jueves, 13 de mayo de 2010

Escenas de La Habana


INT. AEROPUERTO INTERNACIONAL JOSÉ MARTÍ. DÍA

Una incrédula EXTRANJERA (30’s) desciende del avión. Avanza mirando para todas partes, fascinada por la decadencia del lugar, por las faldas muy cortas de las empleadas, enfundadas en medias a cuadros, blancas, negras y café con leche (las empleadas), quienes ríen a través de sus walkie talkies y bromean con los empleados, también multicolor.

CORTE A:

Al salir rodando su maleta, la extranjera es de inmediato abordada por un TIPO (30’s), panzoncito, carismático; la clase de hombre entrenado para infundir confianza. Le ofrece un taxi.

TIPO: ¿De dónde viene?

EXTRANJERA: De México.

TIPO: ¿Sonora, Tamaulipas, Tampico, Monterrey, Guadalajara, Yucatán, Zacatecas…?

EXTRANJERA (sonriendo, encantada): De la capital, del D.F.

Luego anuncia que tiene que cambiar dinero. El tipo la espera. La extranjera cambia 100 dólares, equivalentes a 80 y pico CUC (peso cubano convertible). Cuando se aleja con el tipo de los taxis, éste aclara:

TIPO: El viaje le cuesta 46 ceucé.

La extranjera se paraliza.

EXTRANJERA: ¿No hay transporte público? (El tipo niega) ¿Otras tarifas?

El tipo la dirige a un automóvil amarillo, desvencijado, que conduce un negro robusto. Antes de meter su maleta a la cajuela, aclara, casi ofendido:

TIPO: Aquí no hay tarifas, señorita. Esto es socialismo.

EXT. CALLE DEL OBISPO. DÍA

La extranjera y otros dos EXTRANJEROS (Extranjero 1: 30’s, pestañudo, muy bronceado por el sol; Extranjero 2: rubio, enorme, australiano de origen), caminan bajo una incipiente lluvia. La calle es peatonal, transitadísima; conviven cafés y tiendas para turistas lo mismo que establecimientos (oficinas, escuelas, salones de belleza) salidos de una revista color sepia de 1958. Los árboles florales rompen las fachadas de un par de edificios cayéndose a pedazos.

Los extranjeros se meten en un café.

INT. CAFÉ PARÍS. DÍA

El café es oscuro, maderoso y decadente, tal y como a la extranjera le gustan los cafés. Además es el primer café que se toma en el viaje. Al primer sorbo, supera sus expectativas. Todo marcha de maravilla, excepto que Jennifer López suena en la tele y en las bocinas del local a todo volumen. Luego entra un trío de salseros. Los extranjeros piden unas tostaditas de queso para desayunar. Extranjero 1 no se las puede comer porque tienen demasiada cebolla. Cuando el trío salsero se va y regresa Jennifer, los extranjeros salen despavoridos.

EXT. PARQUE CENTRAL. DÍA

Los extranjeros hacen turismo del más burdo y vergonzante. Le toman fotos a los coches de modelo antiguo. Le toman fotos al capitolio y a los edificios. Le toman fotos a las iglesias. Le toman fotos a las masas reunidas en la plaza, hombres en su mayoría, que manotean y se quitan la palabra hablando, según entienden los extranjeros, sobre electrodomésticos y béisbol. De pronto, son abordados por un señor. Desde luego, muy charming.

CONDUCTOR: Where you from? I’ll show you Habana Vieja like you never seen. If no, I give you the horse.

EXT. CALLES DE LA HABANA VIEJA. TARDE

El caballo repiquetea. Los tres extranjeros viajan a bordo de una calandria. El CONDUCTOR es un hombre de cincuenta y tantos años, con ojos claros y sombrero, que lo traduce todo al inglés, fuma compulsivamente cigarrillos Monterrey (tabaco negro, sin filtro), y le gusta alardear que las llamadas que recibe en su celular son de “sus mujeres”. Los lleva bordeando toda la Habana Vieja; les enseña el hotel donde vivió Hemingway y después se hospedó Sting, la casa de José Martí y la estatua de Agustín Lara. Se detiene en un restaurante.

CONDUCTOR: Aquí van a comer espectacular. Langosta, camarón… ¿Les gusta la langosta, el camarón?

Cuando entran todos al restaurante les explican que hoy sólo hay cerdo.

CORTE A:

El conductor para en una pequeña tienda donde se vende “el mejor ron de Cuba” Los extranjeros lo prueban. A la extranjera le gusta. Compra dos botellas y tres paquetes de café molido para regalar.

CORTE A:

El conductor los lleva a un expendio de puros. La extranjera compra una caja de puritos Cohiba.

EXT. CAJERO AUTOMÁTICO. DÍA

A la extranjera se le han terminado los CUC’s. El cajero rechaza sus tarjetas. Al indagar en el banco, le explican:

EMPLEADA: Su banco tiene un convenio con Estados Unidos. Con esas tarjetas no puede disponer de dinero, acá.

La extranjera, consternada, cambia los pesos mexicanos que de pura suerte lleva en la cartera. No compra un solo regalo más en el resto de la vacación.

INT. BAR. NOCHE

Los extranjeros esperan. El lugar de baile no abre sino hasta las once y son las diez treinta. Éste es un local a dos puertas. Es un bar pero parece heladería. Venden pizzas. Los extranjeros se comen una entera y se toman ocho mojitos. (Seis se los toma Extranjero 2). Mientras, la extranjera gira la cabeza como el exorcista para aprehender la fauna del lugar. No hay turistas. Van entrando, sobre todo, cuartetos y quintetos de mujeres. Todas negras y mulatas. Todas con atuendos atrevidos, de colores audaces. Todas van a bailar. La extranjera se siente de pronto ridícula con su falda arriba de la rodilla y su blusa con mangas. Al menos la blusa tiene un poco de escote.

INT. CASA DE LA MÚSICA. NOCHE

Los extranjeros esperan más. El grupo de la noche no comienza a tocar sino hasta las 12. Los extranjeros se entretienen bebiendo más mojitos y daiquiris. No dejan de mirar a una negra despampanante que lleva unos shorts blancos con unas piernas tan largas que rompen el piso, y que se contonea como una auténtica diosa de la fertilidad. Al tercer daiquiri, la extranjera declara:

EXTRANJERA: En mi siguiente vida quiero ser negra. Y bien zorra.

CORTE A:

Los extranjeros bailan. Y bailan.

INT. TAXI. DÍA-NOCHE-TARDE-AMANECER

Todos los taxistas de la Habana son iguales a casi todos los cubanos. Agudos, orgullosos, echados pa'lante. Todas las conversaciones son idénticas. Hablan con la soltura de quien está acostumbrado a recibir las mismas preguntas y responderlas mil veces. No, Fidel ya no circula. Sí, Raúl es muy estricto. El nieto de Raúl es el que viene. Es más liberal. Nadie habla realmente de su condición, nadie se queja. Admiten que hay una “mala economía”, nada más. Y todos dicen que el CUC les afecta igual a ellos que a los extranjeros. Los extranjeros no terminan de creerles.

EXT. PLAZA DE LA REVOLUCIÓN. DÍA

Los extranjeros descienden de un taxi.

Los extranjeros se toman una foto frente al monumento dedicado a José Martí.

Los extranjeros se toman una foto frente al edificio donde está Ernesto Guevara y su famosa frase “Hasta la victoria siempre”.

Los extranjeros se toman una foto frente al edificio donde está un señor de turbante que no saben quién es y que alguien les aclara se trata de Camilo Cienfuegos.

Los extranjeros toman un mototaxi y se van a tomar mojitos y a fumar un puro al Hotel Nacional.

EXT. CALLES DEL VEDADO. DÍA

El viento le trepa el vestido a la extranjera hasta el cuello. El día es perfecto. El sol centellea. Cada casa es un sueño; las que tienen columnas, las que tienen terrazas, las que tienen persianas de madera y las que tienen patios; las que se caen y las que no. Cada árbol y cada palmera de cada calle corta el aliento. A la extranjera le suenan las tripas.

INT. PALADAR LOS AMIGOS. DÍA

A la extranjera le da tiempo de fumarse tres cigarros antes de que lleguen los platos. No le importa. La cerveza Cristal se le sube rápido a la cabeza y está feliz de que aquí sí se fume, donde sea, en interior. Los tres comen platos de ropa vieja, cerdo frito, yuca, arroz y frijoles. Ellos no lo saben, pero esta es la mejor comida que harán en la vacación.

INT. HELADOS COPPELIA. DÍA

Los extranjeros se brincan tres colas kilométricas. La extranjera, que ha visto gente haciendo cola para las cabinas de teléfono, para el transporte y para quién sabe qué más pero para todo, asegura:

EXTRANJERA: Seguro están esperando el camión.

Es así como involuntariamente los tres se encuentran en cuestión de diez minutos, y no dos horas, en una mesa de la heladería más famosa de la Habana. No parece heladería. Más bien parece escuela, iglesia, oficina pastoral. Los extranjeros son los únicos extranjeros que ocupan una mesa.

EMPLEADO: Hay vainilla, fresa y chocolate.

También hay pastel. Los extranjeros piden de todo y esperan. Y esperan. Y esperan. Y mientras esperan, son testigos de la escena más insólita. En la mesa contigua, una mujer pide algo así como dieciocho bolas de helado de chocolate. En cuanto el empleado se va, la mujer las echa, una a una, en una bolsa de plástico. Al cabo de un rato repite la operación con bolas de vainilla. Para cuando llegan los helados de los extranjeros, sólo queda fresa y chocolate. A la extranjera le saben a helado de su infancia, como del Tom Boy.

EMPLEADO: Son dieciséis.

A los extranjeros les parece carísimo. Sobre todo después de haber visto a esa mujer embolsarse –literalmente- aquellos helados como si los regalaran. El empleado explica:

EMPLEADO: Son cinco por cada helado y uno del pastel.

Los extranjeros pagan dieciséis pesos convertibles cubanos. Se van de ahí con la sensación de haber sido estafados. Así ha sido, en efecto. El helado cuesta cinco pesos cubanos, el equivalente a 10 centavos de la famosa moneda convertible.

FLASH FORWARD:

TAXISTA: Él les sirvió un helado de listo y ustedes se comieron un helado de tontos.

INT. CAFÉ TABERNA. NOCHE

EXTRANJERA (O.S.)

No le hagan (siempre) caso al Lonely Planet. La antigua “casa” de Benny Moré es ahora un local bonito pero avinagrado donde el grupo de son se calla demasiado temprano y la langosta mariposa sale barata porque está como piedra y sabe a pollo.

INT. TERRAZA HOTEL. NOCHE

Cuatro negras rompen bocinas y caderas en el lobby. Una en el piano, otra en las percusiones, otra en el bajo y otra al micrófono. Son buenísimas. Buenísimas. Han conseguido poner a bailar a más de un carcamán europeo y a su esposa descoordinada. La extranjera, sin embargo, se encuentra muy lejos del barullo, en la mesa más apartada de la terraza a donde alcanza a llegar el Internet inalámbrico.

TRANSICIÓN:

1:30 a.m. La extranjera cierra la tapa de su computadora. Ha terminado de corregir un guión. (Trabajar en las vacaciones es su maldición; ya se acostumbró). Se estira, satisfecha; guarda sus cosas y se levanta. En la mesa hay dos tazas vacías de café. (Cubano).

INT. HOTEL – HABITACIÓN. NOCHE

5:30 a.m. La extranjera se levanta al baño por vez número 8 en cuatro horas. No ha pegado ojo. Está hecha un lobo rabioso y golpea con desesperación la pared de azulejos. No ayuda que Extranjero 1 y Extranjero 2 den vueltas en las camas contiguas y balbuceen en australiano.

EXT. HABANA VIEJA – CASCO ANTIGUO. DÍA

La extranjera tiene toda la tarde para ella sola. Extranjero 1 y Extranjero 2 salieron temprano a tomar un tren para conocer algo de las “afueras”. La extranjera decidió quedarse y dormir al menos dos horas que al final fueron cinco. Arranca en la plaza de Armas. Se está un buen rato viendo los libros viejos. Todos son clásicos de la literatura universal o de socialismo. También hay postales. Todas son de Fidel o del Che. La extranjera compra tres.

CORTE A:

La extranjera visita la catedral de la Virgen María de la Concepción Inmaculada, mejor conocida como la Catedral de la Habana.

CORTE A:

La extranjera visita la plaza Vieja. Toma video.

CORTE A:

La extranjera visita la plaza de San Francisco. Habla con otro conductor de calandria, éste negro y con mucho acné, quien le pregunta si no quiere un novio guapo, cariñoso, amable, trabajador. La extranjera lo medita.

CORTE A:

La extranjera se detiene en un local de la calle Mesones donde sólo venden pizzas individuales, limonada y “cremitas” de dulce de leche. Pide una de cada una. La EMPLEADA dice:

EMPLEADA: Son diez.

EXTRANJERA: ¿Diez, qué?

EMPLEADA: Diez pesos.

EXTRANJERA: ¿De cuáles?

EMPLEADA (Con un mohin): Cubanos.

EXTRANJERA: Aaaaaah.

Luego de recibir la cifra exacta de 25 centavos CUC, la empleada saca a colación el tema del narcotráfico en México. Está espantadísima. Se imagina que ir a México es garantía de que te corten la cabeza.

EMPLEADA: Aquí somos muy pobres pero nunca se han visto esas cosas.

La extranjera ignora que a pocos pasos, Extranjero 1 y Extranjero 2 han vuelto de su recorrido en tren y se beben unos mojitos en la Bodeguita del Medio, donde una “santera” entra a hacer “bailes extraños”. A la extranjera le hubiera gustado ver eso.

CORTE A:

La extranjera se toma un café en el Café Habana, que hace esquina nada menos que con la calle... ¡de la Amargura!

CORTE A:

La extranjera fuma en una banquita del parque central. Un joven SOLDADO (20) se acerca a pedirle un cigarro. Al ver la cajetilla de Delicados, finge preocupación:

SOLDADO: ¿No eres cubana?

EXTRANJERA (Halagada, pizpireta): No.

SOLDADO: Perdona, es que ahora hay mucho control con lo de acercarnos a los turistas, tú sabes.

La extranjera sabía lo contrario y ya le extrañaba. Ahora ya sabe.

SOLDADO: ¿Y qué te gusta más de la Habana?

EXTRANJERA (No sabe si miente o no): La gente.

INT. CAFÉ INGLATERRA. DÍA

La extranjera se toma un café en la terraza del hotel Inglaterra. Es una belleza. Madera clara, ventiladores y techos altos. Platica con un señor hindú que creció en California y reside en Mérida hace treinta años. La extranjera decide que éste será el último café del día, para poder dormir.

EXT. PASEO DEL PRADO. DÍA

La extranjera camina por el paseo del Prado, o paseo José Martí. Le recuerda a la rambla de Barcelona, sólo que éste es mucho más arbolado y más diáfano. No hay puestos de flores ni estatuas humanas del Hombre Araña ni gringos con cámaras ni loquitos cada tres pasos. Sólo hay edificios bajos, neoclásicos y moriscos, hermosos y derruidos, a los costados; niños jugando al fútbol y poca gente paseando. A la extranjera le dijeron hace muchos años que las fotos donde no sale gente, a la larga no se les presta atención. A ella no le importa y dispara la cámara sabiendo que todo es inútil. Que con gente o sin ella, nada le hará justicia a todo esto.

EXT. MALECÓN. DÍA

Atardece. El malecón comienza a salpicarse de parejitas y grupos de jóvenes que abren botellas de ron y sirven vasos de plástico. La extranjera ya no puede más. Necesita salir en alguna foto de esta tarde. Hay una parejita cerca. Le sabe mal interrumpir porque los enamorados están muy estando, ella recargada en el pecho de él; él sobándole la pancita. Pero toman la cámara de muy buena gana. La foto la hace ella. Le pasa la cámara a la extranjera.

ENAMORADA: Mira a ver si te gusta.

La extranjera mira.

EXTRANJERA: Sí, está muy linda. Gracias.

Y es verdad que le gustó.

Luego se está quieta con las fotos y se pone a ver, nada más a ver, cómo el mar rompe contra la vieja muralla y el cielo se va dorando igual que la ciudad. Y lo único que le consuela de no poder asir todo esto, de saber que lo va a perder de vista para siempre, es lo mismo que la consuela desde que lloraba sin consuelo después de su primer fiesta de cumpleaños, creyendo que nunca se lo iba a volver a pasar igual de bien. Aquella vez, su hermana le dijo:

“Todo lo bueno se termina para que venga algo mejor”.

Y hasta ahora, afortunadamente, se ha cumplido.

5 comentarios:

Anai Lopez dijo...

A falta de comentarios, yo comento...

Olvidé otra anécdota de la vacación. Un día me salió una ampolla en el talón. Decidí comprar unos curitas en la primera farmacia que me encontrara. Sorpresa: en Cuba NO HAY FARMACIAS. Si te duele la cabeza, tienes que ir al hospital a que te den una aspirina. Es gratis, eso sí, y tan profesional que igual y hasta sales de ahí con tomografía creaneal. Insólito además cuando un médico (según locales) cobra un sueldo de algo así como 25 dólares al mes.

Al final tuve suerte y encontré un curita en el fondo de mi bolsita de cosméticos.

Tan-tan.

Anónimo dijo...

Jajajajajaaja.... me encantó.

Eduardo López dijo...

Hija querida:

Me gustó mucho lo que cuentas, cómo lo cuentas y lo que te dijo Dunia.

Papá.

Robert dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Robert dijo...

Tu post me ha sabido tan bien como unos plátanos que comí en Trinidad y que fue lo único que conseguí pagar con pesos 'locales'. Como dice el tópico, tus palabras me han transportado a Cuba, pero de verdad. Me ha mecido el son de tu sintaxis, me ha divertido el mojo de tu edición. Lástima que te timaran tanto como a mí con los pesos convertibles. Aunque confieso que lo que me da rabia de las artimañas cubanas es que yo no sea capaz de tanto ingenio y olfato para la supervivencia. Un abrazo, extranjera.