jueves, 25 de noviembre de 2010

La Pipa de la Paz

La humanidad ha comprobado, una y otra vez, que la prohibición no sirve para maldita la cosa. Es como un gran bache histórico que se calca a sí mismo generación tras generación. Los últimos meses, con la iniciativa ésta de prohibir la venta de comida chatarra en las escuelas para prevenir la obesidad infantil, me moría de la risa. No porque me dé risa que los niños sean obesos: es un gravísimo problema de salud; sino porque me imaginé, primero, a las empresas de frituras y golosinas poniendo mil trabas para llevarlo a cabo (lo cual en efecto ha sucedido), y después imaginándome al primer niño listo (o el papá), que encuentre la forma de introducir mochilas llenas de papas y Twinkis a la escuela, y los compre a escondidas hasta la maestra de inglés.

Al Capone es quizás el nombre más sonado en lo que al provecho de la prohibición se refiere. Sus twinkis eran el alcohol y las salas de juego. ¿Y qué pasó? El FBI lo persiguió hasta que lo pudo culpar por evasión de impuestos y lo refundió en Alcatraz (aunque murió en Miami Beach); el alcohol se hizo legal en Estados Unidos “hasta cumplidos los 21 años” (por lo cual tenemos a tantos gringuitos vomitando en las calles de Cancún en la primavera) y de aquellos tiempos terribles, mira por dónde, el cine se inspiró para crear joyas como Érase una vez en América, Los intocables y El padrino. Yo no sé si algún día se hagan películas maravillosas y conmovedoras sobre el Chapo Guzmán, Beltrán Leyva y Arellano Félix. Lo que sí sé es que esos tipos se lo han pasado mejor que cualquier astro de Hollywood. Mira por dónde.

Sin dar más rodeos, voy al grano. ¿Tiene usted idea, amable lector, a cuántas fiestas/convites/conciertos ha asistido la que suscribe en los últimos diez, quince años, donde NO haya circulado un porro, un gallo, un toque, un güiro, o como quien dice, un cigarro de marihuana? ¿Ya? ¿Hizo sus cálculos? Bien. La respuesta es: ninguna. Así como lo oye: ninguna. Lo siguiente que debe estar pensando es que seguramente mis amigos y conocidos son todos unos desobligados, zarrapastrosos, con los dientes podridos. A lo cual yo tendría que responder que si bien entre mis amigos hay personajes muy peculiares, todos y cada uno de ellos son profesionistas, productivos, algunos de ellos muy talentosos y, en general, sanos. (Salvo los que fumamos tabaco).

Recientemente, a uno de estos amigos se le sugirió escribir un texto en donde expresara abiertamente su uso esporádico y recreativo del cannabis, para reunir una serie de testimonios sobre “salir del closet” (en cuanto al uso de la planta, claro está) como iniciativa a favor de la legalización. Mi amigo se lo pensó y al final se negó. Su argumento no fue el miedo de que le cayeran en su casa cinco milicos armados a hurgar entre sus cajitas de Faros edición especial, sino que parte del “atractivo” que él encontraba en fumar marihuana, estaba justo en que fuera algo que conlleva cierto secretismo, cierta emoción de hacer algo que no es abierto y permitido. Muy válido. Por mi parte, la verdad es que llevaba un rato con ganas de decir unas cuantas cosas sobre el tema.

Podemos empezar por el principio. Por la planta.

Se llama cannabis sativa y también cáñamo, aunque el cáñamo también es el nombre de la fibra que se extrae de ella. Y sus virtudes son in-con-ta-bles. El cáñamo se explotaba hace miles de años en China y en otros lugares. ¿Sabían que las velas que trajeron a Cristóbal Colón a América estaban hechas de cáñamo? Por lo visto es un material extraordinariamente resistente. Tanto que a los industriales gringos de los años treinta, que querían potenciar las nuevas fibras sintéticas como el nailon, no les gustó nada la competencia. ¿Tendrá eso algo que ver con la confusa política de prohibición de la marihuana que se dio justo por esos años? Nunca lo sabremos…

El cáñamo tiene muchos otros usos y aplicaciones. Se pueden fabricar: lubricantes, plásticos, celulosa para papel, ropa, forraje para animales, biomasa para calefacción, jabón, fieltros, pinturas y barnices. Las semillas de cannabis son el alimento vegetal con mayor valor proteínico que se puede encontrar en una sola planta. Tienen Omega3 y Omega9, que además de nutritivos, pueden prevenir artritis y reumatismos. Según se procese, puede ser más suave, aislante, absorbente y duradera que el algodón. Además, una hectárea de cannabis produce el doble y no requiere químicos ni pesticidas. Como biocombustible es lo más ecológico que se puede encontrar: ¡funciona en motor diesel! Cualquier plástico emulado a partir de cannabis, es directamente biodegradable y reciclable. Para hacer papel, no tiene igual: produce el cuádruple que una hectárea de árboles. Además es más resistente que la pulpa de madera, no necesita ácidos ni cloro, y aguanta siete reciclajes (la madera aguanta cuatro). Por si fuera poco, mejora la calidad del suelo donde se planta. Y así solita, en su forma natural, se usa para el tratamiento del glaucoma, insomnio, náuseas y vómitos asociados a quimioterapia, esclerosis múltiple y neuropatías. Además es un gran analgésico.

Pero es ilegal…

Y la policía la busca, la encuentra, la arranca del suelo, y la quema. ¡La quema! ¿Por qué?

Aguilar Camín dijo hace poco que quitarle la libertad a alguien por cultivar cáñamo era lo mismo que quitarle la libertad por cultivar lechugas. Yo diría que es mucho peor. Y les preguntaría a los perseguidores, usando sus propias palabras, si están fumados o qué.

Pero la pregunta es seria: ¿Por qué una planta tan dócil y tan generosa puede ser tan perseguida? Porque la cannabis sativa, según su variedad, puede presentar un principio activo llamado TetraHidroCannabinol (THC), que tiene efectos… ¡qué miedo! …psicoactivos. Dicho principio activo se encuentra en la flor de la cannabis, también conocida como cogollo; o en su resina, llamada comúnmente hachís.

Esos efectos psicoactivos no los voy a explicar. A quien quiera averiguarlos, le recomiendo que la pruebe. A lo mejor no le gusta, a lo mejor sí. Lo que es seguro es que no se va pirar, no va a terminar babeando en una esquina recolectando moneditas para darse otro jalón, y, con total seguridad, no se va a morir.

A propósito de morirse, perdón que saque a relucir unos datos tan necios y tan sabidos, pero es inevitable. El alcohol. Muertes por cánceres de esófago, de hígado, cirrosis, accidentes de circulación, lesiones voluntarias y homicidios: casi dos millones de víctimas al año en el mundo. Tabaco. No voy a enunciar todos los horrores causantes de muerte porque ahora mismo hay seis colillas rebosantes de legalidad reposando en mi cenicero. Pero mata un promedio de 8,4 personas por año. Segunda causa de mortalidad en el mundo. Y Phillip Morris, cagado de la risa. ¿Qué por qué no lo dejo? Porque soy una adicta crepitante, enclenque y desesperada. ¿Quieren una droga fea? Es ésta. (Y para colmo, no pone).

El argumento principal contra la marihuana es que es “la puerta de entrada” a todas las demás drogas. Puede ser. No voy a rebatir ese argumento, aún cuando me parece bastante simplista y carente de imaginación. Pero pensando en que así fuera, conozco:

a) Personas que han fumado marihuana muchas veces, a lo largo de muchos años, y no han probado ninguna otra droga.

b) Personas que han consumido marihuana y experimentado con otras drogas sin suscribirse a ninguna de éstas.

c) Personas que consumen marihuana y otras drogas, de manera recreativa, y siguen chambeando, pagando impuestos y haciendo sus cosas.

d) También conocí y quise muchísimo a una persona que seguramente empezó con porros y se murió de un pasón de heroína. Pero que además se murió junto con otros cinco cuates que le compraban al mismo dealer. Es decir, en realidad no se “pasoneó” (porque además la fumaba, y de ese modo es muy difícil llegar a una dosis letal), sino que fue víctima de una tanda adulterada. Justo ahora, leyendo sobre estas cosas, me entero que el 80% de muertes por sustancias se debe a la falta de acceso a dosis estandarizadas. Como haya sido, lo jodido no fue tanto cómo se murió, sino cómo vivió. Y vivió mal desde que nació.

El problema no son las sustancias, nunca lo han sido y nunca lo serán. El problema son las personas. Sus historias, sus rollos, sus circunstancias. Y partiendo de todo ello, sus elecciones. El ser humano ha consumido y experimentado con sustancias psicoactivas desde que habita esta Tierra. El acceso a ellas está ahí, inevitablemente, y siempre va a estarlo. ¡Y qué bueno! Imagínense este mundo sin la posibilidad de sentir diferente, de percibir diferente, de enloquecerse un poco. Sería tristísimo.

Ahora mismo, por más que se maten en México de cuarenta en cuarenta, por más millones que se gasten, por más que les paguen otro poquito al cuerpo policiaco (que siempre será una miseria en comparación con la miseria por la que se corrompen), la cosa es así: en este instante, allá afuera, hay de todo. Rápido. Pronto. Así de crudo y así de simple. También hay donas de nuez y trenzas glaseadas en el café de la esquina. Eso no significa que sólo porque las haya vaya a ir corriendo a atascármelas. (Aunque seguramente si me prohibieran comérmelas, lo estaría pensando).

Y aquí tengo que aclarar algo importante. Yo no digo que el cannabis sea para todos. Cada persona es diferente, cada organismo es diferente. Mi hermana mayor no puede ni oler un chocolate y la otra no puede comerse una cereza envinada. Hay para quienes el amor puede ser la droga más peligrosa y destructiva que prueben en su vida. Aunque la marihuana estrictamente no genera adicción física, son muchas las razones por las que una persona puede engancharse a una cosa. No pretendo promover el uso del cannabis ni intento decir que quien sea que pruebe la marihuana se lo va a pasar bien (aunque es probable); no tengo puesto ahora mismo un gorro de colores ni estoy oyendo a Bob Marley mientras escribo esto (aunque no sería mala idea). Es más. Ni siquiera estoy fumando mota, porque para escribir no me funciona: me divaga. También me agota y reconozco que merma mi productividad. Pero si de algo estoy convencida, es de que NO es una sustancia equiparable a la cocaína, a las anfetaminas y mucho menos a la heroína. Ni remotamente. Nadie se ha muerto sólo por fumar marihuana. Busquen a ese muerto por donde quieran. No lo van a encontrar.

La generalización es uno de los errores más comunes y más peligrosos que comete nuestra especie. La generalización consecuenta el racismo, la endogamia, el odio y la discriminación. Decidir que una sustancia es mala para TODO el mundo y prohibirla para todo el mundo, a lo mejor salva a un chavo de morirse en un accidente porque se puso morado de porros y alcohol; pero también puede quitarle a una persona enferma la posibilidad de alivianarse unas náuseas y unos dolores terribles. En cualquier caso, es una cuestión de elección personal. Dejen que los adultos decidan por sí mismos, y dejen que a los menores los guíen sus papás. Es un volado, en efecto. Pero más, no se puede hacer. Créanme.

Señor Calderón, usted debería saberlo bien: el ocio es el mejor amigo del vicio. Mientras usted envía a sus heroicos ejércitos (que por cierto parecen necesitar un oftalmólogo, porque a cada rato se andan cargando civiles “por accidente”) a capturar narcos (que no es que tengan más armas: tienen submarinos), hay siete millones de jóvenes en México que no pueden estudiar ni trabajar. ¿Quiere saber lo que va a pasar con esos chavos? Unos se van a ir al otro lado (si es que no se mueren en el intento), otros se van a quedar haciendo trabajos espantosos, y otros se van a meter hasta el cepillo y se van a tomar hasta el agua de los floreros, y van a robar y a secuestrar para hacerlo. ¿Quiere luchar contra las adicciones? No luche contra las drogas. Es inútil. Luche contra el ocio. Yo sé que usted tiene muchas presiones, que la relación con los Estados Unidos debe ser más importante para usted que la relación con su familia, que seguramente sueña cada noche con el zar anti-drogas Kerlikowske. Pero es una vergüenza que allá se esté consumiendo alegremente el 80% de los narcóticos producidos en México, y en México nos estemos muriendo de hambre y matando a balazos. No sé usted, pero yo todo esto lo encuentro muy confuso, por no decir demencial. ¿Quiere ser un héroe? Legalice la producción, comercialización y consumo personal del cáñamo en México. Deje de quemar esas plantas y regáleselas a los mexicanos. ¿Qué ya no se puede echar para atrás porque qué oso? Le aseguro que no va a pasar de una semana de periodicazos, y muchas generaciones se lo van a agradecer. Aunque no consuman marihuana.

El cannabis genera tanta ambivalencia que todos los gobiernos del mundo van y vienen en sus leyes prohibicionistas, cayendo y recayendo en vacíos legales e inconsistencias. En muchos países no es que sea “legal”, pero se ha despenalizado la posesión personal en ciertas cantidades. En México, por ejemplo, desde el año pasado puedes tener cinco gramos de marihuana en tu casa y no te pueden meter al bote. (Y otras sustancias en menores dosis). Lo mismo pasa (con distintas cantidades) en Argentina, Brasil, Perú, Colombia, Chile y en algunos países de Europa. Eso es justo lo que se pretendía, y no lo que se dice legalizar, con la propuesta 19 en California. Lo raro de esta aprobación para el autoconsumo es que el tráfico está penalizado, y con ello se asume el traslado del producto. Entonces… ¿cómo le hago para hacer llegar esos cinco gramos a mi casa? Supongo que cultivándolos yo misma. Pero si el cultivo también está prohibido… ¿entonces cómo? ¿Será el momento de llamar a Harry Potter? En California y en otros trece estados de allá arriba, está permitido el uso del cannabis medicinal. También en Canadá, Alemania, Austria, Holanda, España, Israel, Finlandia y Portugal. Bien por ellos. Canadá (otra vez la progre Canadá), Francia y Suecia se vieron listos y tienen industrias dedicadas a la producción de los derivados del cáñamo. Pero en todos estos lugares, el tráfico y el comercio están también penalizados. Y en el resto del mundo, ni hablar del peluquín: te ven con un gallo y te encarcelan. En algunos países hasta seis años, si es que no te matan directamente. Y aquí me asalta una duda. Se supone que la libertad termina cuando se coarta la libertad de otro. Ahí está el límite, a partir de ahí se pondera un delito, un crimen. Pero a menos de que alguien obligue, amenace o amordace a otro para que se de un jalón, ¿dónde está el crimen? El argumento legal contra el consumo es atenta contra la salud pública. Primero, ¿y esa Salud Pública, quién es? No sé ustedes, pero yo nunca la he visto. ¿Será simpática? Y segundo: si vamos a juzgar delitos contra la salud pública bajo esos términos, que encarcelen entonces a cada gordo que vean comiéndose unos cueritos y una torta de tamal.

Todo el mundo sabe que en Holanda es legal comprar y consumir marihuana en los Coffee Shops (por cierto, los dueños están forrados); pero un caso interesante es el de Portugal. Cuando Portugal tomó la decisión de discriminalizar el uso de drogas, tenían el consumo más alto de Europa. Hoy en día, en el uso de la marihuana tiene la tasa más baja entre los 14 países. Ojo: discriminalizar no es lo mismo que legalizar. Pero si te agarran poniéndote hasta las cejas de ácidos en un parque, no te meten a la cárcel. Te ofrecen tratamiento médico y asesoría psicológica. Mismos que puedes rechazar, porque es un programa voluntario. No sé que opinen, pero eso es a lo que yo llamo cordura civil.

El control del Estado sobre las drogas es básico para cualquier gobierno. Por la misma razón, yo no alcanzo a comprender cómo es posible que los gobiernos no dimensionen los beneficios de liberar el cultivo y la producción de la planta de cannabis. (¿Estarán marihuanos?) A menos de que la ecología no les interese en lo absoluto (lo cual han ido dejando bastante claro con el tiempo) y/o estén tramando algo muy oscuro, como esperar a que todo el ecosistema se vaya al traste para poder cobrar el agua a cincuenta dólares el vaso. Pero no hay tiempo para teorías de conspiración. Lo que es un hecho es que con la sola explotación inteligente del cáñamo, al menos en México:

  1. Se reactivaría el raquítico y desastroso campo de este país. Vaya, hasta con el aceite de las semillas se podría alimentar gente.
  2. Se generarían un montón de empleos. Aunque se alega que la infraestructura para la explotación de la planta es cara. ¿Y? Con el dinero que se está gastando en las otras tonterías que ya me da flojera volver a enunciar, sería más que suficiente para echar a andar algo. Hay muchos usos y aplicaciones de dónde escoger.
  3. Buscan “desesperadamente” un sustituto de hidrocarburo para el petróleo. ¡Ahí lo tienen! Y no tienen que comérselo, no tienen que fumárselo, no tienen que ponerse pachecos ni avergonzar a sus madres, nada más explótenlo.
  4. El cáñamo se corta anualmente. Pero además la bendita planta no nada más crece fuera: se puede cultivar en interior.
  5. Y si sólo les interesan los cogollos y su temido THC, fantástico. De entrada, lloverían los turistas.
  6. Se descongestionarían las cárceles (recinto número uno de los narcóticos, por cierto). Además, si se reducen los costos de producción e intermediación ilegal, seguro bajarían los precios. Esto evitaría, de entrada, que mucha gente robara para darse un toque.
  7. Ahora mismo, los únicos que se benefician con la prohibición son los Grandes Narcotraficantes. Los meros, meros. Esta guerra necia lo único que está haciendo es quitarles de en medio la competencia. Nada más para que se den una idea, el tráfico de drogas supone el 8% del mercado mundial, comparado con la industria textil. Las ganancias y el lucro son de infarto. Nada más para hacerles pasar un coraje a estos cuates, valdría la pena.

Uno de los argumentos que dan nuestros flamantes diputados y senadores en contra de la posibilidad de la legalización, es que los narcos seguirían vendiendo cannabis y más barata. Eso ya sería su problema. El grueso del negocio estaría regulado. Y hasta donde yo sé, cuando se hizo legal el alcohol, ningún secuaz de Al Capone se puso a vender anforitas de ron de a dólar en las esquinas. Si acaso, el único inconveniente real de legalizar la marihuana, es que los delincuentes “legales” de este mundo, o sea los corporativos y las tabacaleras, se apañarían la industrialización y la comercialización; la tratarían, la rebajarían, y terminaríamos consumiendo cajetillas muy bien diseñadas con cigarritos 25% cannabis. Pero es un riesgo que hay que correr.

La legalización de la marihuana es imponderable por donde se mire. Su afán de colocarla a la par de otras sustancias mucho más fuertes, claramente dañinas (aunque quizá no mucho más que unas pastillas para adelgazar, y en muchos casos no más que el tabaco o el alcohol), es el resultado de no sé qué tipo de retorcidos intereses, y claramente de un afán represor que se terminó de instalar en los años sesenta. Una década decisiva en que los jóvenes del mundo (junto con algunos médicos, obreros y maestros) se pusieron a protestar porque ya estaban hartos de vivir con la pata del Estado en la cara. Y porque, aunque suene cursi, querían vivir en un mundo mejor. Unos nada más se pusieron flores en la cabeza y se fueron a oír conciertos en caravanas y a darse unos pases de todo lo habido y por haber; otros marcharon, gritaron y aventaron un par de granadas. Pero el castigo fue parejo para todos. Y fue sin piedad. Desde entonces, la marihuana quedó asociada a eso: al alebreste, a la protesta, al portarse “mal”. Es ese mensaje, y no el de que “destruye la salud” lo que propagan en el fondo las campañas mediocres de TV Azteca y los chismes de los marihuanos violadores satánicos primos del Chupacabras o como ciertos conservadores prefieran nombrarlos. La hierba está vinculada en el imaginario colectivo a las cosas feas que un joven hace para merecer el castigo de su Papá. La clase de Papá con doble moral que por otro lado se enorgullece cuando su hijo se pone una borrachera y va a su primer putero. Lo sorprendente es que Papá Estado lo hizo bien. Se cubrió de laureles con la libertad de expresión y el derecho a huelga, nos llenó la cabeza con comerciales de la tele aderezados de progreso y crecimiento económico, consiguió hacer creer a muchos que fumarse un gallo es peor que comer ratas crudas, y mientras tanto sigue haciendo con nosotros lo que se le da la regalada gana. Ojalá hoy tuviéramos las agallas de plantarnos como lo hicieron esos jóvenes hace cuarenta años. La cosa es que ni siquiera hace falta. ¿Para qué? Al fin y al cabo podemos hacerlo todo a escondidas…

Eso es lo único que pasa con lo prohibido: que se hace a escondidas. Casi siempre con riesgos. Lo legal por lo menos ofrece elección, alternativas, vías. El aborto es un buen ejemplo de esto.

¿Habría que legalizar todas las drogas? ¿Cómo controlar ese monstruo tan complejo que son las sustancias? ¿Quién las elaboraría? ¿Cómo se venderían? No lo sé. Señores legisladores, esa es su chamba. Es mucho más fácil colgarse de la prohibición y aventarle el paquete al sistema penal y a la Señora Doña Salud Pública que ponerse a discurrir, organizar y regular. Pero no se preocupen. Pueden empezar nada más por el cannabis. Con eso ya tienen para divertirse un rato. Seguramente la principio va a ser un desmadre, pero si no, no sería un verdadero cambio, ¿verdad?

Vivir es un peligro. Por más seguridad que se busque, se procure y se trate de imponer. Estamos en un momento crucial de nuestra historia. O nos dejamos de preocupar por estupideces, o de veras nos va a llevar el diablo. En lugar de pensar a quién nos chingamos y por qué lo encerramos, sería bueno sentarnos a observar la Gran Psicosis en la que habitamos, y decidir si es por ahí que queremos seguir como especie. En un mundo donde a los niños les da diabetes por tragar porquerías pero los que venden golosinas se gastan medio millón en hacer un comercial; donde los individuos miden su valía en función de lo que pueden gastar y consumir, ciegos ante la horripilante destrucción que implica, por más bolsas verdes que usen. Donde los países ricos explotan y agotan a los países pobres, y luego se quejan de los inmigrantes. Un mundo donde casarse entre gays es malo y pesar cuarenta y cinco kilos es deseable; donde niñas de catorce años se operan las tetas o las apedrean por adulterio. Donde se prohibe el condón pero se puede solapar por décadas a un violador de niños; donde se puede jugar X Box en línea con un alemán, un chino y un blega, mientras que el 50% (sí, el cincuenta por ciento) de los habitantes de la Tierra no han hecho ni recibido una sola llamada telefónica. Donde asesinar a otros seres humanos es “necesario” pero la marihuana es el demonio. Un mundo acomodaticio y borreguil en donde seguimos absurda, inconcebiblemente, aceptando con tranquilidad la guerra.

Sin tomar fusiles, a mí me gustaría un mundo de veras libre, inclusivo, respetuoso; donde las leyes sirvan para regular y no para prohibir, donde más gente tenga acceso a más cosas. A experimentar, a quererse, a parir o adoptar o a ninguna de las dos; a vivir, trabajar o estudiar en lo que quiera y donde quiera, a explorar con el cuerpo y con la mente, a viajar con el propio tiempo. Donde la tierra se cuide y se venere. Donde uno pueda hacer tonterías, equivocarse, ponerse al límite. Pero a partir de uno mismo. No de lo que los medios dicen. No de lo que los gobiernos permiten. Un mundo con menos razones y con más cabeza. Con más corazón.

Para terminar, cito a Pata Negra, con un estribillo que es de lo más sabio que he escuchado en la vida:

Todo lo que me gusta es ilegal, es inmoral o engorda.

Amén.

Ah. Y un par de links interesantes...

http://www.erowid.org/

http://www.youtube.com/watch?v=QrY9eHkXTa4


10 comentarios:

Anónimo dijo...

Anaì Lopez Presidente para el 2012!

bamboquiri dijo...

Aplausos!

Rafael dijo...

Como siempre, es un verdadero placer leer un texto bien escrito, bien pensado, con argumentos sólidos, y encima de todo, divertido (con todo y que algunos de los temas que tocas son más trágicos que cómicos).

Anónimo dijo...

Ya te extrañábamos.
Tus Flans.

Eduardo López. dijo...

Hija linda:
Te voy a decir aqui lo mismo que tú me escribiste hace ya casi cinco años: "Me da miedo que te sientas invencible".
Miedos aparte, me encantó el nuevo encabezado de tu Blog. Busqué a Julia Kristeva por internet y parece que te conociera cuando dice que: "Para estar viva tienes que estar en psicoanálisis, enamorada y escribiendo".
Ya sabes cuantisisisísimo te quiero.
Papá.

Anónimo dijo...

!!!Fuerza Cannabis!!! ¿Qué puede tener de malo un estado alterado de conciencia que en sus peores manifestaciones te muestra, a diferencia de otras drogas, no más que tus miedos primarios al nivel de la sensación, no de la percepción (la marihuana no es alucinógena) y que en su transitar caracteriza al mundo dotándolo de viveza y variedad? ¿Porqué será tan problemático que algunos gusten de nuevas aproximaciones con la realidad, en un modo relajado y reflexivo? ¿Qué tan mala sería un poco de euforia (otro de sus efectos) para tanta gente aburrida y triste? ¿Qué tan malo es que la comida sepa más rico, que las películas se conviertan en experiencia ya no THX sino THC? ¿Qué el sexo se dote de ternura y empatía? ¿le sigo?

Guillaume de Bassompierre dijo...

Que placer leerte! Super bien escrito, mas que nada. No voy a decir bien pensado porque cualquiera que lo piense se dara cuenta que es sentido comun...
Lo unico por lo que pecas, diria yo humildemente, es por falta de radicalismo.
Tu argumento se puede y se debe aplicar a TODAS las drogas ilegales, cuan daninas sean (heroina, cocaina, etc.). El dano que hacen es mayor por ser ilegales (matanzas, corrupcion, sin hablar de estados enteramente fallados por su culpa, e.g. Afghanistan y Myanmar, etc.) que por su eventual consumo (de nuevo, sin querer argumentar que no sean malos, ni querer empujar la gente a consumirla desenfrenadamente).
Querer librar la sociedad de los efectos nefastos de las drogas significa forzosamente impedir que se haga tanta pasta a cuesta de ellas. El resto, con un poco de responsabilidad y sensatez, se lograra.

Eduardo López. dijo...

Mi amor: Me puse a hacer cuentas y he apadrinado, hasta la fecha, a nivel de aula, a dos mil cuatrocientos sesenta y tres compañeros alcohólicos y/o drogadictos en condiciones detestables.
Raro es el que no empezó con la marihuana.
Claro que la personalidad de ellos y mía es adictiva; por eso caímos, pero en este momento la están consumiendo miles o millones de jovenes que no saben si su personalidad es adictiva o no. Lo tendrán que descubrir por si mismos pero ¡no los empujen!¡no hagan apologías de las substancias psicotrópicas! Ustedes, tú y quienes han hecho comentarios a este blog, los no adictos (supongo ... tal vez muy optimistamente)son muy afortunados pero no todos lo somos.
Soy partidario de la legalización de todas ellas pero no de su promoción.
Concuerdo en que la prohibición empeora las cosas pero estar en contra de la prohibición de las drogas no significa ensalzarlas.
Todas ellas son terribles cuando caen en el terreno propicio.
¿Cuántas adictas en potencia habrá entre tus miles de fans? ...de las cuales tienes una responsabilidad de qué dar cuenta ante la sociedad.
...Pero, al fin de cuentas, ya sabes que te adoro.
Papá

Anónimo dijo...

Hola, yo nunca me había animado a fumar mota, pero gracias a tu blog ya lo hice.

QiKhan dijo...

¡Gracias! Un delicia de leer. Ya necesitaba yo leer algo así, escrito con la voz de la razón, y hasta con estilo. Si los de los diálogos sordos se acercaran a leer... Ora que con el ánimo de compartir "el otro enfoque"... recién publicaron en otro blog unas razones por las cuales no conviene legalizar ahora. Me sonaron lógicas a la primer leida, pero mejor que cada quien lo lea.

http://vivirmexico.com/2011/08/razones-legalizar-drogas

¡Anaì Lopez Presidente para el 2012!