domingo, 13 de julio de 2008

Casarse con la idea (Parte I)

El martes pasado fue un día extraño. Al mediodía estuve tomando café en la plaza de la Conchita con Jasmine y Susana, una de las parejas más sólidas que conozco. Nos pasamos casi dos horas hablando de relaciones sentimentales. Más concretamente, del tema de casarse o no casarse. El matrimonio entre gente del mismo sexo es legal en Montreal, donde ellas viven, pero aunque han coqueteado con la idea, les sigue pareciendo una institución más bien obsoleta cuya finalidad siempre ha tenido que ver con tener control sobre el rebaño social. La única desventaja grave que Susana apuntó sobre no casarse con Jasmine, fue que si ella muriera en territorio canadiense, sería el Estado mexicano, y no su pareja, quien tendría la última palabra sobre su cadáver. Datos bizarros aparte, uno real es que cada vez son menos las personas que se casan en países desarrollados, y que en ese sentido (entre muchos, muchos otros), México todavía no es uno de ellos.

Horas más tarde, después de guapear la casa, ir por arroz a la fondita de Aguayo que por la noche es churrería y trabajar un rato, recibí en mi casa a una mujer que yo no conocía, y que está escribiendo un artículo sobre la anti-boda, o algo por el estilo, para el suplemento semanal de un conocido periódico. Dio conmigo por Pablo, un amigo en común, quien al parecer le dijo que yo era una “soltera interesante”. Al menos soltera en lo que al rellenado de papelería oficial se refiere. Es decir, no casada. No sé si esto debiera halagarme, pero tratándose de la primera entrevista que me han hecho, el que ésta no tuviera que ver con mis habilidades o con mi carrera o con mi desprecio por la ley antitabaco, me pasó a dar básicamente igual.
La primera pregunta fue si yo de niña había fantaseado con mi boda. Respondí que sí. En realidad, yo de niña y de adolescente fantaseaba con todas las cosas que una niña y adolescente de clase media, criada en una familia católica y formada en un colegio de monjas, debe fantasear. Incluso con ir al cielo. No sé bien cuándo se me empezaron a romper los esquemas, pero creo que favorecieron tres cosas: haber crecido en un ambiente familiar sí católico y sí conservador pero de funcionalidad bastante exótica; haber tenido dos hermanas mayores, una de las cuales desposó a un psicoanalista ateo y divorciado que conmigo le jugó bastante a la figura paterna; y haberme ido rodeando, al principio sin querer, de una muy variopinta fauna de amigos.

Pero vuelvo al punto. Por lo visto, el tener 32 años y no haberme casado todavía, significa que estoy desafiando algún esquema. Si no, no hubiera venido a mi casa una desconocida a preguntarme cosas como que para mí cuál es la edad límite para decir “no me he casado” y cuál para responder “ya no me casé”. Esto yo no lo sabía al momento de la entrevista, pero legalmente una mujer mexicana podría responder “no me he casado” desde los 14 años de edad. A la segunda contesté que nunca, no hay tal cosa como una edad límite para decir que una ya no se casó. En la familia de mi madre hay dos tías que se casaron en sus cuarentas; la actual mujer de mi padre se casó con él entrada en sus cincuentas, la bruja que solía yo consultar predijo dos veces que mi madre de 73 se volvería a casar (aunque no ha sucedido.) Uno se puede casar cuando se le dé la gana y a una se le puede dar la misma gana de no hacerlo. Como mis primas Concha y María Dolores, un par de hermanas perfectamente guapas y encantadoras que acaban de entrar también a sus cincuentas con sus chambas, sus viajes y sus galanes. O como mi tía Meche, que aunque no tuvo nada de lo anterior salvo la chamba, se hizo cargo de cinco hijos que ni siquiera eran de ella. Si bien es cierto que tenemos colgado de las pestañas el susodicho reloj biológico, está claro que para darle curso a la biología no hace falta estar casada, y que estarlo en muchos casos tampoco garantiza que una quiera o pueda reproducirse. Esperanza mi analista opina que casarse es algo que hay que hacer al menos una vez en la vida. No lo sé. Tampoco supe bien qué responder cuando la señora (casada) de mi edad que estuvo aquí en mi casa me preguntó si este es un asunto de elección o más bien de pura suerte. Aunque luego le fui pensando....

(Continuará)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me encanta querida rana, me da justo en el blanco y concuerdo con la premisa de que Mexico no es un pais desarrollado. Asi que que bueno que te contactan cuando estan en busca de mujeres interesantes. El fin pasado estuve en Mexico y la madre de una buena amiga (que pronto sera senora) me pregunto que yo "para cuando?" por que no quiere que sea "la tia solterona (??)". Esto viniendo de una exitosa mujer de negocios que ademas es divorciada. En fin, can't wait to read the second part. Soltera con 30+ y gafas(nunca casada).

Emmanuel dijo...

que se le va a hacer hermana, seguimos siendo país de persignaciones y peregrinaciones.

lo que ha unido dios, que no lo separe el hombre...

yo creo que es una onda generacional... me sorprenderia si despues de nuestra juventud, la humanidad no se reduce a la mitad por nuestra incapacidad psicologica de casarnos y tener hijos...

Anaí López dijo...

Querida soltera con gafas: Aguanta que se pone tupido para las versiones lagunilleras de Carrie, tu coterránea.

Memma: Yo también pienso que además de los persignamientos y las peregrinaciones, hay un asunto laico, secular y generacional. Para bien y para mal. Más sobre eso también, prontito.