dos empleadas, que picaban cebolla, perejil, nueces y pimiento de los dos colores.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Bien picadito, ¿eh? Chiquitito –tomó un trozo de pimiento. -¿Ya llegó Armando?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Todavía no, señora – contestó María Luisa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Pues qué hace ese hombre? Nada más fue por el hielo y los refrescos, no debería tardarse tanto, ¿no? &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Es que ora el súper está bien llenísimo de gente – observó María Luisa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Chachi abrió el refrigerador. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Y las botellas que les dije que pusieran a enfriar?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Es que no cabían, señora. Las iba a poner ahorita que sacara todo lo de la sopa y la ensalada de manzana. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-No te estoy pidiendo una explicación a todo lo que pregunto. No sé cómo le vas a hacer, pero metes esas botellas &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;ahorita&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;, Mari. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Sí señora. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;text-indent: 18pt; "&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Felizmente Chachi no alcanzó a escuchar la palabra “babosa” susurrada a sus espaldas en cuanto salió de la cocina. Se sentó sola en el comedor a tomarse su café y picotear su papaya con kiwi. La altivez de María Luisa no le gustaba para nada. Prefería el silencio estoico, casi devoto, de Juani. Juani cocinaba como los ángeles, sabía usar la plancha de hierro para almidonar correctamente las camisas y era la única capaz de treparse en una escalera de tres metros para limpiar el candil del hall. Además era discreta, no tenía novios, no platicaba con Armando ni con los repartidores de Electropura, el gas y la tintorería como María Luisa, y jamás reprochaba no salir un domingo para quedarse a lavar después de una cena. El delantal a cuadros que nunca se quitaba tenía un gran bolsillo donde podía encontrarse la solución a casi cualquier pequeñez doméstica: un carrete de hilo, curitas, liquid paper, un clavo, un taquete, unas tijeritas, un pedazo de alambre. Y sin embargo, Juani era el peor misterio que Chachi se hubiera puesto a descifrar. Lo único sabía de su vida personal es que venía de Tehuantepec, donde tenía un padre enfermo a quien visitaba dos veces al año (en salidas de un fin de semana), y que pertenecía a una congregación cristiana a la que asistía los miércoles por la tarde. En las noches, Juani se ponía a transcribir durante horas pasajes de la Biblia cristiana. Pero había algo en Juani que era inquietante y repelente a la vez. Aunque tenía el pelo largo hasta la cintura y unas incipientes pero visibles protuberancias que sujetaba con brasiere, también tenía bigote, unas barbas hirsutas y siempre mal rasuradas y la voz gruesa y desentonada de un adolescente de quince años. Después de mucho debatirse, Chachi había decidido no indagar ni intervenir. Vivía escuchando a sus amigas quejarse de las informalidades, novios, cochineros, robos, embarazos y esfumes de sus muchachas y temía ofender o asustar a su joya irremplazable sin remedio. Varias veces tuvo que darles un pellizco o un puntapié a sus hijos cuando empezaban a hacer chistes sobre Juani estando ella cerca. Y un día fue más allá. En la sobremesa de una cena de tantas, después de que Juani trajera a la mesa la charola con los licores, Hernán Costa, un amigo de toda la vida, se volvió hacia Nacho y le preguntó:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Cómo se llama tu barman?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Las risas fueron liberadoras. Las de las mujeres llevaban una nota fingida de vergüenza. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-N’hombre, qué bronca. ¿Cómo sabes si se está cogiendo al chofer o a la otra chacha?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¡Hernán! – rió, ya incómoda, su mujer.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Mínimo cómprale un rastrillo, Chachi, no seas. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Chachi sonrió a medias. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Dos mil pesos a que tiene paquete. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Hernán, YA. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Quién quiere café?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Chachi tardó quince minutos en la cocina, preparando ella misma los cafés en la maldita cafetera gourmet que le habían regalado el día de las madres. Dos minutos antes de llevarlos a la mesa, había ido al baño y se había hurgado las orejas y la nariz con un cotonete que luego hundió y revolvió con un escupitajo en la mezcla capriccio del expresso de Hernán Costa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Cuando volvió a la habitación, Nacho ya estaba vestido. Estuvo a punto de saludarlo con un “adónde vas”, pero recordando lo especial del día, cambió de opinión. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Buenos días. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Silencio por respuesta. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Adónde vas?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Nacho terminó de abrocharse las agujetas de los dos tenis antes de responder.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Al club –y entró al baño para cepillarse los dientes. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Chachi se quedó inmóvil junto a la puerta. Había tenido la tonta fantasía de que ese día prepararan juntos algo de la celebración. Aunque fuera poner los regalos debajo del árbol.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;- ¿Vienes a comer?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Nacho terminó de cepillarse los dientes, se revisó la dentadura y, camino a la puerta, respondió:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-No. Como con Cucho. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Y a mitad de las escaleras:&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Bye. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Chachi estuvo a punto de preguntar a qué hora regresas, pero daba igual. Mientras estuviera ahí para la cena… Después de ponerse unos pants (Bluberris, como decía María Luisa), entró en la habitación de su hijo, que todavía dormía a pierna suelta. En el baño encontró el cartón de papel higiénico con los últimos restos colgando y bufó. Siempre era lo mismo con ese niño. Abrió las puertas del mueble del lavabo en busca de uno nuevo, y entonces, detrás del paquete de dieciséis  rollos, divisó algo que la descompuso. El grito de Chachi despertó al muchacho.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Qué es esto, Pablo? – aulló agitando el paquete de Trojan frente al rostro soñoliento del chico. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Buenos días.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Nada de buenos días. ¿Qué está haciendo esto aquí?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Son de Marco, ma. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Ajá. De Marco. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Me encargó que se los comprara porque a él le da pena. Pero no lo he visto para dárselos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;span class="Apple-tab-span" style="white-space:pre"&gt; &lt;/span&gt;Pablo volvió a cubrirse con las sábanas, dándole la espalda a Chachi. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Pablo, soy tu madre pero además tengo veintitrés años más que tú. A mí no me haces idiota. Espero que estés respetando a Mariana. Y que estés bien consciente de que usar estas cosas no está bien. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Ajá. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Y vete levantando porque faltan unas cosas para la cena. ¡Ah! Y no se te ocurra desaparecerte porque si Armando se retrasa necesito que vayas al aeropuerto por tu hermana. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;text-indent: 35.4pt; "&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Chachi salió del cuarto dando un portazo. Cerró los ojos y dio un largo suspiro. Nada. Ya estaba olvidado. El día transcurriría con paz y armonía y su plan saldría perfecto. Perfecto. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En el salón, Berta y las chicas le dijeron que hoy tenía un brillo especial. Intuyó que era cierto. En el Trico le tocó hacer una cola de media hora para pagar, pero se entretuvo con una Marie Claire donde leyó un artículo sobre las &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;cougars&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Chachi no sabía qué era una &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;cougar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; y se enteró que son mujeres en sus cuarentas, guapas, autosuficientes y liberales, que se dedican a tener amantes más jóvenes y pasársela en grande. Chachi se preguntó si a sus 55 años bien conservados todavía podría pasar por una &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;cougar&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;. Vestirse provocativa un día, irse a un bar, y ligarse a un treintañero con clase que le diera el revolcón de su vida. El solo pensamiento le puso débiles las piernas. Cuando por fin se subió al coche decidió pasarse rápido por la Santa Cruz para confesarse de volada. Pero se tardó veinte minutos más al salir del estacionamiento por el relajo de la Comer, así que hizo un acto de contricción en el semáforo de Paseo y Santa Teresa y aceleró. En el camino se pasó dos altos. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;También a Juani se le había hecho tarde. Había tenido que preparar la ensalada de manzana, la sopa de poblano, el pavo, lavar todo el trasterío, y arreglar las luces de lluvia que se habían descolgado de la fachada. Con el pretexto de hacer los cuartos y limpiar la plata, María Luisa sólo la había ayudado con los chiles en nogada y a poner la mesa. Todavía le faltaba aspirar la sala, pero optó por quitar las virutas y despeinar un poco la alfombra. Juani estaba en ello cuando Chachi entró por la puerta como un torbellino. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Ya llegó la niña?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Todavía no, señora. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Sí fue Armando por ella?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Sí, señora. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Dónde está Pablo?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Salió hace ratito. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿A dónde?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Sabía que la pregunta era inútil y no esperó réplica. Subió corriendo las escaleras. Eran las siete, tenía mucho menos tiempo del que había previsto.  Se encerró en su cuarto y luego en el vestidor. Se subió en un banquito y de la parte superior del armario sacó una bolsa negra, de la que extrajo y contó con cuidado 200 billetes de mil pesos que ella misma había traído del banco el día anterior. Los metió en un sobre Manila tamaño media carta sin rotular, que cerró y echó en su bolsa. Una vez en el pasillo, rectificó un momento, volvió sobre sus pasos, y dejó sobre el buró los anillos, los aretes y la cartera de piel estofada de tarjetas de crédito. A punto de quitarse también su medalla de plata de la virgen de Guadalupe, decidió dejársela. Pensó que le daría suerte.  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt; &lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Chachi ni siquiera miró la mesa puesta ni entró a la cocina para verificar que todo estuviera listo para la cena. Decidió bajar los regalos más tarde, mientras llegaban los invitados. Nacho podría entretenerlos, que sirviera por una vez para algo. Pasó como ráfaga junto a María Luisa que limpiaba el barandal con un “ahorita vengo”, y salió de nuevo al garage para subir a su camioneta. Al encender el motor, vio a Juani de lejos; la muchacha la miraba desde la puerta con una expresión mezcla de súplica e interrogación. Hasta ese momento, Chachi había pensado llevar a cabo su plan sola, sin testigos. “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda”, había dicho Jesús. Era justo en el anonimato donde residiría el mérito más importante de su acción. Pero el lugar a donde Chachi planeaba ir no era precisamente seguro, y de pronto se le ocurrió que volver a Juani partícipe de su acto, lo haría doblemente agradable a los ojos de Dios. De pronto le vino como una revelación: Juani sería su cómplice sin saberlo. Así tenía que ser. Bajó el vidrio automático del coche. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Súbete. Necesito que me acompañes a una cosa. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Ahorita? Es que le quería preguntar una cosa del pavo que…&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Ahorita. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoBodyText" style="text-align: justify;"&gt;&lt;span lang="ES"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Hicieron el camino en silencio. Tomaron Eje Diez y fueron más allá de Avenida Aztecas. Se metieron por la Candelaria y se internaron en un barrio sin nombre. Aquí y allá luces blancas o de colores, adornos de piñatas o de Santa Claus, coronas, escarcha falsa en las ventanas. Salvo por un par de tienditas de abarrotes y un carrito de camotes en medio de la nada, no había ni un alma en las calles. Con el corazón a todo galope y los dedos enrojecidos por la presión sobre el volante, Chachi avanzaba despacio estudiando las fachadas  a uno y otro lado de la calle, y Juani la imitaba por reflejo. De pronto, Chachi disminuyó la velocidad. Era una casa inacabada, de ladrillo y techo de aluminio, como construida por partes, con una reja improvisada pintada de blanco que daba a un patiecito con dos tanques de gas y un sube y baja de plástico despintado. A través de la ventana rodeada por luces mal puestas, se alcanzaba a ver un nacimiento. Chachi decidió que este era el lugar. Esta sería la casa donde la mano de Dios se posaría a través suyo y donde reinaría inesperadamente la alegría. Se detuvo a unos diez metros. Sin apagar el coche, sacó el sobre Manila de su bolsa, y lo puso en la mano de Juani. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Vas a ir a esa casa y vas a meter esto por la reja –señaló.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿De… esa?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-La del patiecito, donde se ve el nacimiento. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿La de ladrillos?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Sí. Pícale. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Obediente, Juani bajó de la camioneta. Chachi apagó las luces, pero no el motor. Aquello era como la boca de un lobo y por unos segundos perdió de vista a la muchacha. Cuando encendió los cuartos la vio agachada a unos metros, frente a la reja blanca, incorporándose de un salto con el ladrido de un perro vecino. Juani caminó deprisa de vuelta al coche, mirando hacia atrás y afianzándose el suéter con las dos manos. La taquicardia rebasaba el peto de su delantal.  &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Lo metiste bien?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Sí. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿Sí entró bien, bien?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Sí, señora, creo. Digo, sí. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Juani miraba intermitentemente a Chachi y a la guantera, temblando. Chachi sintió al verla una profunda compasión, una ternura embriagadora como no había sentido en toda su vida. Así que esto era la caridad. Esto era amar al prójimo como a uno mismo.  En un impulso, se acercó a Juani y le dio un abrazo que la muchacha no correspondió. Olía a ajo, nueces, sudor y jabón. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify;text-indent:35.4pt"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Arrancaron. Después de darle tres vueltas a una rotonda habían perdido por completo el camino. A lo lejos vieron venir tres siluetas. Eran unos muchachos, el menor no debía tener más de dieciséis. A Chachi le dio confianza uno con la gorra puesta al revés, le recordó a su hijo. Se detuvo junto a ellos, obligándolos a aminorar el paso. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-Buenas noches, feliz Navidad, ¿saben cómo vuelvo a salir al Eje?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;El chico de la gorra se acercó a la ventanilla. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-¿A dónde?&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;-A Eje Diez. O a Periférico, lo que esté más cerca. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Un intercambio de miradas fue suficiente. Todo ocurrió en menos de un minuto. Los gritos fueron sofocados antes de cualquier amago de lucha. Para Chachi bastó un solo golpe de cráneo contra el parabrisas; con Juani, un navajazo en el cuello. Fue impecable. Las subieron entre los tres a la cajuela y el de la gorra se puso al volante. Los otros dos rompieron filas. Eran hermanos y habían quedado de llegar a su casa con atole y tamales. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Treinta minutos después, el muchacho de la gorra negociaba en un desarmadero por Santa Lucía. Agarró a Yaco Gómez de malas, estaba cenando. Además decidió cobrarse el setenta por ciento de la ganancia de la camioneta por ser 24 y a cambio de hacer la “limpieza”. El muchacho terminó accediendo, pero se quedó con el celular de Chachi y su medalla de la virgen. A Juani ni siquiera la habían revisado. Fue Yaco quien, en una segunda esculcada,  descubrió un sobre Manila en el bolsillo de su delantal. &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-3073064822639053570?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/3073064822639053570/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=3073064822639053570' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/3073064822639053570'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/3073064822639053570'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/12/caridad.html' title='Caridad'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-4898915407585631150</id><published>2009-11-18T09:24:00.000-08:00</published><updated>2009-11-18T10:01:39.772-08:00</updated><title type='text'>Turismo juvenil</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La pasión de una adolescente es algo que jamás debe subestimarse. La pasión de una adolescente puede llevarla a pasarse las noches de sus viernes y sábados subida en un camión escolar cantando a todo pulmón canciones de Mocedades y Ricardo Arjona, pintándose como espantapájaros y fumando cigarros mentolados camino a escuelas recónditas. Quizá la única digna de ostentar el título de Noche Colonial para referirse a una carnicería de escuincles con incipiente bigote ligándose niñas de doce años entre puestos de fritangas, sea la que tiene por anfitriones a unos emuladores de tunos dieciochescos, que a las muchachas les resultan insólitamente seductores con sus mallas, sus panderos y sus cintas (nada sucintas). En estas noches locas embriagadas de Fanta, borrachas de elotes, gorditas y hot cakes, una adolescente es capaz de cualquier cosa. Y es que, cual Harry Potter, va cubierta con una capa mágica, mística, todopoderosa, capaz de elevarla sobre la tarima más maltrecha, con micrófonos siempre mal sincronizados, y cantarle con el alma a una bola de señores aburridos con sus esposas gordas y sus hijos delincuentes como si fueran el público del festival Rock y Ruedas de Avándaro en 1971. Ella rasga las cuatro cuerdas dobles de su mandolina y entona con vehemencia “La malagueña” sin percatarse de que toda la atención del público se concentra en las trepidantes y descomunales tetas de la chica de la marimba.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Ávida de reconocimiento, sedienta de identificación, famélica de sentimiento de pertenencia, una quinceañera exaltada es capaz de cantar el padrenuestro tomada de la mano de sus compañeras de capa antes de cada show; de encontrar sexys a un unos tipos de jorongo que ligan con chistes malos y canciones de Víctor Iturbe y de los hermanos Castro, y de pensar que usar bermudas negras con pantimedias color natural, favorece. Más que cándida, absolutamente &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;carente&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; de prueba de realidad, tiene las agallas de invitar a su familia a cualquiera de estos convites al aire libre y someterlos a una espera de horas tiritando con cafés de calcetín para escucharla. Y no sólo eso. Es capaz de invitar a su novio. Es capaz de invitar a la &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;familia&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; de su novio.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Todo esto no sería tan grave si, por las mismas épocas, la joven en cuestión no practicara las artes de la manipulación, inflingiendo culpas en otras compañeritas todavía más jóvenes, maníacas y sugestionables que ella, haciéndolas llorar diciéndoles que no quieren lo bastante a sus papás y que Jesucristo murió por ellas y nada más que por ellas, en medio de pláticas en el bosque y de más canciones de guitarra, entre las cuales se incluyen éxitos inmortales como "Tuyo soy", "Nadie te ama como yo" y “Viva la gente, la hay dondequiera que vas, shubidubi”.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Mientras escribía esto me topé con algo que me dejó helada. Dice Milan Kundera en &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La Broma&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;: &lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;"La juventud es un escenario por el cual los niños andan y pronuncian palabras aprendidas, que comprenden sólo a medias, pero a las que se entregan con fanatismo. Y la historia es terrible porque con frecuencia se convierte en un escenario para masas fanatizadas de niños, cuyas pasiones copiadas y cuyos papeles primitivos se convierten de repente en una realidad catastróficamente real.”&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Yo sólo espero no haber influido en ningún alma juvenil catastróficamente. Al menos no hacia un camino monacal. Mi única esperanza es que al igual que yo, que en su momento me tragué el paquete completito con papas y refresco grandes, esas niñas hayan tenido también su momento de liberadora epifanía. &lt;/span&gt;&lt;span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La adolescente que no sabe qué hacer con sus hormonas y que no quiere estar en su casa es una mina de oro para el voluntariado y el trabajo social. En sus veranos prepara disfraces, hace juguetes con platos y cajas de cartón, se aprende &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;más&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; canciones, y se las canta luego a unos niños incautos que caen en sus manos por ocho días en un campamento sin saber que la joven responsable que los tapa, los baña, los arrea y los organiza tiene costumbres tan extrañas como persignar los armarios antes de irse a dormir y beber de una botella de Brandy Fundador de hace cinco navidades algunas noches, mientras garrapatea las páginas de su diario sufriendo por el amor.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Obnubilada por sus clases de Lógica, es capaz de pasarse los tres años de la preparatoria viajando en metro para dedicar las mañanas de sus sábados y un par de tardes entre semana sentada en &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;otra&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt; aula que no es la de su escuela, sino la de una universidad del Opus Dei, con las orejas enardecidas oyendo de Aristóteles, Tomás de Aquino y San Anselmo, sin prestar ninguna atención a las tendencias ultraderechosas bajo las cuales está siendo adoctrinada, y arrepintiéndose unos años más tarde, ya en su propia universidad, cuando se lo vuelven a explicar todo (pero bien) incluyendo esta vez a Nietzsche, a Sartre y a Marx. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;En resumen, una adolescente incauta y temeraria no se da cuenta que lo que debería haber hecho es lo mismo que hicieron sus sensatas compañeras del bachillerato en cuanto tuvieron oportunidad: meterse a estudiar un idioma o dos, y dejarse de cosas. Lo digo con conocimiento de causa: hoy en día la mandolina cuelga de la pared y no sería capaz de ligar tres notas. (La trompeta, que también toqué por un tiempo, se la di a uno de los tipos de jorongo, quizás a cambio de sus amables clases particulares). No tengo idea de qué fue de los niños de los campamentos, la filosofía la utilizo solamente cuando hay que tomarse la vida con dos gramos de dicha ciencia, y la fe anda bastante coja. Pero al menos ya no persigno los armarios, ni bebo licores asquerosos para llorar mejor.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;La adolescencia es una etapa mucho más dura de lo que se piensa. Cada vez que veo a un grupito de escuincles ruidosos en el Starbucks siento una mezcla de tirria y compasión. Cuando se tienen 13 y 15 y 17 años uno es un extranjero en su propio cuerpo y en su propia vida. Es como ser un infante amorfo que ya no tiene infancia pero todavía no puede comportarse enteramente de otra manera. La propia palabra lo engloba: adolecer es echar en falta algo. Y cuando uno es adolescente, lo echa en falta todo. Por eso cada uno se busca sus válvulas de escape y sus tablas de salvación. No pretendo con esto justificar lo chabacano y ñoño de las mías. Y tampoco quiero ser tan dura conmigo misma: sólo yo sé las extrañas maneras en que estas prácticas me rescataron. Después de todo, lo único bueno de ser adolescente es que uno sólo se da cuenta de lo mal que se lo está pasando o de los osos que está haciendo en retrospectiva. (Mis sobrinos de 14 y 15 años son ejemplo vivo de ello). Y como sea, sirva “para la vida” o no, de todo lo que se sobrevive, se aprende.&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="margin-bottom:16.0pt;text-align:justify;mso-pagination:none;mso-layout-grid-align:none;text-autospace:none"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;font-size:16.0pt;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-4898915407585631150?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/4898915407585631150/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=4898915407585631150' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/4898915407585631150'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/4898915407585631150'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/11/fuera-del-aula.html' title='Turismo juvenil'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-1419413563722614576</id><published>2009-10-21T11:54:00.000-07:00</published><updated>2009-10-21T12:02:19.101-07:00</updated><title type='text'>Clases Especiales</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; El otoño siempre ha sido mi estación favorita. Terminan las lluvias al fin y  en vez de la luz plana del verano llega otra brillante y contrastada, con viento. Octubre, en especial, me gusta muchísimo. Pueda que hasta cierto punto sea la temporada festiva que más disfruto. No tiene la parte culposa, acelerada, gastona y agobiante de la Navidad, aunque la navidad se trate de nacimientos. Las fechas de muertos son la pura diversión. Disfraces, dulces, flores, pan azucarado, papel picado de colores… ¿Quién puede pedir más? Y es que en el fondo yo no creo que estemos festejando a los muertos. Lo que festejamos es recordar que nosotros seguimos vivos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Tres de mis amigas cercanas están embarazadas en este momento. En este mundo maquinizado y cosificado, es un alivio constatar que el presagio de “Children of men” está lejos de cumplirse, y que la vida sigue por sí sola, gestándose sin herramientas ni enchufes ni cables, haciendo lo suyo. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Pero de lo que yo quería hablar es de otra cosa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Resulta que tengo tres sobrinos, uno de 23, uno de 15 y uno de 14. Y los tres son músicos. Componen, tienen bandas, se la pasan horas y horas aporreando el piano y rasgando la guitarra. Y resulta que además lo hacen bien. El que los tres estén tan estrechamente vinculados con la música no es fortuito. Mis hermanas así lo han procurado. Desde muy chicos, a los tres los sentaron frente al piano y sus padres fueron lo bastante rigurosas como para que esas clases dieran frutos. Tal vez fue así con mis sobrinos porque en nuestra casa sucedió justo lo opuesto. Todas aquellas cosas que quisieron enseñarnos o decidimos aprender por nuestra cuenta, encontraron apoyo pleno pero murieron al primer “ya no tengo ganas”. Y es que nuestra educación en casa fue muy… “montessori”. Durante todo el bachillerato yo misma firmé mi boleta de calificaciones, y creo que con mis hermanas sucedió igual. Y no es que nuestros padres no vieran nuestras boletas (a veces) y no estuvieran al pendiente de nuestra educación. Es simplemente que confiaban en nosotras. Y así, confiaron en nuestro criterio cada vez que decidimos abandonar una actividad extraescolar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La primera, en mi caso, fue enteramente en contra de mi voluntad. Ballet clásico. No sé cómo llegué ahí, no sé cuántas veces fui, pero no debieron ser muchas. Yo no tenía más de cinco años y todo lo que recuerdo de aquellas clases me causa todavía una angustia nebulosa. Me hacía bolas con las mallas, con la falda, con los cordones de las zapatillas (ni siquiera sabía amararme unas agujetas comunes) y las voces de la maestra con su bastón golpeando en la duela me causaban pavor. Era como uno de estos sueños en que el entorno te exige que sepas lo que tienes que hacer, pero nunca has estado ahí y no tienes la menor idea. Felizmente estaba ahí mi amiga Valeria, que me ayudaba con los cordones de las zapatillas y eventualmente, en el patio de la escuela, me enseñó a atarme también los de los tenis.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El segundo intento fallido porque yo aprendiera algo además de lo convenido en el programa de la SEP vino poco después. En mi casa había un órgano Hammond. Tenía caja de ritmos, muchos botones de colores para darle al teclado distintos sonidos (incluso tenía uno de banjo que hacía que las teclas sonaran “trrrrrrrrrrrrr”), y debió ser un objeto moderno y preciado en su tiempo. Un día, teniendo yo unos siete años, a mi madre se le ocurrió que sería muy buena idea que yo aprendiera a tocar el órgano. Resultaba además muy práctico porque justo en la esquina de nuestra calle había una tienda de instrumentos donde daban clases. Fue así como me encontré una tarde en la tienda, separada por una cortinita de plástico café que se corría y se descorría como acordeón, y un maestro del que no sería capaz de recordar la cara y mucho menos el nombre, me daba la instrucción básica para tocar, con una sola mano, mi primera canción: “La marcha de los santos”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Mi madre repetía que un concertista practicaba ocho horas diarias. Yo practicaba a lo sumo ocho minutos, pero me aprendí muy bien “La marcha de los santos” (me gustaba tocarla con el botón de banjo), y después me aprendí “Ojos españoles” y “El Padrino”. Luego de eso no tomé una clase más.  Nunca aprendí a poner acordes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Como todos los niños de este mundo, o casi todos, fui a clases de natación. Mi papá ya me había enseñado a flotar en la alberca del club, pero mi madre consideró prudente que además aprendiera yo a bracear y a no respirar bajo el agua. Creo que hizo bien. Las clases eran los sábados, en la alberca techada de una casa de mi colonia. No estaba lejos pero de todas formas me llevan en coche. Casi siempre lo hacía mi hermana Dunia, en la Cascabela. De aquellos tiempos recuerdo el olor a cloro encerrado, que hasta hoy me fascina; la flojera que me daba vestirme y desvestirme en el diminuto cubículo destinado a ello, pero sobre todo la manera en que detestaba ponerme y quitarme el gorro de plástico, que se me pegosteaba en el pelo, seco o mojado. Creo que lo que más disfrutaba de esas clases de natación era llegar muerta de hambre a casa después, y desayunar siempre lo mismo: hot cakes con mantequilla y miel de maple sopeados en café con leche. Supongo que esa clase no fue del todo infructífera. Como haya sido, aprendí a nadar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Pero a mí lo que de veras me gustaba, pero de veras, era cantar y bailar. Más aún, me gustaba el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;performance&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;. Mi disco favorito para tales fines era el de la Novicia Rebelde. Me sabía de corazón todas y cada una de las canciones, y así se las recetaba a quien se dejara, coreografía incluida, por el lado A y por el B. Pero entonces tuve un hallazgo deslumbrante: Flashdance. La ñoñez de la monja cantarina y los niños irredentos fue pronto sustituida por la exuberancia y la agilidad corporal de Jennifer Beals. En lugar de mi traje de primera comunión, para mis representaciones con el nuevo disco Long Play en cuestión me ponía un traje de baño a rayas que tenía faldita. Y la afición fue más allá. Comencé a arrimar los muebles de la casa para tener espacio y poder practicar (con mi traje de baño) toda suerte de vueltas de carro, volteretas y machincuepas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Mi madre, de nueva cuenta, fue sensible a esta inquietud, y me propuso tomar clases de gimnasia. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Fue así como comencé a asistir al gimnasio olímpico del Instituto Politécnico Nacional de Lindavista. Un lugar monstruosamente grande, con mucho eco y mucho sudor encerrado. Corría el año de 1983, tiempo suficiente para generar aproximadamente un noventa por ciento del playlist de las estaciones de radio para los hoy adultos contemporáneos (aunque en esos tiempos no había estaciones para escucharlas salvo La Pantera y alguna otra). Flans cantaba “Tímido” y Timbiriche hacía Vaselina en el Teatro de la Ciudad. Con este fondo musical (“What a feeling” a la cabeza), pronto aprendí a frotarme las manos con cal, a guardar la llave de un locker y a competir desalmadamente.  &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Creo que no era tan mala. Al cabo de un tiempo podía darme vueltas de carro sobre la viga de equilibrio sin caerme, pararme de manos, y dar una serie giros hacia delante o hacia atrás cayendo en split. Pero mi carrera de Comaneci Delegación Gustavo A. Madero se truncó inesperadamente. De repente el profesor buena onda que comandaba mi equipo desapareció, y en su lugar aterrizó una maestra que me odiaba. Creo que ha sido la única maestra que me ha odiado, lo que se dice odiar. Era chaparra, fea, insensible y me hacía llorar. Un día me humilló públicamente delante de todo el gimnasio obligándome a subir por una cuerda que llegaba hasta el techo, y cuando finalmente me vencí con las manos a punto de sangrar, trepó a una niña de cuatro años que pesaba como tres kilos para demostrar cuan fácil era la hazaña. Esa noche mi hermana Dunia fue a recogerme al Poli en la Cascabela. Después de escuchar mis congojas, me dijo que no tenía que sufrir si no quería. No tuve que pensármelo demasiado. Luego supe que aquel gimnasio se quemó y que mi maestra malvada se murió. (Pero de otra cosa). &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Continuará…&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-1419413563722614576?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/1419413563722614576/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=1419413563722614576' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/1419413563722614576'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/1419413563722614576'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/10/clases-especiales.html' title='Clases Especiales'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-7396982474175600292</id><published>2009-09-14T23:15:00.000-07:00</published><updated>2009-09-15T00:13:33.155-07:00</updated><title type='text'>California Dreaming II / Mitos y verdades de una vacación junto a la bahía</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/Sq88Qi9sHEI/AAAAAAAAACM/vkFXMbnc67g/s1600-h/IMG_4060.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 240px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/Sq88Qi9sHEI/AAAAAAAAACM/vkFXMbnc67g/s320/IMG_4060.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5381586334692154434" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 1. En San Francisco hay calles muy empinadas con cables y tranvías, como en las películas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Verdad. Y además de cables, todas tienen muchísimos árboles. Una gran mayoría de estas calles desemboca en el mar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 2. En San Francisco hay neblina.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Verdad. Casi siempre viene acompañada de un frío húmedo que se mete en los huesos. Pero cuando sale el sol, la luz es fuerte, contrastada, ventosa y también cala hondo.     &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 3. En San Francisco hay hippies.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;En San Francisco lo que hay son muchos zarrapastrosos. En la calle Haight –pináculo del &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Summer of Love&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; de los sesenta- todavía se congregan unos cuantos mal bañados a tocar instrumentos sentados en las banquetas. Si les dan dinero les ha de ir bien, porque la calle es hoy en día un próspero enclave comercial con una gran afluencia de paseantes. Hay tiendas de todo. Ropa fashion, ropa &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;vintage&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;, ropa MUY usada, ropa interior, ropa hindú, sombreros, pipas, música, cómics, repostería, rastafari, regalos vaciados y antigüedades. Es todo muy armonioso porque por alguna razón el movimiento contracultural que en su día colocó a la ciudad en la mira del mundo, no se pelea con el &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;mainstream&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; del capital. Ahí todos viven como hermanos. Y hasta los homeless –que hay muchos, parece que varios por elección ya que cuentan con un atractivo fondo de desempleo- tienen en las calles del centro mesas de ajedrez para su goce y esparcimiento.&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 4. En San Francisco hay gays&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Mito. En San Francisco lo que hay son hombres y mujeres que se gustan entre los y las de su género y que viven en casas muy bonitas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La calle Castro tiene hoy las viviendas más caras y más cotizadas de la ciudad. En su parte comercial, donde está el famoso cine, las tiendas, los tugurios y las locaciones por donde andaba Harvey Milk, hay también una pintoresca tienda de antigüedades. El dueño estaba muy orgulloso porque su establecimiento (que tiene 46 años) salió en la película. Me enseñó varias fotos con escenas de Sean Penn donde se ve el letrero. Hubiera estado bueno que tuviera fotos con el Milk verdadero. En un café del mismo barrio se sentó junto a mí otro tipo gordezuelo que se introdujo diciendo que venía del dentista y a los dos minutos ya me había contado que acababa de romper con su novio de tres años pero que se llamaban por teléfono. También hablamos del clima. El día anterior había sido de mucho frío y neblina, pero ese día brillaba el sol. El tipo me dijo que así permanecería el tiempo por varios días. Fue verdad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 5. En San Francisco la gente es amable.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Es complicado. No estoy segura de que toda la gente sea amable. Pero si no lo son, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;actúan&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; como si lo fueran. En cualquier establecimiento te reciben con un sonriente “hi, how are you today?” y eso a veces parece sospechoso. Sobre todo en personajes en cuyas miradas se lee claramente el abuso infantil y la disfunción familiar. Pero poco a poco uno comprende que todo forma parte de un código tácito de convivencia y de una especie de sentencia que hay que reafirmar continuamente: “somos la ciudad más civilizada, progresista, ecologista, culta y alivianada de esta nación”. Y si todo esto no se lleva a cabo por convicción, entonces se impone por ley. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 6. En San Francisco los peatones son respetados.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Inexacto. Los peatones en San Francisco reciben un trato impoluto. Anduve mucho en coche con Hebe y Gabriel, los amigos que fui a visitar. Hebe a ratos se enojaba. “¿Ves? ¿Ves? ¡Ni siquiera voltean!” Y en efecto, muchos peatones no se toman la molestia de fijarse si viene un coche cuando cruzan la calle. Las multas por no dejar pasar a uno de estos paseantes abusivos, así como por la más amplia variedad de quisquillosos errores al volante, son estratosféricas. Pero lo dicho: es el coste de mantener intactas la convivencia y la urbanidad. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 7. En San Francisco la gente es cool.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;No precisamente. La gente de hecho es bastante fachosa. Lo que es muy impresionante es el modo en que le prestan atención a los detalles. Una vez, por ejemplo, fuimos al súper. El súper debe ser la actividad que más detesto en la vida, pero ésta fue toda una experiencia. Más que la variedad de productos, me maravilló la variedad de compradores; en las cajas uno no sabía quién pagaba y quién cobraba: todos se veían igual de relajados, platicadores y mal vestidos. Además había bocaditos y café gratis para los clientes. Pero la auténtica sorpresa me la llevé cuando entré al baño. Tenía un espejo divino y un florero con flores de verdad. Como en todos los baños de la ciudad, el agua salía calientita de la llave.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El agua que se bebe siempre es gratis. Pero además la sirven con estilo. En la cafetería del museo De Young había trozos de fruta en los recipientes de agua helada. Al abrir, resbalaba clara y fresca en el vaso con sabor a piña, a pepino o a la tercera cosa que ya no me acuerdo qué era.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;La ciudad tiene un tamaño tan accesible, un enclave geográfico tan ideal y un ritmo tan calmo que se entiende por qué la gente acata con semejante pulcritud las reglas: vale la pena por el disfrute que se obtiene a cambio. Y en el contexto de las tendencias mundiales, &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;that’s soooo cool&lt;/span&gt;&lt;/i&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 8. San Francisco era un santo italiano que hablaba con los animales.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Verdad. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 9. Alcatraz es una cárcel.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Que hoy en día atrapa turistas. Se ve desde cualquier punto de la península y tiene varias leyendas. Una es que ciertos reos lograron escapar nadando hasta la ciudad, cosa improbable dada la temperatura helada del Pacífico. (A menos de que alguno se haya fabricado un wet suit). &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 10. San Francisco no es para fumadores.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;En San Francisco los fumadores hacen cosas extrañas. En sus vacaciones, por ejemplo, en lugar de dormir una hora más, se levantan con su amiga para acompañarla a su clase de Chi Kung en el parque que queda  cinco minutos (un parque inmenso con lagos, pistas de tracking y la variedad más alucinante de árboles); vencen su miedo y se rentan una bicicleta para cruzar el Golden Gate Bridge hasta Sausalito con subidas, bajadas y carreteras temerarias incluidas; regresan en ferry, todavía se animan a pedalear buena parte de la calle Market, y tienen una de las tardes más felices de sus vidas. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 11. En San Francisco hay muchos inmigrantes.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Hay muchos mexicanos y un chino de chinos. Digo, un chingo. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 12. A San Francisco le han compuesto cientos de canciones.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Verdad. Hebe me pasó una de Eric Burdon &amp;amp; The Animals que reza:&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;“I wasn't born there &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;perhaps I'll die there&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;there's no place left to go, San Franciscan.”&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;…Qué bonito. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 12. San Francisco tiene el cuerpo de bomberos más efectivos de la región.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;El día que llegué nos tocó ver un incendio. No parecía tan aparatoso como el número de carros de bomberos que llegaron a la escena. La paranoia es comprensible cuando un enorme porcentaje de las casas habitación están hechas de madera, y cuando a principios del siglo pasado la ciudad fuera azotada por un terremoto seguido de un incendio devastador.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;A mí me encantan las casas de San Francisco. El estilo victoriano, todas con aleros, balcones semicirculares, escalinatas y bajos. De lejos se ven todas igualitas, pero si te vas fijando cada una es diferente. En lo que sí son iguales es en los precios. Me contó Hebe que no bajan del millón de dólares. Un departamento de medio pelo en cualquier zona no está en menos de 500 mil. ¿Serán que no quieren que la ciudad crezca más? Me parece una idea sensata, aunque es una lástima. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;13. En San Francisco hay que ser rico para ser feliz. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Mentira absoluta. Un ejemplo: en la calle Trece con algo (muy cerca también de donde viven mis amigos los Flores) hay unas escaleras de mosaico. Son muchas, pero el esfuerzo vale la pena. Conforme se asciende (y se voltea) comienza a revelarse una vista esplendorosa. Al fondo de una serie de calles perfectamente trazadas, se descubre el mar abierto (en ciertas horas debe ser azul, pero a la hora en que Hebe y yo subimos era color plata). Unos cuantos escalones de madera más arriba, uno se encuentra en un recinto de árboles y pinos con una vista de cortar el aliento: la bahía completa en su esplendor, con el centro financiero en un extremo. No en vano el lugar ostenta el nombre de Grand View Park. Lo que hicimos Hebe y yo fue sacar de inmediato la cámara. Lo que hizo un señor pequeñito de rasgos orientales que llegó de pronto, fue sentarse en la única banca que existe en la punta de este lugar para comerse su lunch.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Otro momento privilegiado fue un atardecer que nos tocó ver en Point Lobos, un lugar idílico más para ir a correr si uno corre. Con el descenso del sol se fueron pintando de rosa intenso las nubes detrás del Golden Gate. De repente pasó un barco de carga, de estos enormes que van y vienen de China, justo debajo del sol inmenso. En un ataque de gula paisajística nos subimos al coche y corrimos a la playa para ver los últimos juegos de luz a la orilla del mar. La luna llena estaba justo detrás, alzándose sobre los edificios. En momentos como éste siempre me acuerdo de nuestra amiga Shanna viendo otro atardecer hace como diez años y diciendo “ésta no me la cobres”. Hebe dice que ya pagamos por adelantado. Ojalá eso también sea verdad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Pasa lo mismo con Twin Peaks y sus vistas de Oakland y Berkley, con el Bay Bridge desde la torre Coit o las maravillas de océano y pinos que se aparecen yendo en bici de camino al Golden Gate; con lugares como Tamalpais (¿así se escribe?) donde con una hora de coche y otra de caminata uno puede hacer un picnic en un bosque encima de las nubes viendo la playa al mismo tiempo (y reírse con la Tolu si además coincide que está de visita); pasa con el jardín botánico y sus banquitas escondidas, o con cualquier esquina donde uno se detenga en un árbol de flores o en el olor del mar. Lo mejor de San Francisco es cualquier rincón, y es gratis. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;14. San Francisco me ha hecho superar mi roña anti-yanqui&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Una vez un amigo me contó un chiste. Están un gringo y un mexicano cazando patos en la frontera, cada quien de su lado. De repente disparan al mismo tiempo, y el bicho cae muerto justo en la línea fronteriza. Empiezan a discutir. Finalmente el mexicano propone: “Ya sé. Vamos a resolver esto a patadas en los huevos”. El gringo está de acuerdo y, muy valeroso, afirma: “Empieza tú”. El mexicano le pone una maraquiza de patadas en los trompiates y el pobre gringo queda retorciéndose en el suelo. Cuando por fin logra levantarse, escupe en el suelo diciendo: “Muy bien, ahora me toca a mí”. El mexicano se cuelga el fusil en la espalda y responde: “Ni madres, quédate con tu pinche pollo”. Y se va. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Este chiste me lo contaron hace varios años después de una noche en que acabé casi a los gritos con un gringo hablando de su política exterior. Terminé yéndome a dormir furiosa, pero a los amigos que se quedaron el gringo les acabó prestando su celular para llamar a su mamá (estábamos en Grecia) y regalándoles mota. La cuestión es: de repente da coraje caminar por un lugar como San Francisco, con ese bienestar y esa bonanza y pensar a costa de cuántas cabezas existe. Y ante esa conclusión, uno tiene dos opciones: amargarse por ello, o aprovecharlo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; (Acabo de darme cuenta que estoy publicando esto un 15 de septiembre. Qué horror).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 14. B. San Francisco y Grecia se parecen.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;En algo muy peculiar: la comida. Es decir, en la calidad de la materia prima de cualquier comestible. Las manzanas escurrientes, el tamaño del salmón en el sushi, el sabor de los helados y, con perdón de los gourmets, el lujo nada griego pero sí muy californiano que son las hamburguesas de In and Out (fuimos dos veces). &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; 15. Hay cosas que NO me gustaron de San Francisco.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Verdad: Saber que a veces tiembla.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;15. B San Francisco es la ciudad más bonita del continente americano.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Sí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;16. San Francisco tiene los mejores hosts de todo California&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;He concluido que el anfitrión ideal debe tener al menos dos características esenciales:&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;-Desvivirse por hacerte felices los días sin hacerte sentir que lo está haciendo. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;-Estar enamorado de su ciudad. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;Hebe y Gabriel tienen ambas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;17. Coyoacán es mejor que San Francisco. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;De pronto estando en aquel lugar me venían pensamientos horribles. Por ejemplo, que no se puede vivir creyendo que uno vive bien cuando no vive nada bien. No se puede entender que haya gente que va por la Condesa con su bici y su labrador creyendo que vive en el pináculo del bienestar y la movida cosmopolita cuando existe esto otro en el mundo. También pensé que es terrible existir echando de menos la naturaleza, concibiéndola como algo naturalmente lejano, restringido a las vacaciones, cuando puede estar totalmente integrada a lo cotidiano. Pero todo eso es cierto y al mismo tiempo, no. Vivir bien depende de muchas cosas además de una locación. Me concilio pensando que tengo mis organilleros, mis soneros, los Viveros, mi peluquera, mi maestra de yoga, mi cafetero y mi farmacéutico de confianza. Y a fin de cuentas, lo mejor de visitar un lugar así es justamente descubrirlo, desnudarlo y seccionarlo. Recordar que mientras haya vida, seguirán habiendo viajes. Lugares nuevos  con amigos eternos para compartir. &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-family:georgia;"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-7396982474175600292?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/7396982474175600292/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=7396982474175600292' title='10 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/7396982474175600292'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/7396982474175600292'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/09/calfornia-dreaming-ii-mitos-y-verdades.html' title='California Dreaming II / Mitos y verdades de una vacación junto a la bahía'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/Sq88Qi9sHEI/AAAAAAAAACM/vkFXMbnc67g/s72-c/IMG_4060.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>10</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-6309077020068111127</id><published>2009-08-24T22:41:00.000-07:00</published><updated>2009-08-25T08:20:00.275-07:00</updated><title type='text'>Pantalón de campaña</title><content type='html'>&lt;!--StartFragment--&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Me robé una revista Caras en el changarro de la depilación. Estuve viendo fotos de Carla Bruni, de Madonna haciendo de DJ en la fiesta de los Oscares, de Gael García con su nuevo bebé (se llama Lázaro porque su mamá es “muy católica”); de las “mexicanas ejemplares” que Denisse Dresser reunió para el segundo volumen de su libro &lt;i&gt;Gritos y Susurros&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt; (¿es homenaje a Bergman, es ironía o es metida de pata?); me salté con grima la segunda parte de la biografía de Juan Camilo Mouriño en palabras de su viuda narrándolo todo en segunda persona tipo “recuerdo la primera vez que me llevaste al cine…” y me brinqué también toda la sección de sociales (Yuyis Delosríosconsusbosquesysuspatos y Maité Jones ponen negocio de cupcakes a domicilio y bautizan a su sobrino nieto, etc.), y creo que en cuatro minutos ya me había chutado la revista completa. No me divertí tanto como esperaba.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Tengo un amigo con quien coincido en dos cosas. Ambos nos quitamos pelos de las cejas, y los dos estamos de acuerdo en que vivimos en una generación patéticamente ególatra, mimada y acomodaticia; en un postmodernismo Emo sopeado en “El secreto” donde todo se trata de lo que uno desea, lo que uno proyecta, sufre, futuriza, come, picha y cacha. ¿Dónde quedaron los tiempos de las causas? ¿De vivir (de morir, ni hablamos) por algo que no sea uno solito chambeando para la renta, saliendo el fin de semana, comiendo un día con la familia, subiendo las fotos de la vacación y viendo a ver si “funciona” una relación? Incluso comentamos este amigo y yo que era una lástima no estar suscritos a ninguna doctrina religiosa. Esas por lo menos tienen su arrebato, su drama, su dosis de cohesión.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Nostalgia setentera, le llaman algunos. Hace años escuché en un programa de radio que la cultura pop había surgido como respuesta a las tragedias juveniles de los sesenta y setenta, a las masacres en que terminaron todas las primaveras del mundo y sus intentos por cambiar la historia. Pasamos de la barba sebosa de Lennon a los pantaloncitos pegados de los Osmonds; de &lt;i&gt;h&lt;/i&gt;&lt;i&gt;ow many roads must a man walk down before you call him a man&lt;/i&gt; directo a &lt;i&gt;ha, ha, ha, stayin' alive, stayin' alive&lt;/i&gt;; de banderas y consignas al Pacman, de la propaganda aguerrida al anuncio de Futigom, todo casi de un día para el otro, como quien voltea un disco al lado B. Todo ello en un ejercicio desesperado por cambiar de frecuencia, por trivializar, por olvidar. Y tal parece que ahí nos quedamos...&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;El problema de no tener causas no es no tenerlas, sino ignorarlas cuando las hay. Y no hablo de “no a los hurones como carnada de delfines” y “no a los gordos zurdos ambidiestros” del Facebook, firma aquí y siéntete mejor. Hablo, en este país, de los derechos ciudadanos más elementales. Lo que se vio aquí en las inmediaciones del 5 de julio fue para ponerse a llorar una semana entera. Hubo un porcentaje (quinto lugar en los comicios) que manifestó sus nulas ganas de votar por cualquiera de aquellos rateros baratos, insípidos y sin estilo que se atrevieron a sugerir representarnos; pero ni siquiera consiguieron ganarle a aquellos a quienes les parece muy bien que maten a los secuestradores y que pongan actorcetes mafufos con cadena de oro en los espectaculares. Lo más grave es que cerca del 40% de los votantes (activos) de este país vean con buenos ojos que el gasto público sirva para asesinar narcos in-asesinables porque “los jóvenes se drogan porque no creen Dios” y consideren que las mujeres estamos obligadas a parir porque es nuestra consigna como mamíferos. Y para rematar, a la aplastante mayoría ya se le olvidó &lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;su propia historia de los últimos 60 y pico años.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Pero yo no quería hablar de política. Y eso es un mal síntoma: parte de lo que intentaba decir hace rato es que una sociedad sin pasión, política o de cualquier índole, no se mueve ni un palmo. Pareciera que vivimos sumidos en una ignorancia medieval decorada con créditos automotrices, toneladas de información y miércoles de plaza. Es inaudito que en un país de 100 millones de habitantes nadie diga una palabra de que paguemos por la telefonía más cara del mundo, que encima está en manos de un solo señor, pero nos da mucho gusto que sea el más rico de todos porque es mexicano y no gringo. Y de los pobres, mejor ni hablamos. A esos siempre es mejor no verlos.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;No se me malentienda. Me gusta mucho cómo quedó arreglada la plaza de Coyoacán, y los carriles amplios de Patriotismo y las florecitas que plantaron en el Circuito Interior. Y me parece fantástico que haya internet y telefonía celular, y los viajes y las relaciones siempre serán eventos maravillosos aunque sean efímeros. Y puede que “El secreto” le ayude mucho a alguien que no tiene metas, proyecciones ni anhelos propios, que siempre hay que tenerlos. Pero sucede que a veces de veras me da miedo que el mundo se descomponga irremediablemente, que en serio se acabe el agua, que estemos en el siglo en que estamos y siga habiendo gente matándose y vejándose por ahí, por dinero, por poder o por "causas". Me preocupa leer cosas como que cada día podría llenarse el zócalo capitalino solamente con las botellas de plástico que se consumen en México, gastando albercas olímpicas y generando toneladas de porquería atmosférica en su fabricación, tardándose, para colmo, 900 años en desaparecer de la Tierra. El modo en que cada día más gente se queda con menos para que cada vez más pocos sí tengamos. El consumo desquiciado, la enajenación, la ceguera y la sordera productos del puro atiborre de cosas, de opciones, de canciones malas. Me preocupa, enormemente, la indiferencia. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;Una vez tuve un novio que se devoraba el periódico entero todas las mañanas, y con quien frecuentemente hablaba de estas cosas. Él tenía una visión curiosamente optimista. Repetía que hace 40 años los negros no podían sentarse con holgura en los mismas cafeterías que los blancos, que las mujeres no opinaban y que a los homosexuales los mataban (en más lugares que ahora). Que si estamos evolucionando en algo, es en conciencia. Y que eso al fin y al cabo nos va a salvar como especie. Yo quiero creerlo, de veras. Pero me asusta (hoy me asustan muchas cosas) sentir que el enemigo se va poniendo cada vez más colmilludo, y nosotros cada vez más cómodos, y que antes de que ese día llegue, llegue otro en que no seamos capaces de unirnos por nada y en serio nos cargue el diablo, en la forma que sea.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt;En resumen, hoy traigo, no sé bien cómo explicarlo, una melancolía por lo no vivido. Por una reunión donde la gente (la &lt;i&gt;gente&lt;/i&gt;, no los user names ni los estatus ni los passwords) se quite la palabra con vehemencia por hallar una estrategia para conseguir una voz o derrocar a un tirano, y no sólo para ver cómo vender mejor unos pañales. Y es, desde luego, melancolía culposa por no estarlo promoviendo yo misma. Todos saben de qué les estoy hablando. Todos han tenido, seguramente, muchas veces, este monólogo en forma de conversación. (Y todos saben en el fondo que ese famoso “granito de arena” donde siempre aterrizamos no es más que una palmadita indulgente en la espalda).&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;En fin. Para terminar con este soliloquio quita-risas sólo quisiera declarar, pésele a quien le pese, que me importa un reverendo cacahuate sopeado en Lulú de frambuesa que se haya muerto Michael Jackson. Aunque nos haya puesto a bailar en tiempos donde hacía falta.&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;Buenas noches. &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt; &lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span style="font-family:Georgia;"&gt; &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;!--EndFragment--&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-6309077020068111127?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/6309077020068111127/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=6309077020068111127' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/6309077020068111127'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/6309077020068111127'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/08/pantalon-de-campana.html' title='Pantalón de campaña'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-3841554649710588686</id><published>2009-08-03T21:47:00.000-07:00</published><updated>2009-08-04T00:01:53.352-07:00</updated><title type='text'>El intruso</title><content type='html'>Yo pensaba que el único evento que trastocaría mi sábado sería una visita no planeada a casa de mi madre para atender un imprevisto enfermeril. Volví a mi casa a eso de las 10:30 de la noche, con gabardina y botas por la lluvia, ansiosa de quitármelas y de ponerme la pijama y hacerme unas palomitas para ver Six Feet Under (alquilé la temporada 3 completa para toda la semana). Mientras se hacían las palomitas me acerqué al librero para tomar un incienso. Entonces la vi.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba tan plantada que parecía parte de la decoración. Una mariposa negra, grande, de unos buenos 15 centímetros con las alas desplegadas, de piel corrugada y ojos brillantes. Un bicho espantoso y de pésimo agüero paradójicamente posado sobre un libro llamado "La mano de la buena fortuna" (gran novela de Goran Petrovic). No entré en histeria de inmediato. Incluso contemplé no hacer nada y mejor dejarla reposar ahí. A fin de cuentas, si no me hubiera acercado al librero probablemente ni siquiera la hubiera visto, y hubiéramos compartido la noche en pacífica y dulce ignorancia. Pero era demasiado tarde: el destino estaba sobre la mesa y seríamos o ella o yo habitando la casa.&lt;br /&gt;Tomé el teléfono y llamé a mi madre. Mi madre siempre me resuelve cualquier duda doméstica. Desde cuánto tiempo dejar un huevo para que se cueza hasta cómo resucitar una planta o detener una inundación.&lt;br /&gt;-Hay una mariposa negra en mi librero.&lt;br /&gt;-Pues agarras un trapo y la sacas.&lt;br /&gt;-¿Cómo?&lt;br /&gt;-Agarras un trapo y la espantas y la sacas por la ventana.&lt;br /&gt;Pero era justo la idea de tener el bicho ese aleteando como loco por toda mi casa lo que no podía soportar. A mí me dan mucho miedo las cosas que vuelan. Sobre todo las que tienen pico. Nada más aterrador para mí que un pájaro atrapado adentro de una casa, batiendo las alas con frenesí. (Creo que todo se remonta a una tarde de mi infancia en que vi sin querer una escena de “Los Pájaros” de Hitchcock).&lt;br /&gt;De pronto se me ocurrió otra alternativa.&lt;br /&gt;-Tengo Raid matabichos.&lt;br /&gt;-Pero eso es para moscos -observó mi madre.&lt;br /&gt;-Ya sé, pero igual y se apendeja.&lt;br /&gt;-Pues a ver, apendéjala y luego agarras el trapo y la sacas.&lt;br /&gt;La segunda parte seguía sin convencerme. Pero quise confiar en que el Raid noquearía a la cosa esa y haría más fácil el trámite.&lt;br /&gt;-Voy a echar Raid y a abrir todas las ventanas.&lt;br /&gt;-Si abres todas las ventanas se va a salir el Raid.&lt;br /&gt;-Ya. No cuelgues, ¿eh?&lt;br /&gt;-No cuelgo.&lt;br /&gt;Tomé el Raid matabichos, me acerqué a Goran Petrovic y rocié como si no hubiera mañana. La mariposa empezó a aletear en su lugar, y luego alzó el vuelo. La histeria quedó oficialmente inaugurada. Dando de gritos, corrí por toda mi casa rociando sin parar, atinando los ángulos donde la bestia alada correteaba para salvar su vida. Luego corrí al teléfono y anuncié:&lt;br /&gt;-Te voy a colgar. Me voy a esconder al baño.&lt;br /&gt;En mi casa no hay otro lugar donde uno pueda esconderse. La sala, el comedor, la cocina, el estudio y la habitación conviven en el mismo espacio abierto de 50 metros cuadrados. En peleas de novios, la única alternativa de escape es el baño o la calle. (Una vez opté por lo segundo y todavía me arrepiento).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el baño me sentí temporalmente a salvo así que me puse a reflexionar sobre la situación. Hacía no muchos días estaba en mi sesión de análisis diciendo que estaba dispuesta a rascar hasta lo más hondo, hasta lo más abominable y supurante de mi conciencia, de una vez por todas. Curioso es cuán frágiles pueden ser las fronteras del arrojo. También me pregunté, como casi siempre que mato a un bicho inocente, qué derecho tengo de hacerlo. Y no por una culpa  franciscana de que todos somos criaturas del Señor, sino más bien meditando si no es el núcleo de esa histeria asesina el mismo que ha llevado a la humanidad a matarse en tropel: el instinto que dicta que una amenaza, por débil que sea, tiene que ser aniquilada. Pero daba igual. Yo quería ese bicho fuera de mi orden y de mi sábado a cualquier precio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cinco minutos después salí del baño. Busqué con ojo de lince y con una enorme suerte alcancé a ver cómo la mariposa caía, agonizante, detrás de la cortina de mi escritorio. De no haberla visto hubiera supuesto que salió por la ventana, o peor aún: no hubiera pegado ojo especulando desde qué rincón aparecería en medio de la noche para aletearme su venganza en la cara.&lt;br /&gt;Sonó el teléfono.&lt;br /&gt;-Está detrás de la cortina.&lt;br /&gt;-Pues la agarras con el trapo y la sacas. Yo saqué así docenas de mariposas y pájaros negros de la terraza de la casa.&lt;br /&gt;Eso es fácil de decir para alguien que ha lidiado con pájaros negros mucho más enormes y horribles, en todo tipo de presentaciones.&lt;br /&gt;-¿Y si sale volando y me ataca?&lt;br /&gt;-Agarra la cortina y sácala por la ventana.&lt;br /&gt;Creo que de no haber contado con una asesoría tan firme e implacable me hubiera ido a dormir al baño. Haciendo el mayor acopio de agallas del último lustro, comencé a agitar la cortina. El bicho cayó a los pies del escritorio. No se movía. Fue gracias a eso que pude anunciar con bravura:&lt;br /&gt;-La voy a aniquilar.&lt;br /&gt;Fui por una escoba, le pegué al insecto aquel como si me hubiera secuestrado a mis hijos y me hubiera prometido medicinas sin pagármelas, y no fue hasta que vi un ala medio partida que me animé a agarrarla con el mentado trapo y echarla por la ventana. Tomé el teléfono con aplomo.&lt;br /&gt;-Todo ha terminado.&lt;br /&gt;-Payasa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Luego de eso han ocurrido más cosas extrañas. Con las lluvias se va mucho la luz por donde vivo. La otra noche, harta de comerme la cabeza a la luz de las velas, agarré el paraguas y me salí por un café. El único establecimiento con luz y con mesas para fumadores era el Parnaso. Fue ahí donde un personaje de paliacate y cejas de Gárgamel me abordó con un poema donde me compraba con un cuarzo (nunca entendí bien por qué) y luego se sentó en mi mesa para recetarme aventuras tales como la tortura telepática que sufrió a manos de unos hindúes en una cárcel de Calcuta, para después leerme en voz alta unos cuentos inconexos que incluían brujos y nahuales y a la CIA, todo recitado con una voz de partir tímpanos. Pagué la cuenta y escapé tan pronto pude. Y luego, hace unas horas, mi coche colisionó contra otro estacionado unos metros atrás, por haberme bajado con prisas a mi terapia y no haber dejado puesta la primera velocidad en una calle empinada. Corrí con suerte en más de un sentido. Los coches no sufrieron mayor daño y el ajustador me incluyó en el reporte una calavera que traía yo rota para que el seguro cubra la reparación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El otro día vi también Match Point, de Woody Allen. (Sé que todo esto está sonando igual de inconexo que los cuentos del hombre del paliacate, pero llegaré a puerto, espero). La premisa de la historia es la suerte, el azar. El protagonista es un caradura, un ambicioso, maquiavélico y muy pertinaz, y además un psicópata con un gélido desarraigo hacia los sentimientos de los demás. Pero al final del camino, también es un suertudo. Suertudo desde que le tocó ser groseramente guapo, estar en el lugar correcto en el momento correcto para seducir a una familia groseramente rica, seducir luego a la concuña recién abandonada por el cuñado, y finalmente salirse con la suya en un triple asesinato gracias a la trayectoria de una simple sortija que aterrizó a su favor. Conclusión: no hay justicia en el mundo. No hay orden preestablecido, no hay karma, no hay providencia. Todo es azar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La cosa es… ¿qué es buena suerte y qué es mala suerte? Qué suerte que tuve un hogar, qué mala suerte que no nací en un palacete. Qué buena suerte que no me dio polio, qué mala suerte que tengo pie plano. Qué mala suerte chocar, qué buena suerte no morirse; qué mala suerte que no estoy compartiendo mi casa, qué buena suerte que no vivo con un ganapán; qué mala suerte tener gastritis, qué buena suerte no tener esclerosis múltiple; qué mala suerte que mi mamá esté enferma, qué buena suerte que viva. Qué buena suerte que no me tocó la peste bubónica, qué malísima pata que me hayan tocado las eras del sida. &lt;br /&gt;El azar quiso que yo viera a esa mariposa negra y nunca sabré si fue mejor o peor que no haberla descubierto. El evento responde a una concatenación de eventos voluntarios: la descubrí buscando un incienso, que pongo por la misma razón que dejo abiertas las ventanas de la casa (el humo del cigarro), motivo por el cual la mariposa logró entrar. Qué mala suerte que fumo. Qué buena suerte que no uso heroína, que no voy a acabar (espero) como el tipo del Parnaso...&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lo único "bueno" de la casualidad (que SÍ es implacable), lo único que salva a la existencia del absoluto descontrol y la anarquía a los que nos tiene sometidos, es la también absoluta ignorancia de lo que implica. Siempre pudo ser peor y siempre pudo ser mejor. El optimismo y el pesimismo no son otra cosa que el modo de relacionarnos con el azar; la estadística es la fantasía de cuantificarlo, y la superstición y sus hermanas las religiones no son más que una entelequia para hacernos creer que podemos calificarlo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando concluyó el incidente de la mariposa negra le repetí a mi madre al teléfono que sin ella no lo hubiera logrado. Ella le quitó toda importancia pero yo sé que se sintió bien. Mi madre siempre se siente bien cuando puede hacer algo por mí. A costa de la mala fortuna de un ser vivo, buena suerte que tuvo con qué. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-3841554649710588686?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/3841554649710588686/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=3841554649710588686' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/3841554649710588686'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/3841554649710588686'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/08/el-intruso.html' title='El intruso'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-8224075935149422906</id><published>2009-07-13T21:12:00.000-07:00</published><updated>2009-07-13T21:48:52.064-07:00</updated><title type='text'>Ovejas Negras (Última parte)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/SlwIF5okKFI/AAAAAAAAACE/hXogZUSSRMM/s1600-h/Linares"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 221px; height: 320px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/SlwIF5okKFI/AAAAAAAAACE/hXogZUSSRMM/s320/Linares" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5358166554127378514" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;00:23 a.m.&lt;br /&gt;La bisabuela es otro personaje mítico que yo nunca conocí. Me agarra la cara y me truena cuatro besos en cada cachete, me apretuja y remata con unas bofetaditas. “Ayyyy pero qué rica estás”. Al entrar hace lo mismo con todos los demás, salvo con mi abuelo. A él sólo le da las bofetaditas y le pide una cuba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;00:35 a.m.&lt;br /&gt;Kevin y las güeras salen del baño por quinta vez en el lapso de una hora, anunciando que se van a Cancún. Carlos quiere irse con ellos. Rosaura no lucha,  directamente se troncha de risa. El niño arremete con un berrinche colosal.&lt;br /&gt;-¡Nunca me dejas hacer nada! ¡Te odio! ¡Tú no eres mi madre!&lt;br /&gt;Y se tira en el piso, y agarra la olla con restos de fabada y se la echa encima, y llora y se retuerce. Todos los que deciden intervenir salen lesionados. A Cristina le toca una patada en la oreja, a Antonio le cae un trozo de morcilla en el ojo, mi abuela acaba con una mordida en el codo. Todo se arregla cuando mi abuelo le cruza la cara al niño y aprovechando el shock le mete un cigarro en la boca y lo enciende. Carlos tiene que parar de llorar para ponerse a toser.&lt;br /&gt;-A ver si así te calmas, mequetrefe.&lt;br /&gt;Aprovechando el caos, el Kevin y las alemanas se escabullen. Mi bisa no se entera de gran cosa, está muy entretenida sopeando un bolillo en su cuba y viendo el box. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;00:51 a.m.&lt;br /&gt;Durante unos instantes la casa queda sumida en un extraño silencio, sólo se escucha el partido de box en la tele y a mi bisa diciendo quedito “dale, pringao”.  Parece que la fiesta ha terminado. Pero entonces mi abuelo se arrellana en el sofá, da dos palmadas en el asiento llamando a la abuela, y se dirige con autoridad al DJ. &lt;br /&gt;-Andrés, quiero oír Cielo rojo.&lt;br /&gt;Andrés tiene que pantentar su rebeldía así que no pone Cielo rojo sino una de Mocedades, pero el abuelo no refunfuña. Vuelve a correr el whisky y el ron y Carlos empieza a aventarle restos de sopa a todo el mundo, muerto de risa. La fiesta no ha terminado, sólo ha entrado en su categoría sentimental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;01:24 a.m.&lt;br /&gt;En cuanto termina el box la bisa me llama abriendo los brazos.&lt;br /&gt;-Ven aquí, cariño.&lt;br /&gt;Me da un poco de miedo su amor salvaje, así que me mantengo a una distancia prudente.&lt;br /&gt;-Cuéntame. ¿Cómo has estado?&lt;br /&gt;Noto que la abuela, Rosaura y Cristina se van sentando junto a nosotras en la cama. Pronto sé que la pregunta es retórica; la buena llega a continuación.&lt;br /&gt;-Ese muchacho tan serio que me abrió la puerta… es casado, ¿verdad?&lt;br /&gt;Me enderezo como payaso de caja. Cristina, Rosaura y la abuela me miran en actitud de pijamada trágica. Otra vez sé que no hace falta que responda.&lt;br /&gt;-No te operes nada –dice Rosaura.&lt;br /&gt;-Tienes un busto muy bonito –refuerza la abuela.&lt;br /&gt;No es el busto, es una gluteoplastia, pero no quiero dar explicaciones.&lt;br /&gt;-Nunca la va a dejar, ¿verdad?&lt;br /&gt;Ninguna me responde pero las cuatro me miran con un silencio que me jala las pestañas hacia el colchón. Luego la bisa me empieza a dar palmaditas joviales en la pierna.&lt;br /&gt;-Mejor para ti, hijita. Mejor para ti.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;01:50 a.m.&lt;br /&gt;Los tíos ponen “Bésame mucho” y todos cantamos. Yo lo hago parada en la mesa de la sala. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;01:56 a.m.&lt;br /&gt;Cantamos “Algo contigo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;02:02: a.m.&lt;br /&gt;Cantamos “Toda una vida”. Mi abuela llora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;02:10 a.m.&lt;br /&gt;Cantamos “Mediterráneo”. Lloran mis tíos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;02:19 a.m.&lt;br /&gt;Cantamos “Si nos dejan”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;02:25 a.m.&lt;br /&gt;Cantamos “Volver, volver”, “No volveré” y “Volver”. Devuelvo en una maceta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;02:51 a.m.&lt;br /&gt;Cantamos “Un mundo raro”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;02:59 a.m.&lt;br /&gt;Cantamos “México lindo y querido”. Lloramos todos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;03:14 a.m.&lt;br /&gt;De repente el tío Antonio se levanta, camina tambaleándose hacia el teléfono y anuncia:&lt;br /&gt;-Voy a llamar a mi hija.&lt;br /&gt;Se hace un silencio como si mi tío se hubiera tirado un pedo y luego dicho Cristo es el Señor en una sinagoga. Mi abuela se pone de pie. &lt;br /&gt;-¿Estás seguro?&lt;br /&gt;-Tranquis, Gallo –dice Andrés.  &lt;br /&gt;-Sabes que no tienes que hacerlo.&lt;br /&gt;Me pregunto por qué tantas advertencias y se me ocurre que quizá los parientes tengan restringido el contacto con vivos cercanos, como en las películas de viajes en el tiempo, donde no se puede cambiar ni un pelo de lugar porque se despatarra todo el orden cósmico.&lt;br /&gt;-¿Hola? ¿Cariño? –Antonio le sonríe al auricular.&lt;br /&gt;Todos nos engarrotamos. La tensión se corta con espátula. Mi abuela se muerde las uñas y Cristina me pellizca el brazo.&lt;br /&gt;-Óyeme bien, hijita, la vida puede parecer muy complicada, pero no es para tanto. Tú no confíes en nadie, pero sé amiga de todos. ¿Sí me entendiste, cielo?&lt;br /&gt;Tras unos segundos, inesperadamente, Antonio cuelga. Se queda mirando a un punto en la pared, circunspecto.&lt;br /&gt;-¿Qué te dijo? –suplica la abuela.&lt;br /&gt;Antonio se prende un cigarro al revés. Lo apaga en un vaso de cuba sin gas. Enciende otro.&lt;br /&gt;-Que me vaya a decirle guarradas a una de mi edad.&lt;br /&gt;Andrés levanta los brazos, triunfal.&lt;br /&gt;-Pues claro.&lt;br /&gt;-¿Cómo que “pues claro”? –intervengo. Le acerco el teléfono a Antonio. –Vuélvele a llamar.&lt;br /&gt;-¿Qué no has oído? La niña cree que es un pervertido –gruñe el abuelo.&lt;br /&gt;-¡Porque son las tres y media de la mañana de un lunes y éste se murió hace diez años!&lt;br /&gt;-Vale. ¿Qué sugieres? –sonríe Antonio. &lt;br /&gt;-Pues no sé. Explícale. Ve a su casa. ¡Tiene que saber que su padre está en México! Digo, en el mundo… o lo que sea. ¡Y tu mujer! ¿No le piensas decir a tu mujer que estás aquí?&lt;br /&gt;-¿Para qué? ¿Para que a la media hora se ponga con rollos igual que tú? –corta el abuelo.&lt;br /&gt;Me quedo muda y me colapso sobre una silla, sin argumentos. El abuelo se va a la cocina y los demás también rompen filas con repentinas ganas de lavar trastes. Sólo mi abuela se queda junto a mí, y con infinita paciencia me dice:&lt;br /&gt;-¿Has oído una frase que dice “dejad que los muertos entierren a sus muertos?”&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-¿Has oído otra frase que dice “descanse en paz?”&lt;br /&gt;Asiento.&lt;br /&gt;-Pues ya está, chata. Es el único privilegio que nos queda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;03:46 a.m.&lt;br /&gt;Saco una baraja para echar un continental. Mis tíos quieren apostar. Me doblo de risa.&lt;br /&gt;-¿Qué van a apostar si no traen un clavo?&lt;br /&gt;-¡De prendas! –aplaude Cristina.&lt;br /&gt;-Te me calmas, ¿eh? En mi casa no van a empezar los incestos, para eso se van a otro lado. &lt;br /&gt;-Se pueden apostar otras cosas –sonríe Andrés, enigmatico.&lt;br /&gt;-¿Cómo qué?&lt;br /&gt;Andrés va por su chaqueta de entierro. Saca sus arras de matrimonio del bolsillo derecho y las pone sobre la mesa. Esto se puede poner interesante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;04:22 a.m.&lt;br /&gt;Antonio gana la primera ronda con una flor imperial. Se queda con las arras de mi tío, el anillo de compromiso de Cristina, el reloj de mi abuelo, mi ipod, el dije de la Virgen de Covadonga de mi bisa, y se arma una disputa por la pulsera de oro de mi tía Rosaura. &lt;br /&gt;-Ah, no. Esa pulsera no se va a ningún lado. Esa pulsera es mía, ¿te enteras? –gruñe la abuela.&lt;br /&gt;-No es tuya. Tú me la regalaste, mamá. Lo que se da no se quita.&lt;br /&gt;-Haz lo que quieras.&lt;br /&gt;-Pero no te pongas así.&lt;br /&gt;-¿Y cómo quieres que me ponga? Las cosas que te he dado no son para que las andes perdiendo en apuestas.&lt;br /&gt;-Exacto. Son para pudrirse en una urna –digo riendo. Nadie celebra mi humor negro. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;04:37 a.m.&lt;br /&gt;Al cabo de un rato el juego se pone un poco aburrido porque ya nadie tiene nada qué apostar y sólo se trata de recuperar sus cosas. Al tercer intento fallido por recuperar mi ipod sugiero que juguemos a otra cosa que no sean naipes.&lt;br /&gt;-¿Cómo qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;04:58 a.m.&lt;br /&gt;Jugamos pintamonos. Termina pronto porque Cristina hace trampa y Carlos se pone loco, rompe los plumones y raya la pared.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;05:16 a.m.&lt;br /&gt;Jugamos dígalo con mímica. Es un fracaso. Nadie conoce las mismas películas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;05:38 a.m.&lt;br /&gt;Jugamos periodicazo. Se pone demasiado violento.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;05:45 a.m.&lt;br /&gt;Recalentamos la cena y hacemos café.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;06:10 a.m.&lt;br /&gt;Me estoy cayendo de sueño. Quiero despertar pero entre el café y el alcohol me va a dar gastritis y el Kevin se llevó todas las medicinas de la casa. ¿Habrá quedado algo de coca en el baño? Me asomo. Hay unos restos de polvito blanco en el borde de la tina. Lo junto todo con el dedo y chupo, pero me sabe a jabón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;06:14 a.m.&lt;br /&gt;Al salir del baño me topo con mi abuelo, que va a entrar. Decido que este es el momento de interrogarlo de una vez por todas, antes de que se me olvide cómo me llamo. Ahí mismo, junto al lavabo, disparo.&lt;br /&gt;-Bueno, pero ya dime, ¿ustedes dónde viven?&lt;br /&gt;Mi abuelo me mira con extrema gravedad.&lt;br /&gt;-¿Es un chiste, o qué?&lt;br /&gt;No sé cómo reformular la pregunta.&lt;br /&gt;-Está bien. ¿Existe Dios? Sólo dime eso. &lt;br /&gt;-¿Y yo cómo voy a saberlo?&lt;br /&gt;-¿Cómo que cómo? ¡Estás muerto!&lt;br /&gt;-¿Y eso, qué?&lt;br /&gt;Lo dice con una seriedad que me pone huangas las piernas. Si las respuestas no llegan con la muerte, ¿entonces cuándo?&lt;br /&gt;-A ver, bonita, ¿tú qué pensarías de un Dios que un día se te aparece y te dice “ya está, llegó el momento, ahora mismo te lo voy a revelar todo”?&lt;br /&gt;No tardo mucho en responder. &lt;br /&gt;-Pensaría que me está tomando el pelo.&lt;br /&gt;El abuelo alza las cejas, suspicaz, y con un educado empujón me saca del baño.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;06:33 a.m.&lt;br /&gt;Despotrico en la sala.&lt;br /&gt;-¿Entonces qué? ¿No hay más que misterio? ¿Ya está? ¿Es eso lo que mueve a la humanidad? ¿Todo este pensar, discernir, descubrir, inventar, conquistar, querer, sufrir, destruir, crear, todo para tratar de desentrañar un misterio que nunca vamos a desentrañar? ¿El único sentido es el sinsentido? ¡¿Por toda la eternidad?!&lt;br /&gt;Carlos me responde muy seguro.&lt;br /&gt;-Tienes polvito blanco en la boca.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;06:45 a.m.&lt;br /&gt;Hablan y hablan y hablan. Trato de seguirles el hilo y de vez en cuanto digo sí o no con la cabeza apoyada en el regazo de mi bisa, pero el piojito que me está haciendo es hipnótico. En treinta y ocho años bajo tierra ha crecido unas uñas formidables. Carlos ronca y babea con un pie sobre mi pantorrilla, abrazado de su madre. Alcanzo a escuchar nombres de futbolistas, de toreros, de presidentes, de bailarinas exóticas, de cantantes, de gente con mi apellido. Huele a tabaco, a naftalina, a comida, a humedad y a café. Lo último que bordea mi conciencia son sus voces, francas y dulces, cada vez más y más lejos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:40 a.m.&lt;br /&gt;Despierto con la campana del camión de la basura. Mi primer pensamiento entre el sueño y la vigilia es si me pongo los pants y bajo la basura o dejo que se me junte otros tres días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:41 a.m.&lt;br /&gt;Despierto del todo y se me encoge el corazón: no están los parientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:42 a.m.&lt;br /&gt;¿Dónde están?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:43 a.m.&lt;br /&gt;¿Lo soñé?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:44 a.m.&lt;br /&gt;No lo soñé. Hay indicios claros de su presencia. Primer indicio: han dejado la casa limpia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:45 a.m.&lt;br /&gt;Segundo indicio: En el refrigerador hay tuppers con sobras de la cena. También hay una botella de Chivas a la mitad y unas tres cucharadas de helado de cajeta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:46 a.m.&lt;br /&gt;Tercer indicio: A mi chequera le faltan tres cheques.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;07:47 a.m.&lt;br /&gt;Sé que no van a volver. Me meto en la cama y me pongo a llorar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;08:13 a.m.&lt;br /&gt;Estoy mareada y la cabeza me explota. Bajo por un café y me desayuno lo que quedó de helado y un plato de arroz negro con ensalada rusa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;08:48 a.m.&lt;br /&gt;Entro al baño. En el espejo encuentro un dibujo de Carlos. Es una bicicleta y abajo dice “nos vemos pronto”. Leo la frase unas diez veces, dejando que la nostalgia por sus vidas vividas y por la vida sin ellos me desguace.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;08:59 a.m.&lt;br /&gt;Leo la frase unas seis veces más, hasta comprenderla del todo. Después despego el dibujo, lo doblo y lo guardo hasta el fondo de un cajón, donde un día me dé mucha alegría encontrarlo, pero no tenga que acordarme todo el tiempo de que está ahí.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;(Para Conchi, si un día se anima a leerlo)&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: right;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-8224075935149422906?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/8224075935149422906/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=8224075935149422906' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8224075935149422906'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8224075935149422906'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/07/ovejas-negras-ultima-parte.html' title='Ovejas Negras (Última parte)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/SlwIF5okKFI/AAAAAAAAACE/hXogZUSSRMM/s72-c/Linares' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-7748937988844966054</id><published>2009-07-06T21:48:00.000-07:00</published><updated>2009-07-06T22:18:13.664-07:00</updated><title type='text'>Estas son las mañanitas que cantaba el rey David (¿qué carambas significa esa frase...?)</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://cctvimedia.clearchannel.com/birthday%20cake.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 350px; height: 364px;" src="http://cctvimedia.clearchannel.com/birthday%20cake.jpg" border="0" alt="" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Coyojane hace un paréntesis para autofelicitarse por su primer aniversario. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es emocionante festejar el aniversario de algo donde uno tiene mérito directo. Como dejar de beber o no haber dejado de ir al gimnasio o conservarse en pareja. No sucede así en los “grandes” aniversarios como los cumpleaños, las Navidades, cuando se trata de las madres o los muertos y mucho menos en los cambios de año. Aunque tal vez los cumpleaños sí tengan algo de meritorio: vivir no está tan fácil, aunque así lo parezca. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Yo no quería decir nada cursi hoy pero no voy a poder evitarlo. Aquellos que han seguido este blog desde sus albores, surcando disertaciones matrimoniales y anti-tabaco, crónicas viales, viajeras y gripales, monjas y enfermeras y una que otra catarsis, saben que nació de un intento por trasladar la escritura a un lugar que no fueran programas masivos o cuadernos anónimos. Un ensayo aventurado de tratar de ser congruente con lo que intuyo que es mi quehacer, de compartir lo personal, de comunicar, pues, como hacía aquel señor que no se podía mover y para hacerlo guiñaba el ojo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que hace este 7 de julio “festejable” es poder admitir, con gozo, dicha y algarabía, que sí, que ahí va. Que este intento ha cundido, que este espacio ha sido como un taller de orfebrería aterrador y lleno de sorpresas, que cada vez que publico algo sigo sufriendo las horas siguientes por qué van a pensar de mí, y que aunque eso me suceda toda la vida, nunca va a ser un obstáculo para continuar. Saber eso es por lo que brindo el día de hoy. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Salud! Y gracias por seguir leyendo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-7748937988844966054?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/7748937988844966054/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=7748937988844966054' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/7748937988844966054'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/7748937988844966054'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/07/blog-post.html' title='Estas son las mañanitas que cantaba el rey David (¿qué carambas significa esa frase...?)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-8189912027573477129</id><published>2009-07-03T19:50:00.000-07:00</published><updated>2009-07-03T20:15:04.095-07:00</updated><title type='text'>Ovejas Negras Parte III (Visitas)</title><content type='html'>20:07 p.m.&lt;br /&gt;Sobre la mesa hay hojas garrapateadas con mi firma. Me abalanzo sobre mi tía Cristina. Le hablo tan cerca que sin querer le escupo en el ojo. &lt;br /&gt;-¡¿Dónde está mi chequera?!&lt;br /&gt;-No sé. ¿Quién es “Pompi”?&lt;br /&gt;Noto que la tía tiene mi celular en la mano. Se lo arrebato. &lt;br /&gt;-¡Nadie!&lt;br /&gt;-Pues ha estado hablando todo el día. &lt;br /&gt;-¿Le contestaste?&lt;br /&gt;Cristina pone cara de ofendida. &lt;br /&gt;-Yo no sé usar esas cosas. &lt;br /&gt;Sí le contestó. &lt;br /&gt;-¿Qué le dijiste?&lt;br /&gt;-Nada. Que habías salido. No es muy platicador, ¿verdad? &lt;br /&gt;Corro a mi computadora. Checo las últimas páginas visitadas. Porno, porno, porno, Hipódromo de las Américas, porno, Superama.&lt;br /&gt;-¿Qué pasa con la chequera, hija? ¿No que no tenías dinero?&lt;br /&gt;Esto es inaudito. Me va a dar gastritis, lo siento venir. &lt;br /&gt;-¡Eran mis ahorros!&lt;br /&gt;Mi abuelo levanta una ceja. &lt;br /&gt;-¿TÚ tienes ahorros?&lt;br /&gt;-¡Sí! ¡Para mi operación!&lt;br /&gt;En cuanto lo digo me tapo la boca.  &lt;br /&gt;-¿Qué operación?&lt;br /&gt;Todos volteamos. El que pregunta es mi tío Andrés. Lo sigue mi tío Antonio. Entran con muchas bolsas del súper y con dos güeras. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;20:17 p.m.&lt;br /&gt;-¿Y éstas? – respinga mi tía Rosaura.&lt;br /&gt;Andrés presenta con formalidad. &lt;br /&gt;-Inga, Gertrude, la familia. &lt;br /&gt;-¡Mucho gusto! –dice Carlos, y corre a besar a las visitas en ambas mejillas. También intenta besarlas en la boca pero Rosaura lo aparta tirándole del cuello de la camisa. Me pregunto en qué momento va a intervenir mi abuelo para poner un poco de orden. Pero parece haberse picado con la telenovela que está viendo Cristina en la televisión. &lt;br /&gt;-Etwas zu trinken? –pregunta Andrés. &lt;br /&gt;-Ja, danke –responden a coro las alemanas.&lt;br /&gt;Mi tío Andrés era políglota, o de eso presumía. En realidad se sabía cuatro frases en cada idioma y con eso y su sonrisa de millón de dólares conquistaba al mundo y el perdón de todos los compadres, socios y compinches que se embarcaron con él en sus numerosos negocios inviables. &lt;br /&gt;-Bier? wein?&lt;br /&gt;Observo patidifusa cómo en segundos todos tienen vasos servidos y cigarros en la mano; las güeras se apoltronan en mi sala, y de las bolsas van saliendo latas, embutidos, quesos, botellas de vino y de whisky,  helados de los buenos, puros de los caros, y en las bocinas empieza a sonar Camilo Sesto. Carlitos está como fuera de sí. &lt;br /&gt;-Tío, ¿cómo se dice “estás muy bonita” en alemán? &lt;br /&gt;-Dass tits. &lt;br /&gt;Mi primo se emociona y se pone a gritar la frase brincando en la mesa. Las güeras se despatarran de la risa. &lt;br /&gt;-¡A ver, ya estuvo bueno!&lt;br /&gt;Mi grito no parece amedrentarlos, pero al menos se callan.  &lt;br /&gt;-Me traen de chofer todo el día, les cumplo todos sus caprichos, me explotan, me roban…&lt;br /&gt;-Es que, sobrina, tu despensa estaba pa’ llorar…&lt;br /&gt;Rosaura comenta bajito con mi abuela:&lt;br /&gt;-Estaba ahorrando para su operación…&lt;br /&gt;-Sí, ¿pero operación de qué? –le contesta la otra en susurros. &lt;br /&gt;-¡Les importa un cacahuate mi operación y mi despensa!  &lt;br /&gt;Mi abuelo se pone de pie y engrosa la voz. &lt;br /&gt;-Óyeme, un respeto para los muertos. &lt;br /&gt;-¡Muertos los patines de cuatro ruedas! ¡Ustedes son una bola de aprovechados!&lt;br /&gt;Las alemanas miran la escena con el entusiasmo de quien asume que la hostilidad familiar es parte del folklore local. Para su deleite, llevo el culebrón al límite.   &lt;br /&gt;-¡Se me largan de aquí todos! ¡Ahorita mismo! ¡Pero ya!&lt;br /&gt;Nadie se mueve. &lt;br /&gt;-¿Ah, no? Está bueno. Me largo yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;20:55 p.m.&lt;br /&gt;La primera y segunda cuadras voy muy envalentonada, gritándole insultos a un par de automovilistas y a una moto del Sushi Itto que no me quieren ceder el paso, pero a la mitad de la tercera me empiezo a sentir culpable. Maltraté a mi familia por dinero. Por sucio y pichicato dinero. Soy una tacaña, miserable, pobre de espíritu. Luego empiezo a pensar algo terrible: ¿qué tal que de veras se van? ¿Qué tal que no los vuelvo a ver nunca? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;21:32 p.m.&lt;br /&gt;Huele a comida en todo el edificio. Ajo, chorizo, aceite de oliva. Cuando entro a la casa suena Raphael y todos están hablando de toros. Es la sobremesa de un banquete. Me pregunto cómo hicieron todo esto con la olla rota y el sartén chamuscado que tengo por toda batería de cocina.  Mi abuela me pone enfrente un plato de fabada, queso y pan. A la segunda cucharada sucede algo muy raro. Jalo a mi abuela del vestido, me prenso de su cintura, y me pongo a llorar hasta que la fabada se enfría. La abuela logra zafarse con el pretexto de volverla a calentar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;22:09 p.m.&lt;br /&gt;Estamos haciendo café cuando un grito irrumpe desde la calle:&lt;br /&gt;-¡Gallo!&lt;br /&gt;La primera vez nadie pone mucha atención. La segunda mi tío pausa el Itunes. &lt;br /&gt;-¡Gallo, ya sé que estás ahí, cabrón! ¡Sal, desgraciado!&lt;br /&gt;Mis tíos se miran. Antonio va a la ventana y se asoma. Voltea estupefacto hacia mi tío Andrés. &lt;br /&gt;-¡Es el Kevin! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;22:11 p.m.&lt;br /&gt;De repente tenemos en la puerta a un personaje de entre 50 y 90 años, mezcla de Los Olvidados con Mario Almada versión engomado-con-el-propio-cebo-capilar. No deja de besar y abrazar a mi tío Antonio.  &lt;br /&gt;-Te vi hace rato saliendo del banco y dije no puede ser, brother, no puede ser, tengo que seguir a este infeliz. ¡El Gallo García! Yo te hacía muerto, cabrón. ¿Cómo estás, caracho? Te ves re bien. &lt;br /&gt;-¿Te acuerdas de mi hermano?&lt;br /&gt;Al ver a mi tío Andrés a Kevin se le desorbitan sus inyectados ojos y sonríe tanto que parece que se le van a salir sus cinco dientes. &lt;br /&gt;-¡No te pases! ¡El Andru!&lt;br /&gt;Vuelven los abrazos, los besos y los piquetes de costilla. Al cabo de un rato el Kevin repara en la concurrencia. &lt;br /&gt;-No chingues, carnal. Está aquí toda la familia. Qué suave. &lt;br /&gt;Sólo las alemanas, muy educadas, se dejan abrazar. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;22:58 p.m.&lt;br /&gt;Luego de media botella de vino y tres platos de potaje, el Kevin está pletórico. &lt;br /&gt;-Estábamos dándonos unos ácidos ahí en la libre a Cuernavaca con el Andru y el Gallo y el Pit, ¿no? ¿Sí te acuerdas del Pit? Y entonces que llega la tira, y yo digo chale. Y este cabrón dice no, son emisarios de la cuarta dimensión, ¡emisarios de la cuarta dimensión, no mames! &lt;br /&gt;-Yo también los vi una vez -interviene Carlos. &lt;br /&gt;-Pus entonces que nos cae la tira, mano. ¿Y sabes qué hizo tu tío Antonio?&lt;br /&gt;Carlos y yo respondemos al unísono. &lt;br /&gt;-¿Qué?&lt;br /&gt;-Pinche Gayo, te pasas de lanza. Agarra y mete reversa, cabrón. ¡Reversa! &lt;br /&gt;Antonio, Andrés, Cristina y Carlos se mueren de risa. Las alemanas corean por contagio.  &lt;br /&gt;-Pinche Valiant chillando como su madre, y yo viendo todo pasar así ¡za, za, za! Por ésta que esa vez sí la vi bien cerca a la tuerta. &lt;br /&gt;-¿A quién? –Cristina arruga la nariz.&lt;br /&gt;-La flaca, la pelona, la parca, la tía de las muchachas. ¿Pues en qué mundo vives tú, chamaca? Como a ochenta, noventa íbamos. ¡Pásu mecha! Y en eso, que se nos poncha una llanta. &lt;br /&gt;-¡La pinche llanta, sí es cierto! –ríe Andrés. &lt;br /&gt;-¿A poco ya no te acordabas? Si eso nos salvó la vida, carnal. &lt;br /&gt;-¿Y luego qué pasó? –quiero saber. &lt;br /&gt;Mi abuelo se levanta, bufando.  &lt;br /&gt;-Luego se voltearon, los detuvo la policía, se los llevaron a una delegación inmunda en Yautepec, y yo tuve que irlos a sacar. Y no era un Valiant, era un Cadillac del año y era mío. Carmen, sírveme un whisky, coño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;23:41 p.m.&lt;br /&gt;Donna Summer rompe las bocinas. Cristina y Carlos bailan encima de la cama y los tíos se pelean la “consola” para bajar canciones y se quejan de lo lento de mi conexión; Rosaura y los abuelos están muy entretenidos actualizándose con las fotos recientes de los vivos de la familia, y yo llevo como diez minutos afuera del baño esperando a que el Kevin y las alemanas terminen de meterse rayas. De repente Rosaura me dice:&lt;br /&gt;-Ahí te buscan. &lt;br /&gt;Volteo tan rápido que casi me caigo de lo mareada que estoy. José Adrián está parado en la puerta.&lt;br /&gt;-¿Qué haces aquí?&lt;br /&gt;-¿Por qué no contestas el teléfono?&lt;br /&gt;-¿Qué hora es?&lt;br /&gt;-¿Estás borracha?&lt;br /&gt;-¿Él es Pompi? &lt;br /&gt;A falta de respuestas, mi abuelo ordena:&lt;br /&gt;-Siéntese y tómese algo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;23:48 p.m.&lt;br /&gt;José Adrián se sienta pero no toma nada. Tampoco acepta cigarros ni puros ni lo que sobró de helado de cajeta.&lt;br /&gt;-Gracias, ya cené. &lt;br /&gt;José Adrián y tenemos queveres hace cuatro años. No sabe gran cosa de mi familia pero sabe que no suelo tener visitas, menos multitudinarias, y mucho menos en lunes. Mi abuela le empieza a pasar fotos.&lt;br /&gt;-Este es Santi, mira qué ricura.&lt;br /&gt;Santiago es mi sobrino. Tiene cinco años. No sé qué es más raro: que mi abuela sepa quién es, o que José Adrián no lo sepa. La tensión parece aminorar, pero en eso Kevin sale del baño dándose puñetazos en el pecho.&lt;br /&gt;-¡Chinguen a su reputisisisisisisísima madre!&lt;br /&gt;Él y las güeras están chorreando de pies a cabeza. Por lo menos el tipo se dio un baño. Se las arrima por la cintura y creo que nunca he visto a un ser humano en dicha tal. &lt;br /&gt;-A ver, mis reinas, ¿quién es su papá? ¿eh? ¿quién es su papá?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;00:17 a.m. &lt;br /&gt;José Adrián aprovecha para escabullirse hacia la puerta. No se despide de nadie y cuando intento darle un beso aprieta la mandíbula y dice:&lt;br /&gt;-Tienes que controlar tu manera de beber. &lt;br /&gt;Y se da la vuelta para empezar a irse. De repente siento unas ganas incontrolables de darle una patada y derribarlo por las escaleras. Me pregunto qué haríamos aquí con un muerto de verdad. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;00:22 a.m.&lt;br /&gt;Escucho que José Adrián le detiene a alguien la puerta de la calle. Es una señora vestida de gris, con anteojos de fondo de botella y un olor a naftalina que trepa hasta la puerta de la casa. No puedo creerlo. Éramos pocos, y llegó mi bisabuela.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-8189912027573477129?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/8189912027573477129/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=8189912027573477129' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8189912027573477129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8189912027573477129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/07/ovejas-negras-parte-iii-visitas.html' title='Ovejas Negras Parte III (Visitas)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-8656651469778991902</id><published>2009-06-18T22:30:00.000-07:00</published><updated>2009-06-18T22:42:55.494-07:00</updated><title type='text'>Ovejas Negras (Parte II)</title><content type='html'>08:50 a.m.&lt;br /&gt;Mi abuelo anuncia:&lt;br /&gt;-Vamos a salir. &lt;br /&gt;No explica para qué. A mí se me erizan todos los pelos del cuerpo. Asumo que quiere arreglar algún asunto pendiente. Para eso regresan los muertos en casi todas las películas. Sólo que en las películas suele haber intermediarios. Asumo que en este caso la intermediaria vendría siendo yo. Espero no tener que matar a nadie. Mi primo se encamina resuelto hacia la puerta:&lt;br /&gt;-Yo también voy.  &lt;br /&gt;-Tú de aquí no te mueves, bandido –replica mi tía Rosaura.&lt;br /&gt;Así se lo repitió a Carlos desde los seis años en que salía a comprar chucherías hasta los 35 en que salía a comprar piedra y él nunca le hizo caso. &lt;br /&gt;-Un poco de aire no le vendría mal al niño –opina mi abuela. &lt;br /&gt;-Bueno, vamos todos –dice el abuelo. &lt;br /&gt;Pero la tía Cristina está embobada con la televisión, el tío Andrés lleva rato escudriñando mi computadora, y el tío Antonio se echa en la cama encendiendo su décimo Delicado y dice en tono muy serio que tiene que “pensar”. Así que al final somos mi abuelo, mi abuela, mi tía Rosaura, mi primo Carlos y yo. Vuelvo a echar las tres llaves y salimos del edificio.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;08:55 a.m.&lt;br /&gt;En cuanto pisamos la calle, mi primo se echa a correr. &lt;br /&gt;-¡Carlos, dame la mano en este instante!&lt;br /&gt;La tía Rosaura lo pesca justo antes de que pase un Jetta volado frente a ellos. &lt;br /&gt;-¿Estás tonto o qué te pasa? &lt;br /&gt;Por un momento la escena me parece lo más natural del mundo. Luego me pregunto qué pasaría si atropellaran a mi primo. ¿Se volvería a morir? No estaría mal. Se moriría más rápido y menos solo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;08:58 a.m.&lt;br /&gt;Empiezo a sentirme incómoda. Toda la gente que pasa se nos queda viendo.  ¿Sabrán que están muertos? Me tranquilizo un poco cuando dos mujeres jóvenes  pasan cuchicheando y una le guiña un ojo a mi abuelo. Sin embargo el resto de miradas son más bien de grima o de mofa. Finalmente caigo en cuenta de por qué: cada uno de mis parientes lleva puesta la ropa con que fue amortajado. Mi abuela tiene hasta flores en la cabeza, mi tía lleva un rosario que le llega hasta los pies y el pobre de mi primo va pisándose su traje.&lt;br /&gt;-¿Dónde está tu coche? – pregunta el abuelo. &lt;br /&gt;No quiero explicar lo de la renta. Respondo alzando la mano. &lt;br /&gt;-¡Taxi!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;09:03 a.m.&lt;br /&gt;Me los llevo a Suburbia. Mi abuela y mi tía eligen rápido un par de vestidos pero mi abuelo nunca usó otra cosa que no fueran trajes azul marino. Cuando al fin elige uno, se pasa la siguiente hora y media quejándose de que no lo haya llevado con un sastre. Mi abuela se intenta robar un talco “sin querer”. Parece que nunca conoció los detectores. Después de muchas explicaciones y fotocopias de mi credencial de elector, por fin salimos con el talco, el traje, tres vestidos, cuatro pantalones, cuatro camisas, seis pares de calcetines, una gorra y una mascarilla de pepino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;10:42 a.m.&lt;br /&gt;Subimos a otro taxi. Mi abuelo le da una dirección al taxista, que no tiene la menor idea de dónde es y yo tampoco. Dando vueltas pasamos frente a un Sanborn’s. Al ver el letrero mi tía contiene el aliento. &lt;br /&gt;-¿Todavía hacen esas tostadas de pata…?&lt;br /&gt;Paramos en el Sanborn’s. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;11:41 a.m.&lt;br /&gt;Subimos a otro taxi. Paramos en una tienda de ultramarinos. Mi abuelo compra aceitunas, berberechos y un Rioja. No lo dejo comprar jamón. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12:15 p.m.&lt;br /&gt;Subimos a otro taxi. Paramos en un concesionario de Chrysler. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;12:43 p.m.&lt;br /&gt;Subimos a otro taxi. Paramos en Chiandoni. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;13:17 p.m.&lt;br /&gt;Subimos a otro taxi. Paramos en la Alameda. Mis abuelos bailan dos piezas de pasodoble mientras Carlos se come un raspado y mi tía Rosaura se espanta a dos que la quieren sacar a bailar. Murmura “canallas” pero noto que sonríe. Se murió con muchos kilos, muchas canas y mucha depresión; éste debe ser su día. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;14:39 p.m.&lt;br /&gt;Subimos al mismo taxi. Paramos en la cantina París.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;15:41 p.m.&lt;br /&gt;Paramos en un Bingo. &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;16:37 p.m.&lt;br /&gt;Paramos en un Juguetibici. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17:16 p.m.&lt;br /&gt;Paramos en un cajero automático. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17:32 p.m.&lt;br /&gt;Paramos en una farmacia por unos Alka Seltzers. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;17:56 p.m.&lt;br /&gt;Paramos en el Circuito Interior. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18:22 p.m.&lt;br /&gt;Paramos en un puesto de periódicos y compramos un Guía Roji.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;18:45 p.m. &lt;br /&gt;Llegamos a la dirección. No dábamos porque el nombre de la calle había cambiado. Es un edificio restaurado de la colonia Escandón. Mi abuelo les dice a mi abuela, a mi tía y a Carlos que esperen en el taxi y me pide que suba con él. &lt;br /&gt;Entramos al vestíbulo de un despacho. La recepcionista está lista para irse. Tiene las uñas kilométricas decoradas con ositos y me impresiona su agilidad para teclear en el celular. Mi abuelo se acerca resuelto y pega con la mano en el mostrador. &lt;br /&gt;-Quiero ver al licenciado Martín Rosales. &lt;br /&gt;La recepcionista salta pero no voltea.   &lt;br /&gt;-¿Perdón?&lt;br /&gt;-Soy Ignacio García. Soy amigo de Martín. De la infancia. &lt;br /&gt;La mujer despega la vista del celular para mirar de reojo el cuadro de un señor gordo, rubicundo y con cejas de aguacero que cuelga de la pared, y luego a mi abuelo alzando una ceja. Decido intervenir. Soy la intermediaria y debo decir algo que suene imponente y categórico. &lt;br /&gt;-Señorita, es bien urgente.   &lt;br /&gt;La recepcionista se pone el celular en el pecho y haciendo cara de que lo siente de veras, explica:&lt;br /&gt;-El licenciado Rosales falleció hace como veinte años. &lt;br /&gt;El abuelo se recarga en el escritorio, descompuesto. La recepcionista se le acerca. &lt;br /&gt;-¿Estás bien? ¿Quieres agua? &lt;br /&gt;Mi abuelo se incorpora lentamente, arreglándose el pelo. &lt;br /&gt;-Le ruego que no me tutee. &lt;br /&gt;Me toma del brazo y caminamos hacia el elevador. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;19:08 p.m.&lt;br /&gt;El elevador tarda demasiado así que bajamos por las escaleras. En el trayecto indago:&lt;br /&gt;-¿Por qué querías ver a ese señor, abuelo? ¿Te hizo algo?&lt;br /&gt;El abuelo se pone serio de muerte. Parece dudar en contármelo. Comienzo a imaginar historias de traición, ultraje y venganza. Finalmente detiene el paso, me mira fijamente y con mucha gravedad expone:&lt;br /&gt;-Tenía que decirle que yo nunca seduje a Rita Mendizábal en la romería del pueblo. Se lo inventé por pura envidia, hija. Por pura envidia. &lt;br /&gt;Hago conciencia de que tengo la boca abierta y la cierro. Luego me tengo que detener del barandal porque las carcajadas no me dejan tenerme en pie. Al abuelo no parece hacerle ninguna gracia. &lt;br /&gt;-¿Qué? ¿De qué coño te ríes?&lt;br /&gt;Este hombre cruzó el océano en barco y el país en tren, montó negocios, lo estafaron, lo endiosaron, conoció al presidente, dejó hijos, nietos… ¡¿Rita Medizábal en la romería?! El abuelo me mira con ojos de pistola y dice muy serio:&lt;br /&gt;-A ese hombre le destrocé la vida. &lt;br /&gt;Hago un esfuerzo por ponerme seria. Luego pienso que uno nunca sabe las cosas que le importan o le atormentan a la gente en el fondo. Trato de levantarle el ánimo. &lt;br /&gt;-Bueno, pero si ese señor ya está muerto también, le puedes decir lo de esta… muchacha cuando lo veas allá en… -señalo por instinto al cielo pero me arrepiento y bajo la mano.  &lt;br /&gt;-¿Pues tú qué te crees que es aquello? ¿Una berbena popular? ¿Tú te crees que yo puedo hablar con Jesucristo o con Manolete así nada más, porque me sale de los cojones?&lt;br /&gt;No nos dirigimos la palabra el resto del camino. Esta vez no paramos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;20:03 p.m.&lt;br /&gt;Cuando llegamos a mi casa la puerta está entreabierta. Todo está revuelto y huele a marihuana a cinco calles. Hay latas de cerveza y mi botella de reserva de vodka está vacía. Mi tía Cristina está sola. Sigue viendo la tele. En cuanto me ve entrar exclama:&lt;br /&gt;-¡¿Qué pasa después en Rebelde?!&lt;br /&gt;Mi abuela adelanta un paso.   &lt;br /&gt;-¿Dónde están tus hermanos?&lt;br /&gt;-No sé. Seguro se fueron de putas. &lt;br /&gt;-¡Yo también quiero irme de putas! –salta Carlos.&lt;br /&gt;-Tú te callas la boca, bribón –su madre le da un manazo en la boca.  &lt;br /&gt;-¿Cómo salieron? &lt;br /&gt;-Vino un cerrajero. &lt;br /&gt;Hasta ese momento reparo en la cerradura forzada de la puerta. Pero eso deja de preocuparme en cuanto recuerdo otra cosa. Corro al baño. Saco la caja de cosméticos. Saco los paquetes de kotex. Abro la caja de las medicinas. Saco todas las medicinas. Volteo la caja. Mi chequera no está.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-8656651469778991902?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/8656651469778991902/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=8656651469778991902' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8656651469778991902'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8656651469778991902'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/06/ovejas-negras-parte-ii.html' title='Ovejas Negras (Parte II)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-7212704386678656490</id><published>2009-06-10T22:27:00.000-07:00</published><updated>2009-06-10T22:41:35.084-07:00</updated><title type='text'>Ovejas negras</title><content type='html'>Lunes, 7:40 a.m.&lt;br /&gt;Hay alguien sentado en la cama junto a mí. Es joven y viste un traje oscuro. Al principio tardo en reconocerlo. Luego caigo: es mi abuelo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7:41 a.m. &lt;br /&gt;Mi abuelo se murió hace treinta años con setenta de edad. Yo nunca lo conocí. Sé que se trata de él porque se parece a una de sus fotos de juventud. Como estoy segura de que sigo soñando, me relajo y lo escudriño con atención. Se ve un poco deslavado. Me sonríe. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7:43 a.m.&lt;br /&gt;Algo extraño sucede: estornudo.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7:44 a.m.&lt;br /&gt;Es un estornudo líquido y aparatoso. El abuelo me da un pañuelo que saca oportunamente del ojal de su saco. Mientras me sueno, pienso que el pañuelo huele a encerrado y que en los sueños no se estornuda. En cuanto termino de limpiarme, me pongo a gritar.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7:45 a.m. &lt;br /&gt;El abuelo se pone nervioso. Trata de sujetarme pero yo me escabullo al otro extremo de la cama. El abuelo busca con la mirada y descubre mi pastillero. Lo abre y vacía las píldoras encima del buró. Ya me las revolvió, estaban por días. &lt;br /&gt;- ¿Cuál es el ansiolítico? – pregunta. &lt;br /&gt;Entre jadeos de terror alcanzo a responder:&lt;br /&gt;- El rosa. Pero nada más media. &lt;br /&gt;El abuelo me mete una pastilla entera en la boca y me la hace tragar. Forcejeo hasta que lo hago entender con señas que necesito agua.   &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7:48 a.m. &lt;br /&gt;Luego sucede otra cosa muy rara. Mi abuelo se pone a estudiar el vaso de agua como si fuera un bicho prehistórico. Tras darle un sorbo experimental se empina el vaso entero y se pone a reír a carcajadas con el agua escurriéndole por el cuello. Mi preocupación actual se reduce a que la pastilla rosa me haga efecto rápido. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7:51 a.m.&lt;br /&gt;- Déjame que te vea – dice el abuelo tomándome de las manos mientras se pone de pie y me dirige a la orilla de la cama. – Qué guapa estás. ¿Cuántos años tienes ahora, mi amor? ¿Como cuarenta?&lt;br /&gt;- Treinta y cuatro. ¿Estoy muerta?&lt;br /&gt;- Me parece que no. &lt;br /&gt;¿Eso es bueno o malo?&lt;br /&gt;- ¿Ya estás más tranquilita?&lt;br /&gt;Hace cinco meses que no tengo trabajo. Tuve que vender mi coche para pagar la renta. Me alcanzó para tres rentas. Necesito dos vodkas cada noche para dormir. Ayer me tomé cuatro. La cabeza me estalla y tengo a mi abuelo muerto en mi cuarto. &lt;br /&gt;- Creo que sí. &lt;br /&gt;- Muy bien. Porque te tengo una sorpresa. &lt;br /&gt;Creo que voy a necesitar otro bromazepan. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;7:55 a.m. &lt;br /&gt;Mi abuelo se acerca a la puerta del balcón y la toca dos veces. Alcanzo a oír cuchicheos. Uno a uno, van saliendo personajes de los álbumes familiares: dos tipos altos y bien parecidos en sus veintes, una chica como de quince, otra mujer en sus treintas y un niño como de ocho. Sé que son mis tíos y mi primo y que todos están muertos pero como sus aspectos no corresponden con sus edades finales, no los distingo bien. Al final sale mi abuela. Ella murió de 85 años pero aparenta unos cincuenta. La reconozco por el peinado de salón. Todos emergen de su escondite expectantes y me miran como si la persona extraña fuera yo. El más pequeño dice hola. Yo me desmayo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;8:08 a.m. &lt;br /&gt;Otra vez estoy en la cama. Mi abuela me pone alcohol debajo de la nariz. Cuando abro los ojos lo primero que percibo es otro olor además del alcohol. Es mousse para el pelo. Mi tía la quinceañera se ha llenado la cabeza de espuma y sigue oprimiendo el difusor del frasco con fascinación. No recuerdo en qué año murió pero con toda seguridad el mousse aún no existía. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;08:15 a.m.&lt;br /&gt;Los parientes se apoltronan en las sillas del comedor. Mientras se beben toda el agua de mi garrafón, me interrogan. &lt;br /&gt;- Y bueno, ¿qué ha pasado en este mundo?&lt;br /&gt;Intento darles un breviario ilustrativo.  &lt;br /&gt;- Pues… cayó el muro de Berlín. Hubo guerra en Iraq. Derrumbaron las torres gemelas de Nueva York. Fidel Castro sigue vivo. Hay un presidente negro en Estados Unidos. La tierra se está sobrecalentando y tenemos una cosa que te comunica con todo el mundo que se llama Internet. &lt;br /&gt;- Ya, ya. ¿Y de toros, qué? &lt;br /&gt;- Déjala, Nacho, ella no tiene por qué saber de esas cosas – interviene mi abuela. &lt;br /&gt;- ¿Sabes hasta qué año jugó Chapi Ferrer? - pregunta uno de mis tíos veinteañeros. &lt;br /&gt;- ¿Quién? &lt;br /&gt;Todo indica que los he decepcionado porque durante los siguientes minutos no me hacen el menor caso y pasan del fútbol a la Fórmula Uno y se enfrascan en una discusión sobre si fue Ronnie Peterson o Nikki Lauda el que sobrevivió aquel terrible accidente y compitió al año siguiente. &lt;br /&gt;- Dejen de hablar de accidentes terribles – reprime la abuela. &lt;br /&gt;- No importa, mamá – suspira mi tía la quinceañera, fallecida a los 27 contra un muro de contención. &lt;br /&gt;- ¿Dónde fueron las olimpiadas del 80?&lt;br /&gt;¿En qué momento me van a preguntar éstos por sus hijos o por sus mujeres o por sus nietos? ¿O por mí…?&lt;br /&gt;- A ver, dejen acordarme… si en el 80 materon a Lennon…&lt;br /&gt;- ¡¿Mataron a Lennon?! – chilla mi tía -. ¡¿Cuándo?! ¿Quién? ¿Por qué?&lt;br /&gt;Algo anda mal. Se supone que las preguntas aquí las debería estar haciendo yo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;08:26 a.m.&lt;br /&gt;Mi primo el pequeño está aburrido. Da varias vueltas por el departamento hasta que lo escucho abriendo el refrigerador. Desde la cocina exclama:&lt;br /&gt;- ¡Oye, aquí no hay nada! &lt;br /&gt;- ¡Carlos, no seas confianzudo! – le espeta su madre, la treintañera guapa.  &lt;br /&gt;- Hay huevos y queso – me defiendo con timidez.   &lt;br /&gt;- Yo nada más veo un espárrago con manchas. &lt;br /&gt;De repente me doy cuenta que estoy muerta pero de hambre y que no les he ofrecido nada de comer a las visitas. Me pongo unos pantalones, los encierro con tres llaves y bajo al café de la esquina. Compro cinco cafés, ocho donas y dos cajetillas de Delicados. Antes de subir, me fumo dos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;08:46 a.m.&lt;br /&gt;Los parientes están como en un trance. No saben si morder la dona o chupar el cigarro y sorben el café malo de la esquina como si fuera un elixir. Mi primo el pequeño se bebe el suyo con leche y con la misma voracidad con la que en vida tomaba ron y anfetaminas. Ahora que están entretenidos debería aprovechar para hacerles mis propias preguntas, pero no sé por cuál empezar. ¿Qué hacen aquí? ¿Han vuelto? ¿De dónde volvieron? ¿Me pueden ver mientras tengo sexo? ¿Por qué me eligieron a mí para aparecerse? ¿Tengo alguna misión? ¿De verdad tienen ellos funciones fisiológicas? ¿Qué hay más allá de la muerte? ¿Cuál es el sentido de la existencia? ¿Hay un Dios? ¿Hay más de un Dios? Estoy a punto de formular alguna cuando mi tío se me adelanta.  &lt;br /&gt;- ¿Dónde está el baño?&lt;br /&gt;Le indico la puerta con el dedo. Parece que sí tienen funciones fisiológicas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Continuará)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-7212704386678656490?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/7212704386678656490/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=7212704386678656490' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/7212704386678656490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/7212704386678656490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/06/ovejas-negras.html' title='Ovejas negras'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-5045094820439605217</id><published>2009-05-26T21:14:00.000-07:00</published><updated>2009-05-26T21:17:55.399-07:00</updated><title type='text'>Regresé a vivir a México después de un año en el extranjero este 24 de abril.</title><content type='html'>POR ENRIQUE LOMNITZ&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las llamadas advirtiéndome de la pandemia porcina me empezaron a llegar el mismo día de mi partida.  Siendo poco hipocondriaco y generalmente optimista, las llamadas me parecieron desde el principio ignorables y exageradas.  Lo que sentía era emoción.  Emoción por volver a México y porque había, la noche anterior, empezado un enlace romántico con una chica que siempre me pareció un sol.  Fue un hermoso día de verano en Nueva York y estaba tendido con mis amigos en una gran roca en el parque, absorbiendo el calor como lagartijas y viendo sus varias caras, preguntándome cuando las volvería a ver.  Cuando mi papá me dijo en voz seria que tuviera cuidado, que usara tapabocas, que me lavara las manos y no usara el metro, me pareció irritante su cuidado, y le ofrecí algunas promesas de mala gana con el fin de terminar con el tema y pasar a otro mas divertido.  Así fue mi introducción al virus de la influenza porcina.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué al DF esa noche el aeropuerto estaba casi vacío.  Volando por el segundo piso del periferico tuve tiempo de pensar en lo agradable que estaba la ciudad vacía, y ese mismo día se me presento una oportunidad que por nada quería perder... ir a instalar un biodigestor a una granja de puercos en Guanajuato.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Se que la fiebre no se acontagia por puercos, pero me pareció divertido pasarme el inicio del brote entre ellos, o mas bien entre ellas, pues se trataba de una granja lechonera con unas grandes marranas de 150 kilos amamantando a sus rosados y adorables lechoncitos.  Aparte de los tapabocas que me encaraban en las tienditas y en las calles, la epidemia paso a un plano secundario.  Mas en nuestra mente era la tarea por delante... hacer de la caca de las puercas una energía renovable.  Y para mi eso resultaba mucho mas agarrador que la posibilidad remota de contraer una gripa animal..  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A las puercas las tienen en unas macabras jaulitas en las cuales no pueden ni darse la vuelta, y que les permiten solo una posible actividad: berrear cuando se acerca el muchacho con su cubeta de alimento para bajarles el hambre y distraerlas de su aburrimiento.  Estando entre ellas pensaba en treblinka, en la crueldad de la vida, en la desalmada eficiencia del sistema, en el vegetarianismo... pero mas que nada pensaba en el digestor y en mi joven carrera como diseñador ecológico.  Cuando terminábamos de trabajar, después de largos días bajo el sol brutal del Bajío, íbamos directamente a zamparnos unos tacos al pastor, y no podía más que pensar en los pobres puercos cuyos ricos restos fueron a dar a mi plato.  ¿como no me molestaba más? lo suficiente al menos como para pedir cualquier otra cosa, unos nopales, o al menos un taco de res.... "lo más importante es tu salud y la de tu familia" me informó un póster de la secretaría de salud.  Que enjambre de valores y pensamientos.  Al dedicarme a trabajos de ecología me gustaría pensar que mi motivación es principalmente un desinteresado amor por la naturaleza, una empatía con los pobres bichos que aplastamos con nuestros coches y un amor a los bosques, selvas , manglares  y desiertos que fragmentamos y contaminamos con nuestro egoísta crecimiento.  ¿como es que en el pánico a la influenza no oigo a nadie hablar del mal trato que le damos a los chanchos que incubaron al virus este?  Pero no parece hacer mucha diferencia, aun cuando hay conversación.  Después de todo, yo tampoco me negué el breve placer de comérmelos con piña.  No se si concluir que en el fondo, somos bastante egoístas.  Dicen que el tapabocas solo sirve realmente para proteger a los otros de uno, y no al reves..  Sabrá eso la gente que se lo puso tan diligentemente todos esos días?  ¿Lo harían si lo supieran?  Supongo que probablemente no.  Al fin de cuentas, es bastante incomodo traer esta telita pegada a la cara.  Quizás no importe mucho nada de eso.  La naturaleza es dura y la libertad del sufrimiento no esta incluida en ninguna garantía.  Por eso creo que no tendremos mucho fundamento para quejarnos si la próxima vez que venga una epidemia, no nos trata tan bien.  Ésta de la fiebre porcina la viví mas como un sabroso buffet de días sin trafico.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-5045094820439605217?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/5045094820439605217/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=5045094820439605217' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/5045094820439605217'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/5045094820439605217'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/05/regrese-vivir-mexico-despues-de-un-ano.html' title='Regresé a vivir a México después de un año en el extranjero este 24 de abril.'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-2383265286913781843</id><published>2009-05-26T20:51:00.001-07:00</published><updated>2009-05-26T21:11:45.216-07:00</updated><title type='text'>Aeropuertos para pegasos</title><content type='html'>POR EDUARDO LÓPEZ&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el grupo hay un compañero al que le está yendo bien en su trabajo; es gerente de recursos humanos; acaba de estrenar coche, es bien parecido y joven aún, con muchos años de sobriedad. Cualquiera diría que es un hombre totalmente en posesión del tan alabado "sano juicio" del que nos habla nuestro 2° paso ("llegamos al convencimiento de que un Poder Superior podría devolvernos el sano juicio"). Este amigo llegó con un cubreboca de tipo casero que le tapaba de ojos a garganta y de oreja a oreja, grueso y con fuertes cintas aplanadas, manifestando que las medidas sanitarias impuestas eran dignas de tomarse en cuenta ya para siempre y que desde ese día deberíamos no permitir le estancia en una reunión a  cualquiera  que tosiera o estornudara o manifestara el menor indicio de cuadro catarral.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;     Pronto se dio cuenta de que no se le tomaba en serio; yo incluso le hice ver (apoyándome en el estilo humorístico de tu blog) que el peligro no era tanto una tosida en la cara sino el asalto por un mesero desesperado y  que era mucho más confiable un taxista sin guantes que uno con guantes asquerosos  y que era más saludable respirar libremente que a través de un cubrebocas húmedo y lleno de mocos. Entonces adoptó una conducta fundamentalista en otras áreas de la actividad grupal que me hicieron sospechar que el miedo animal es tan peligroso inocularlo como tratar de quitarlo con ironía a un enfermo mental. Y digo enfermo mental porque en él observé el caso tipo de un ingeniero paranóico que me pusieron en un exámen de la clínica de psiquiatría que era un sujeto culto, encantador y juicioso hasta que se hablaba de aeropuertos, aviones o similares, pues traía entre manos un gran proyecto de construcción de aeropuertos para pegasos.  &lt;br /&gt; &lt;br /&gt;     En la casa de recuperación el único momento de miedo fue cuando en sala "O" tuvieron un acatarrado a quien los cuidadores le hacían aparecer altas temperaturas calentando el termómetro en un foco, ya fuera por la simple broma o con la esperanza de que se desocupara la casa.&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;     En mi centro de trabajo lo único que hubo es que no hubo nada, ni pacientes ni ruidos ni telefonazos, ni risas ni nada de  nada. Tan poco trabajo y dinero que ahora ya me gusta el borlote. Aprendí que un buen brote de influenza manejado en México vacuna eficazmente contra la intolerancia hacia el prójimo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-2383265286913781843?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/2383265286913781843/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=2383265286913781843' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/2383265286913781843'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/2383265286913781843'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/05/aeropuertos-para-pegasos_26.html' title='Aeropuertos para pegasos'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-6416469191257764264</id><published>2009-05-17T12:51:00.000-07:00</published><updated>2009-05-17T14:48:49.084-07:00</updated><title type='text'>Añoranza viral</title><content type='html'>No sé ustedes, pero yo comienzo a echar de menos los días de la influenza humana. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El jueves pasado, cuando se reanudaron las clases de nivel medio y superior, un joven locutor de radio universitario medio tontín, se esforzó en vano para hacer una reflexión sobre lo que aquellos días de alarma sanitaria nos habían legado. Tras cantinflear como tres minutos balbuceando sobre la vitamina C y los hábitos de higiene, acabó diciendo que no debíamos olvidar que una vez más los mexicanos habíamos demostrado ser un país unido. Y yo pensé, ¿unido como en qué? ¿En el tema de conversación? ¿En lo mal informados? ¿En lo igualmente feos que se veían los tapabocas? ¿En lo “discriminados”? No es que a mí me guste que le hagan el feo a mis paisanos, pero si a discriminados vamos, antier escuché en las noticias que tan sólo en este mes se escabecharon a cuatro homosexuales en estas mismas tierras. A mi modo de ver, si este país brilló por algo fue por sus diferencias. Algunas obvias, como el acceso a la atención sanitaria, y otras tan complejas como el abanico de reacciones y vivencias que este bicho trajo consigo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No puedo hablar del resto del país, pero vivo en la ciudad de México desde las eras en que los radiocasettes portátiles eran modernos y los vochos eran mayoría en el parque vehicular, y jamás había visto cosa tan fantasmagórica como este valle maldito durante el puente del primero de mayo. Ese viernes a las 6 de la tarde, mi amiga Shanna y yo salimos a comprar un café y éramos las únicas transeúntes (sin exageración) caminando por la banqueta de Presidente Mazaryk, una de las calles más concurridas y ajetreadas del Distrito Federal. La circulación era de algo así como tres vehículos por minuto, y junto a la fuente de una desolada placita comercial donde nos sentamos, los empleados de una cafetería vacía (con servicio para llevar), se habían puesto el tapabocas de gorrito y bailaban con la música a todo volumen entre las mesas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La raíz del fenómeno desértico es debatible. Aparte del hecho de que un virus de la gripe haya tenido a bien mutar y volverse feo y contagioso al interior de nuestras líneas fronterizas y no otras (a reserva de lo que opinen algunos escépticos, nacionalistas y amantes de las novelas de intriga política y de ciencia ficción), el resto es un champurrado donde los medios, los organismos internacionales, los médicos, los políticos, sus mujeres, sus brujos particulares y el poder en todas sus formas, representaron una versión entre las muchas posibles que, con una sola variante, pudo llegar a tener este libreto. Lo interesante es cómo nos esmeramos en representarlo todos los demás. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todos sabíamos que esto no era tan grave. Lo supimos al tercer día, si no es que antes. Los brotes de terror y de paranoia, creo que en esto estamos casi todos de acuerdo, fueron más producto de la escandalosa cobertura mediática que de los números en sí mismos, y duraron poco. Esto jamás se asemejó, ni remotamente, a una verdadera epidemia, de esas en donde te encontrabas al vecino en la calle y la conversación era "¿Y tu prima?", "Ya se murió", "Ah, qué mal, en mi casa hay tres en cama". "Bueno, los estará atendiendo tu suegra". "No, a ella la enterramos antier". Y ahí sí, todos a cal y canto, rezando y no viendo las 46 temporadas de Friends. Pero quizá la prueba más fehaciente de la laxitud de todo este teatro haya sido la forma en que salimos a las calles como arañas liberadas en un frasco apenas nos dieron luz amarilla. ¿Por qué jugamos el juego entonces? Tal vez no quisimos perdernos la inusitada oportunidad de participar, con el papel que fuera, en la escena nacional. O tal vez es que en el fondo necesitábamos desesperadamente unas vacaciones. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la razón que haya sido, es fascinante pensar qué estuvieron haciendo treinta millones de personas (y muchas más) durante quince días de alarma nacional. Mi caso es aburrido. Saldé trámites burocráticos, me comí un gusano de maguey, me tapé dos muelas. Pero hay historias curiosas. Un conocido me contó que iba en el coche con su mujer y su niña cuando escucharon la noticia de la Fase 5 en el radio. Sin parar por su casa se enfilaron a Cuernavaca y llegaron a las Estacas, donde compraron trajes de baño y un suéter para la niña, que no llevaba. Ahí se estacionaron tres días. Otro me habló de un amigo que llevaba diez años trabajando en producción a ritmo frenético y sin un descanso, y durante aquellos días no sabía qué hacer consigo ni dónde meterse. ¿Cuántos casos habrá como ese? También supe de una familia que tuvo que despedir a la pareja que hacía diez años cuidaba su casa de campo, porque al llegar ahí de improviso para entretener al virus, se encontraron la casa vacía y los platos sucios desde que habían estado en semana santa. Luego están las historias de encierro. Dos amigos muy cercanos tuvieron la mala suerte de que sus respectivas hijas pequeñas se resfriaran por esos días. En lo que averiguas si se trata o no del bicho A H1N1 12XM46-007 o un pinche catrro (como acabó siendo en estos casos), se te escurre el alma. Al cabo de una semana bajándole la fiebre a su niña y después a ella misma, mi amiga acabó sufriendo una crisis de nervios con siete horas de llanto imparable. ¿Cuántos matrimonios se habrán reconciliado en esos días? ¿Cuántos se habrán disuelto? ¿Cuántas personas acostumbradas a los centros comerciales habrán descubierto los espacios públicos? ¿Cuántos niños habrán hallado una perversión o una vocación? ¿Cuántos adolescentes no habrán tenido su primera vez en algo? Dramaturgos, narradores, cineastas, tenemos que encontrar esas historias y hacer algo con ellas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Qué nos queda ahora? Que si Fidel Castro dijo, que si Calderón contestó. Que si en Estados Unidos hay más casos de infección pero Obama no cerró las escuelas y por eso no le clausuraron ningún vuelo ni ningún contrato. Que si acá fue necesario que cundiera el pánico porque no tenemos ni recursos ni educación y a veces ni agua. Que si fue un montaje para tapar no sé qué, que si el producto interno bruto bajó no sé cuánto, que se vienen las elecciones de julio. El puro chisme de lavadero, el vituperio, la política. Los reflectores han vuelto a su centro habitual. Parece que la paz y  la normalidad sólo son bonitas cuando se echan de menos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los ciudadanos y actores recién desempleados, por nuestra parte, ya lo he dicho: en cuanto nos dieron permiso aventamos el tapabocas y plagamos como masa de gremlins los comercios, las aceras y los restaurantes. Nos zambullimos vestidos en nuestra vida monótona, previsible, deprimida, llena de aventuras y riesgos, fantástica y emocionante, como dijo el señor Monsiváis. Con algunas sutiles diferencias. Temporalmente, los taxistas y conductores de transportes públicos llevan tapabocas y guantes (con variedades que van desde el guante de escolta y el invernal pasando por el de cocina). Los estudiantes y los oficinistas nunca tuvieron mejor pretexto para faltar a sus recintos, en cuyas puertas y pasillos hay frascos con gel desinfectante. Algunos se quedaron medio pobres, otros nos hicimos más ricos ahorrando a punta de entretenimiento casero. Por último, dicen que algunos señores van a comenzar a lavar sus corbatas y que en las misas ahora se dice así: Hermanos, démonos higiénicamente el saludo de paz. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras, en la dilusión flasamente "progresiva" de este asunto, cada cinco minutos saltan anuncios para reconvenirnos, como si fuéramos niños chiquitos, “no se confíen, no bajen la guardia”, seguidos de todas las indicaciones de lávese la mano y huélase el sobaco, tres pasos a la derecha y no le escupa al vecino. Y es que otra cosa patética es que en el fondo los mexicanos nos conocemos bien. Igual que se dedujo en su momento que un susto era pertinente (no digo que oportuno ni acertado), todos sabemos que tenemos una tendencia pendular hacia la obediencia ciega y el valemadrismo visceral, sin términos medios. Esto es en parte lo que nos hunde, y a veces lo que nos saca a flote. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como sea, a mí lo que más tristeza me da es que se acabó la diversión en Facebook. Se acabó la emoción de la desgracia compartida, la algarabía de la incertidumbre, la confusión, la indignación, la manía, el susto y la rebeldía simultáneas. Tal vez después de todo aquel locutor juvenil no estaba tan errado. Son raras las oportunidades en la vida en que tantos tenemos algo que compartir. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para terminar, una última recomendación: ahora sí que hay que cuidarse los aparatos respiratorios. En esta ciudad donde lleva rato lloviéndonos sobre mojado, finalmente se ha puesto a llover.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-6416469191257764264?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/6416469191257764264/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=6416469191257764264' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/6416469191257764264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/6416469191257764264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/05/nostalgia-virulenta.html' title='Añoranza viral'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-16955770701672915</id><published>2009-05-03T21:21:00.000-07:00</published><updated>2009-05-03T21:27:21.780-07:00</updated><title type='text'>Buscando el Contagio (Parte III)</title><content type='html'>REPORTE DEL FIN DE SEMANA: La Ciudad ha muerto, viva Coyoacán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor restaurantero: si usted se está yendo a la quiebra, deje de frotarse las manos con angustia y póngase a practicar malabares con las cebollas que se le están echando a perder. Parta ese tomate y póngaselo de nariz. VUÉLVASE PAYASO. Esta noche, en el Jardín Hidalgo de Coyoacán, alrededor de las 19:45 horas, con estos ojos presencié algo inaudito: dos multitudes de cerca de 80 personas cada una, rodeaban y aplaudían a sendos payasos, reíanse a carcajadas, e intercambiaban partículas salivales como se intercambian hongos de pies en el balneario de Tepetongo.&lt;br /&gt;De veras, señor restaurantero, no subestime las bondades del oficio bufonesco. Y si no goza usted de mucho equilibrio con zapatos grandes ni dotes histriónicas, siempre puede aprender a tocar un instrumento. También los músicos tenían su cuorum esta noche. Y si de plano no tiene ningún talento, cómprese unas cuantas pulseras, aprenda a perforar orejas, o ponga a cocer unos cuantos elotes. Los puesteros del barrio tampoco se veían con poco trabajo esta jornada. Ni qué decir del Jarocho, con una fila que llegaba hasta mitad de la cuadra. ¿Quién necesita sillas para tomarse un café? Basta con una jardinera o el cofre de un coche. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En todo este escenario despreocupado y jovial podríase calcular, a ojo de buen cubero, un uso del tapabocas de aproximadamente el 3%. (Puesto en la boca, no de bufanda). Una imagen verdaderamente dantesca, digna de escandalizar a la OMS y a unos cuantos chinos, peruanos, cubanos, colombianos y argentinos que no están volando para acá. (Por favor, nadie les diga nada. Nomás falta que también nos clausuren las banquetas). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nota: De todo lo citado hay testimonio fotográfico. Apenas discurra cómo pasar las fotos de mi celular a la computadora…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Volviendo al insólito fenómeno “bareback” en mi barrio, transcribo a Carlos Monsiváis:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Lo pidió el Presidente: las familias deben aprovechar la oportunidad única, podrán verse frente a frente y no aglomeradas frente a la tv, enviada por el demonio para impedir la convivialidad. Tiene razón, es hora de discutir los problemas de la vida, una familia es un conjunto de normas, preceptos, sesiones fotográficas, reuniones en torno a bodas y nacimientos, viajes al hospital en ocasiones infaustas… Es todo eso pero no ha sido el ámbito de reflexión como de ejercicios de Semana Santa. Si no aprovechamos la terrible oportunidad de la epidemia, quién sabe cuánto tiempo tardará para que las familias se enfrenten con su destino.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Señor presidente, por lo visto la gente no tiene muchas ganas de quedarse en su casa enfrentando su destino. Lo que sí van a comenzar enfrentar son brotes de toxicomanía juvenil (el ocio es el mejor amigo del vicio), reincidencias de alcohólicos (¡hasta la Batiseñal de AA se apagó por primera vez en la historia!), ataques de pánico, matricidios, y delincuencia alternativa con cuchillos de mantequilla y suicidios por asfixia con delantal. (Perdón, es que echo de menos el fatalismo). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ya sin fatalismos, muy en serio, señores del resto del mundo, paren ustedes de apartar, de devolver, de monitorear y de joder.  Tienen a un país entero paralizado nomás para que no se les peguen los mocos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Seguiremos reportando.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-16955770701672915?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/16955770701672915/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=16955770701672915' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/16955770701672915'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/16955770701672915'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/05/buscando-el-contagio-parte-iii.html' title='Buscando el Contagio (Parte III)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-2146596207607926408</id><published>2009-04-30T18:20:00.000-07:00</published><updated>2009-04-30T18:54:28.199-07:00</updated><title type='text'>Buscando el Contagio (Parte II)</title><content type='html'>Estoy comenzando a enojarme. Mucho. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo bueno es que casi en la misma proporción me río. Cuando me inscribí a Facebook, jamás pensé que se convertiría en mi contacto más fidedigno con la cordura y la sana ironía que tanta falta hacen en estos tiempos.  &lt;br /&gt;Enuncio algunas de mis frases favoritas de los últimos días:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apuercolipsis now. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Vamos a ponernos hasta el MOCO, marica! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cría puercos y te sacarán los mocos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vengan a mi casa. Sólo necesitamos una enfermera y un bar tender. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;The wine flu. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De coger, ni hablamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Dublín estoy diciendo que soy hondureño. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Levante la mano el que esté vivo! &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alarma zombi en grado 2: Alejarse de lugares públicos y/o abiertos, evitar caminatas por el drenaje, mantener puertas y ventanas con seguro, proveerse de alimento así como de katanas, bates, motosierras, escopetas, machetes, cascos de americano y cualquier otro tradicional artículo de supervivencia. Fuera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Jornada: "Distribuirán gel desinfectante en siete estaciones del Metro, gel modelador en el Suburbano, y mousse en el Metrobousse".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después del temblor de 5.9 grados del lunes:&lt;br /&gt;¿Qué le dijo México a la influenza? “Mira cómo tiemblo”. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este chiste fue especialmente refrescante porque surgió después de una larga época de oscurantismo en donde en México ya no se hacían chistes de nada. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, con su permiso, lo que me enoja. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me enoja que México SÍ está temblando. Está crepitando los dientes y los huesos cuando a lo mejor sólo tendría que estar lavándose las manos y tomando vitamina C. Riéndose de su “desgracia” cuando la única desgracia que estamos experimentando en estos días es que nos traten como idiotas. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me enrabia profundamente que hayan cerrado los cafés. Ayer cuando el Jarocho de mi esquina, el último asomo de normalidad de la cuadra, metió sus sillas verdes y se puso a expender su café –que la verdad no vale gran cosa sin las sillas verdes tendidas al sol-  pensé, por primera vez en ocho días, ahora sí nos cargó el diablo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me enoja que hemos tendido unos días espléndidos, sin lluvia, y ver las calles vacías. Yo les digo a esas madres desesperadas que ya no saben si hacer pasteles, ver Shreck por duodécima vez o cometer infanticidio: salgan por Dios. Vayan al parque, a las plazas. Hagan picnics. Si este bicho flotara por el aire, ya estaríamos todos muertos. Y además ahora el ambiente está bastante menos contaminado que de costumbre con la merma en el tráfico, la actividad comercial y el éxodo masivo de los paranoides pudientes. Si les tranquiliza, lleven jabón líquido. (Si no encuentran en el súper, ya lo venden afuera del metro). &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llámenme vanidosa, pero me pone de muy mal humor la imagen que se está promoviendo de estas tierras hacia el exterior. Que la escena que transmitan tres veces seguidas en el noticiero prime time de Televisión Española sea una marabunta afuera de la iglesia de San Judas Tadeo, poniéndole su tapabocas al santito. Pero tal vez no me enrabiaría tantísimo si no se estuvieran clausurando vuelos a México, poniendo turistas en cuarentena, y ciertos amigos foráneos estuvieran pensando en cancelar sus visitas por el riesgo a ser encerrados con bozal a su regreso. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me revienta, en general, la oleada de paranoia y de desconfianza que se ha gestado y que flota no sólo fuera, sino entre nosotros mismos. Este fin de semana, por ejemplo, a una amiga se le pidió abstenerse de asistir a una casa en las afueras donde estaba invitada, porque su hija pequeña había estado enferma del estómago y tuvo que ir al médico (¡Jesús mil veces, vade retro, Patasdecabra! ) y en dicha casa habría otros niños. No critico a la madre sobreprotectora. Pero los que contaminan amistades, rebátanme si exagero, esos sí que son virus feos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sigo resistiéndome a poner la televisión y la radio, pero hoy que fui por el café (a comprarlo, nada más) no tuve modo de escabullirme de un periódico Milenio que me llamaba diabólicamente desde la barra. Pude morir de la impresión. Todas las páginas, absolutamente TODAS, de principio a fin, hablaban de la misma cosa. Y se ve que les faltó con qué rellenar, porque incluían una página completa con dibujitos explicando cómo fabricar… ¡¡tapabocas caseros!!! (¿Por qué el tapabocas? Me perplejiza. Por estos días me parece bastante más probable que un mesero desempleado te asalte a que alguien te estornude o te escupa en la cara…) Y al final me pregunto, ¿dónde quedaron nuestros descabezados y nuestros ineptos diputados? ¿Dónde están nuestros robos y nuestros secuestros? No sé ustedes, pero yo empiezo a echarlos de menos. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo que resulta más curioso de todo es la capacidad apabullante que tiene el escándalo para opacar la información. Ya lo ha venido diciendo el Influenzo, nuestro gallardo y carismático Secretario de Salud: el medicamento funciona y hay suficiente, los que han fallecido con toda seguridad de este virus, no llegan a 20 y estaban chuecos de otras cosas. No me alcanza la cabeza para comprender por qué de repente todos estamos tan absolutamente apanicados de que nos de una gripe. Pero está difícil reaccionar cuando tenemos un presidente capaz de decretar en primera plana nacional: “Quédese en su casa”. No sé si me da más coraje él por creer que rige un país donde la gente no sabe, literalmente, limpiarse los mocos, o nosotros por creer en el fondo la misma cosa. &lt;br /&gt;Lo cierto es que todo esto tiene un punto tragicómico. La cancelación de los eventos religiosos me ha seguido arrancando más de una risa últimamente. Alguien me contaba ayer del caso de un señor al que no pudieron hacerle su novenario post-mortem y la familia estaba preocupadísima por la salvación de su alma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero quizás lo que más coraje me da de todo esto, es estar de malas. Porque algo que sí se pega fácil por estos días, es el mal rollo. Así que terminaré haciendo un esfuerzo por enlistar las consecuencias positivas de este fenómeno. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1. Vivir para contarlo. &lt;br /&gt;2. Vivirlo en estos tiempos. El Internet tendrá sus riesgos desinformativos y sus mil contenidos tarugos. Pero entre un chiste y un "¿qué tipo de inodoro eres?", uno va encontrando opiniones valiosas y ventanas para intercambiar  algo más que lo que los medios te obligan a tragar. ¡Destapémonos la boca!&lt;br /&gt;2. Tema de conversación interminable. Remedio para  los tímidos, solución para las sobremesas familiares tensas. Garantía de charla espontánea y promesa de nuevos amigos. (Además, gracias al tapabocas, podrás leer en sus ojos sus verdaderas intenciones).&lt;br /&gt;3. Tiendas vacías y con descuentos. &lt;br /&gt;4. Veinte minutos todo Periférico y Circuito, sur a norte. 2 de la tarde. En martes. ¡A manejar!&lt;br /&gt;5. TIEMPO LIBRE. ¿Quién dijo que la tele y el Blockbuster son la única opción? ¡Ponte a guardar esos papeles de Hacienda que hace tanto te mueres por ordenar!&lt;br /&gt;6. ¿Quién necesita los teatros, los cines y los restaurantes? ¿Por qué no preparar juntos un champurrado, jugar Turista y ver una película de Libertad Lamarque mientras los niños juegan en el limonero? ¡Viva la familia!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por último, un link IMPERDIBLE para los tiempos que corren. Los de South Park ya sabían que los cholos de alguna parte seríamos los causantes de la pandemia que acabaría con el mundo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;http://www.xepisodes.com/search/results.php?q=pandemic&amp;t=1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mientras nos sigamos riendo, nada puede estar tan mal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-2146596207607926408?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/2146596207607926408/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=2146596207607926408' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/2146596207607926408'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/2146596207607926408'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/04/buscando-el-contagio-parte-ii.html' title='Buscando el Contagio (Parte II)'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-8173214792659028677</id><published>2009-04-26T18:43:00.000-07:00</published><updated>2009-04-26T18:49:52.130-07:00</updated><title type='text'>Buscando el contagio</title><content type='html'>Desde hace dos días he venido librando una suerte de resistencia pasiva. No pongo la tele, no escucho la radio, me niego a buscar en Internet más información que la que me proveen mis Personas Cercanas y sus Médicos de Confianza a través de sus prudentes correos. Y es que con la epidemia ésta me pasa lo mismo que con las películas de terror. No puedo verlas porque me sugestiono. El viernes bastaron cinco minutos del noticiero de López Dóriga para que al primer estornudo estuviera yo absolutamente segura que el virus de los porcinos mutantes me había poseído. Al día siguiente (ayer), me espanté las paranoias deambulando buena parte de la tarde en un centro comercial (sin tapabocas) y luego comprando plantas y decorando macetas para la casa. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía muchísimos años que en este país no ocurría algo así. Tal vez desde el terremoto de 1985, en México no había sucedido algo decididamente masivo, categóricamente compartido. Algo que a todos por igual alarmase, movilizase y/o encerrase. Algo que durante todo el día y en todas partes se hablara, y que marcara tan claras divisiones en la población: los que usan el coche y los que viajan en transporte público; los que van a la escuela y los que no van; los que salen a la calle y los que no salen; los que abrieron sus comercios y los que bajaron las cortinas; los que llevan tapabocas y los que no; los que fueron a la farmacia y los que pidieron la vitamina C por teléfono, los que tienen escurrimientos, tos y fiebre y los que no tienen. Pero lo más sorprendente de todo es la diversidad de miradas en torno al mismo fenómeno. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las redes sociales, por ejemplo, operan como una especie de cocido balsámico trivializándolo todo con chistes, ocurrencias y frases como la siguiente: “no me voy a morir de influenza, me voy a morir de claustrofobia”. &lt;br /&gt;Hay otros que se ponen declaradamente catastróficos. Anoche mi amiga Karina procedió a darme el resumen de las noticias que tanto me había esmerado en no ver, por teléfono. Que si los partidos de fútbol y las funciones de teatro, canceladas; que si los cines cerrados, que si tres nuevos casos de infección en Estados Unidos, que si los  muertos, que si los vivos, que si miembros del ejército buscando gente que escurra mocos en el aeropuerto. Con todo esto a mí ya me estaba temblando el párpado derecho, pero cuando la escuché afirmar que pensaba ir al supermercado para abastecerse de leche en polvo, agua, conservas y compresas para tres meses, amenacé con colgarle el teléfono. Entonces Karina hizo una confesión. Dijo que además de sus tendencias apocalípticas, a ella todo esto le provocaba una extraña adrenalina. Como si se le activara un mecanismo natural y milenario de alerta. Luego se puso a decir que visto fríamente, seguimos a merced de la naturaleza y sus caprichos selectivos. Que esto siempre ha sido una guerra. Que nada nos garantiza que un virus extraño no pueda venir a arrasar con todo de un día para el otro. “¿Qué pasa si lo siguiente que se suspende en México son las labores?”, sugirió, como relamiéndose los bigotes de cromagnon, “eso significaría el colapso del sistema económico...” Y no dijo que también significaría el principio del fin del mundo como lo conocemos porque en ese instante amenacé con colgarle el teléfono por segunda vez. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay quienes se lo toman con prudencia. Como mi hermana Dunia, quien desdeña la postura amarillista de los medios y comprende y acata con mucha tranquilidad las medidas de contingencia y prevención, como cosa necesaria y pasajera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo cierto es que, se mire desde donde se mire, todo esto es una mentada de madre. A lo mejor no para muchos niños y universitarios que hasta el 6 de mayo se encuentran oficialmente de vacaciones. Pero sí para quienes todo esto es un recordatorio, como una bofetada, de nuestra palmaria fragilidad. Y no hablo en el sentido corporal y somático. Hablo de la manera en que de repente puede echarse de menos la cotidianidad. No es extraño que la gente se ponga a teclear desaforadamente haciendo chistes sobre el Fin de los Tiempos Originado en México (¡al fin los primeros en algo!) y la “influencia” de Jack Bauer que al final nos salvará. Y es que es demasiado sórdido sentarse a pensar que los despertadores, los congestionamientos viales, las  horas muertas en la chamba, las odiosas idas al banco, todos los actos rutinarios, las pequeñas cosas que damos por sentado, están en realidad completamente fuera de nuestras manos. Como cuando uno choca o se vacía el café encima del teclado, lo mismo. La sensación es que la vida puede trastocarse en cualquier momento. Sólo que esta vez, en coro nacional. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas medidas preventivas se han enunciado para esta turbulencia sanitaria, pero ninguna para mitigar la angustia que la acompaña. Yo he encontrado que, además de huir de la cobertura mediática, me viene bien aferrarme a cualquier asomo de rutina que perciba a mi alrededor. La esquina donde vivo es sumamente terapéutica porque hay un permanente olor a café, tránsito de coches, música callejera, voces y risas: contactos con la liviandad, con el orden cotidiano de las cosas. La otra medida de contingencia es, claro está, tomárselo con humor… Antes de cancelarse por el día de hoy todas las misas en el Distrito Federal (con absolución para faltar a la Sagrada Eucaristía), las instrucciones eran las siguientes: asista a la iglesia con tapabocas, reciba la comunión en las manos, y NO SE DE EL SALUDO DE PAZ. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hermanos, hagamos caso al mandato del Señor. Tirémonos los besitos, estornudemos pa dentro, y contagiémonos mientras tanto de toda la levedad de la que seamos capaces, hasta que la paz nos vuelva a encontrar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-8173214792659028677?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/8173214792659028677/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=8173214792659028677' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8173214792659028677'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/8173214792659028677'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/04/buscando-el-contagio.html' title='Buscando el contagio'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-1223673008753119086</id><published>2009-04-13T23:06:00.000-07:00</published><updated>2009-04-13T23:21:25.179-07:00</updated><title type='text'>El llanto fracasado</title><content type='html'>No creo que a muchos les vaya a gustar leer esto. No es divertido, no hay historia, ni anécdota, ni sana autoironía. Pero si no lo hago, es que la declaración de intenciones que dicté un día para este espacio es una tomadura de pelo, una hipocresía y una falacia. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿A dónde llega el límite del escritor? ¿Puedo decir que hoy me siento de la chingada, con esas palabras, sin que suene pornográfico? ¿Por qué un poeta sí puede decirlo? ¿Por el condón de la forma? ¿Puedo hablar del dolor, de mi dolor, sin tener que hacer con ello un cuento o un anecdotario? &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Puedo. &lt;br /&gt;Porque parte de lo que me sucede hoy tiene que ver con la incapacidad de compartir. Porque mi diario ya me alucina y porque no quiero escuchar a nadie diciéndome las cosas que ya sé. Hoy necesito guacarear en este lugar. Y que se lo banque quien se lo quiera bancar, que nadie está pagando peaje por ello. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esta tarde cayó una lluvia pichicata y tonta después de mucho viento amenazante y mucha nube negra. El Jarocho bajó sus cortinas de plástico para nada, y después de tomarme un mal cortado decidí aprovechar el fresco de siete de la tarde con un poco de luz para caminar. Caminé por la callecita escondida de Leo’s Pizza y el empedrado de Juárez que desemboca en Belisario Domínguez, se me hizo de noche en Francisco Sosa y crucé la plaza de los coyotes, que tan bonita quedó después de un año de arreglos. Todo lo caminé despacio y todo el camino lo lloré. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Por qué? Porque sucede que a veces me canso de ser hombre (aunque sea vieja, y aunque la frase sea de Sabines); porque estoy cansada de la enfermedad. Harta, aburrida, hasta los huevos de la enfermedad. De la ajena y de la mía. De sortear todos los días con la fragilidad y el miedo a la finitud prensados del cogote. De enfermarme yo por pasarme los días y las semanas haciéndome creer que no pasa nada, o que todo se pasa, cuando la verdad es que no se está pasando. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la melancolía que llevo meses tratando de espantarme a punta de proyectos, de cuates, de películas, de cafés, de diarios, de acupunturas y de lo que se me va ocurriendo mientras me voy fumando las cejas. Porque todo en esta vida se acaba y no lo soporto. Aunque lo acabe yo misma. Porque nada regresa y sin embargo nada se olvida. Esa palabra tan mentada en los cancioneros –olvidar- no existe. Existiría, en todo caso, algo así como “deslindar el recuerdo de su contenido afectivo”, pero eso no rimaría en las canciones románticas. Y como sea, a mí no se me da. Yo debo recordar con el paquete completo, me someto a esa tortura porque si no, siento que se me esfuman los fragmentos más preciosos de mi existencia. No me concilio con la finitud del amor, y por eso voy a todas partes cargando en la cajuela con una cofradía de fantasmas, sabiendo todo el tiempo que es un mal negocio porque al final del camino, cualquier recuerdo evocado es un paliativo de mierda. Todo lo que pasa está perdido. Lloré como trapo escurrido porque no soporto ser el objeto de resentimiento de quien quiero, y me voy masticando el dolor como quien mastica un alacrán después de ser picado para curarse de su veneno, aunque la cura ni siquiera sea para mí.  Y porque de repente me cansan mis valentías. De todas las batallas inútiles que se han librado en la humanidad, la de la coherencia pareciera a ratos llevar la batuta, con las cuotas tan absurdas de nostalgia y de incertidumbre que cobran sus renuncias. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hay más cosas. &lt;br /&gt;No es que me sienta sola. Es que estamos solos. Todos. Coyunturalmente solos. Los que “están ahí” nunca están en realidad. Están a ratos, y en cualquier momento dejan de estar. Somos una bandada de náufragos, solos como en un estacionamiento a las tres de la madrugada o en un ascensor varado a perpetuidad, en la vigilia y en el sueño y en nuestra muerte. Encuentro que sólo existen dos antídotos efectivos –que no sean la simple negación- para esa conciencia abismal. El primero es creer en algo tan grande que sea capaz de contener todas esas soledades y darles sentido. Y yo lo de la fe, hoy por hoy, lo llevo fatal. Hace no mucho todavía conservaba algunas reservas de pensamiento mágico. Confiaba en que la vida “pone” las cosas de una manera, si no planeada, sí dispuesta y favorecida por algo externo. Ahora dudo hasta de eso. El otro antídoto es el amor. Una fuerza tan abrasadora y tan irredimible que consigue crear puentes imaginarios, lazos invisibles que crean la fantasía de unión con los otros. En esa fantasía sí creo y pienso también que la intercambio con muy diversos amores en el transcurso de mis días. Pero hay días jodidos en que ni siquiera ese milagro le basta al alma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y por último (¿por último?) me siento a veces muerta de hambre. La vida me aterroriza no tanto por lo que pueda traerme (derrumbes, pérdidas, deterioro, vejez, olvido, golpes de muerte) sino por todo aquello que ansío con voracidad y ella pudiera negarse a darme. Porque quiero el filete completo y a ratos siento que vivo a rebanadas de jamón de pavo. Me hiela el cuerpo pensar que mi propio inconsciente me haga una mala jugada y me quede yo paralizada a media vuelta en la rueda de la fortuna, perdida y manoteando en el bosque, buscando el sol cuando detrás estuvo todo el tiempo la fogata. Y es que eso también es aterrador: estamos solos, pero no.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabines lo hubiera dicho mejor:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sombra. No sé. La sombra&lt;br /&gt;herida que me habita,&lt;br /&gt;el eco.&lt;br /&gt;(Soy el eco del grito que sería.)&lt;br /&gt;Estatua de la luz hecha pedazos,&lt;br /&gt;desmoronada en mí;&lt;br /&gt;en mí la mía,&lt;br /&gt;la soledad que invade paso a paso&lt;br /&gt;mi voz, y lo que quiero, y lo que haría. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero yo no sé hacer eso. Decir así las cosas. Yo sé hacer esto.  Y también me doy cuenta que me estoy justificando demasiado. Porque otra cosa que sé y me pudre es que en el fondo (y ni tan el fondo) en mi oficio soy una autocrítica despiadada y una censora feroz. Y de eso también estoy hasta la madre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que dejo de explicarme. Al pie de este espacio hay una larga lista permanente de enunciaciones por las cuales digo de este modo todo esto, en lugar de decírselo a otro ser humano (que después de todo, es lo que hago).  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y tampoco pasa nada. Esto se pasará. Todo se pasa. Lo que se duele igual que lo que se ama.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/8329924109704304545-1223673008753119086?l=coyojane.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://coyojane.blogspot.com/feeds/1223673008753119086/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=8329924109704304545&amp;postID=1223673008753119086' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/1223673008753119086'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/8329924109704304545/posts/default/1223673008753119086'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://coyojane.blogspot.com/2009/04/el-llanto-fracasado.html' title='El llanto fracasado'/><author><name>Anaí  López</name><uri>http://www.blogger.com/profile/13961548370836740523</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-8329924109704304545.post-7036308271360703697</id><published>2009-04-04T16:47:00.000-07:00</published><updated>2009-04-04T17:35:59.123-07:00</updated><title type='text'>Una de chinos y achaques cochinos</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/Sdf6fJcNCKI/AAAAAAAAAB0/40CJiHfVyxk/s1600-h/QuinoEspera.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: undefinedpx; height: undefinedpx;" src="http://3.bp.blogspot.com/_l-25unhYunI/Sdf6fJcNCKI/AAAAAAAAAB0/40CJiHfVyxk/s320/QuinoEspera.jpg" border="0" alt=""id="BLOGGER_PHOTO_ID_5320996897778632866" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;COPLA A LA GASTRITIS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llega remando discreta&lt;br /&gt;un pinchazo después del bocado,&lt;br /&gt;se prensa del tubo con aspas&lt;br /&gt;y mete en las tripas las garras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Queman las entrañas igual que carne viva,&lt;br /&gt;no existe brebaje que frene la ocupación.&lt;br /&gt;La primera noche es igual que un parto,&lt;br /&gt;el día que le sigue es campo de concentración.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, gastritis, cruel condición&lt;br /&gt;que das en la barriga&lt;br /&gt;y das en el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No bastando sentirse arrollado&lt;br /&gt;encima de todo se está castigado.&lt;br /&gt;Nada de café, nada de tabaco, &lt;br /&gt;Todo es cocido y sabe a sobaco. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ni un queso ni un vino ni un Yoli con gas&lt;br /&gt;los días y las noches pierden su sal,&lt;br /&gt;está uno apaleado del cuerpo y del alma&lt;br /&gt;un fiambre que repta, extensión de la cama. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay, gastritis feroz desazón&lt;br /&gt;que das en la barriga&lt;br /&gt;y en el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dicen que ataca a los estresados&lt;br /&gt;que a los angustiados les da el arrechucho,&lt;br /&gt;si el cuerpo es  tan sabio yo no lo comprendo,&lt;br /&gt;¿por qué tan fregados y encima pachuchos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pasan tres días y olvidas su sino,&lt;br /&gt;mes de antiácidos, tranca de lirio.&lt;br /&gt;Pero uno no borra su marca rampante, &lt;br /&gt;que viene a asaltar cualquier noche menguante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ay gastritis, mal del montón,&lt;br /&gt;que das en la barriga&lt;br /&gt;y en el corazón.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribí estas desacompasadas y lastimeras estrofas hace poco más de una semana, a modo de terapia de choque entre un antiácido y un quejido. Pero en esta ocasión la medicina que siempre me salva no me estaba haciendo ni cosquillas con doble dosis, así que pasados tres días de dolores mortíferos, terminé en la sala de urgencias de un hospital privado. Fue una experiencia muy extraña. Si bien llegué al hospital sintiéndome como jerga vieja, lo hice por mi propio pie, con el pelo cepillado y los aretes puestos. Estaba pensando en todo lo que tenía que hacer esa semana y deseando que me encontraran el mal y me dieran el remedio lo más pronto posible. Tenía ganas de comer algo y de tomarme un café, aunque fuera descafeinado, a la primera oportunidad. En cuestión de cinco minutos me sentí como si no hubiera mañana. Me pusieron una bata, me acostaron en una cama, y tres enfermeras que no incluían a Clarisa comenzaron a tomarme los signos vitales como si hubiera llegado arrastrándome y desangrándome por las orejas, mientras un par de médicos escudriñaban cada uno de mis eventos gástricos de los últimos días y los avatares clínicos de toda mi existencia. Casi sin darme cuenta, ya me estaban pinchando la mano para meterme un catéter y pasarme suero y medicina para el dolor (esto último lo agradecí). Acto seguido, me mandaron al baño EN SILLA DE RUEDAS para hacer pipí en un frasquito, y luego a practicarme toda clase de estudios que incluyeron una ultra-moderna y mega-claustrofóbica tomografía computarizada. ¿Será el apéndice? ¿Será la vesícula? ¿Será la vieja del otro día? Los médicos parloteaban a mi alrededor y tomaban turnos en mi cubículo para doblarme la pierna y apretujarme la barriga. De repente me vi en un quirófano contando del diez para atrás, y me dio tanto miedo que mi hermana tuvo que sobarme la manita. El desenlace fue dichoso, en lo que cabe. Mi mal resultó ser ovárico, se arreglaría con medicina, y ni siquiera implicaba restricciones en el comer, con lo cual dos horas después me estaba desayunando una hamburguesa de pollo con papas. La cifra a la que ascendió esa mañana en urgencias es indecente y ridícula. Pero incluso aquello me alegró: llevo mucho tiempo quejándome de lo que gasto cada año en mi seguro médico y parece que al fin podré desquitarlo. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los últimos meses he tenido mucho contacto con hospitales, y no estoy descubriendo ningún hilo negro al decir que la diferencia entre el servicio público y privado es abismal. Pero esta última experiencia me hizo pensar que existen pocas estrategias de marketing en punto de venta más efectivas y poderosas como los hospitales de primera categoría. Yo no sé si todo lo que me hicieron fue realmente necesario, tal vez sí, tal vez no. De cualquier manera, es increíble su habilidad para hacerte sentir moribundo, y hacerte creer que los necesitas. Tienen más que los remedios, los aparatos y 
